Balada nº 1 en Sol menor, Op. 23
Fryderyk Chopin (1810-1849) pianista y, sobre todo, compositor de gran importancia en la historia de la música, escribió casi toda su obra para el piano. A pesar de que era un virtuoso, no siguió el camino de otros artistas contemporáneos —como Liszt o Paganini— que realizaban frecuentes giras por toda Europa. Chopin dio conciertos al inicio de su carrera, pero después decidió dedicarse a la composición y prefirió tocar esporádicamente en ambientes selectos, en salones pequeños y con poco público.
Chopin, que había nacido en Polonia, vivió fuera de su país desde los veinte años hasta su prematura muerte. Sus obras, impregnadas con frecuencia de aires nacionalistas, recogen las danzas populares más características de su país natal (polonesas, mazurkas, etc.), aunque en otras ocasiones lo polaco se halla presente en forma más sutil.
La Balada era una forma fija del lirismo cortesano de finales de la Edad Media, que apareció en el Siglo XIV. Se trataba de un género puramente literario, aunque sus características poéticas le conferían cierta musicalidad: la Balada tenía la particularidad de repetir un estribillo al final de cada tres estrofas, sus versos eran octosílabos y la rima, cruzada.
En el siglo XVIII se produjo la recuperación de numerosas baladas populares. Así, por ejemplo, Johann Gottfried Herder recopiló una serie de ellas en una colección que fue publicada alrededor de 1778. Además, se escribieron nuevas baladas, como “Leonora”, de Bürger, “El rey de los elfos”, de Goethe o diversas obras de otros poetas, como Schiller, Heine y Chamisso, por mencionar sólo algunos
En el siglo XIX, Chopin compuso
cuatro obras para piano con este título, evidentemente inspiradas en el género
literario. Con ello, dio luz a un nuevo género: la Balada musical. En 1822 el
polaco Adam Mickiewicz publicó una serie de poemas con el título de “Baladas y
Romances”. Esta obra llegó a las manos de Chopin, quien escribiría en 1836 una
pieza para piano solo titulada “Balada sin palabras”. Después de esta primera
balada, Chopin compuso otras tres. Hasta mediados del siglo XX se pensaba que
las piezas de Chopin estaban basadas en otras tantas baladas de Mickiewicz. No
obstante, investigaciones musicológicas más recientes parecen apuntar hacia
algo distintinto.
Aunque anteriormente a Chopin ya se habían escrito algunas piezas musicales sin palabras inspiradas en un texto literario, la balada presentaba una problemática particular al ser empleada como modelo para una obra puramente musical. Según testimonio de Robert Schumann, el propio Chopin afirmaba que se había “inspirado en algunos poemas de Mickiewicz para escribir sus baladas”. Por ello se supuso que las obras de Chopin estaban relacionadas con los poemas de Mickiewicz, aunque existía cierta confusión al respecto. Por ejemplo, Liszt afirmaba que la Balada nº 3 se correspondía con “Los tres Budrys”. Sin embargo, la interpretación más aceptada era la que sostenía que el punto de partida para dicha balada era “Ondina”.
Desde mediados del siglo XX, la mayoría de los investigadores han rechazado la idea de que las Baladas de Chopin tuvieran su modelo en algún poema en particular. Al parecer, lo que hizo Chopin fue basar sus obras en un análisis de la balada como género, es decir, en las características comunes de las baladas, en general, y no en algunos poemas en particular. Uno de los elementos que empleó Chopin para conseguir una línea narrativa semejante a la de la balada literaria fue la construcción formal de las piezas musicales a partir de la transformación de los temas o sujetos iniciales, proceso que se analiza en un ejemplo particular para la Balada nº 3.
La Balada nº 3, Op. 47 fue compuesta en 1841. La obra comienza con la presentación del primer tema, una dulce melodía ascendente en la mano diestra. Más adelante aparece el segundo tema, de carácter distinto al primero, que, además, está en otra tonalidad. La música sigue en esta atmósfera y continúa con el desarrollo del segundo tema. Un poco más adelante se presenta un tercer tema (en la tonalidad del primero), que posee una serie de características que recuerdan al vals.
A continuación regresa el segundo tema, un poco variado y, en esta ocasión, escrito la tonalidad del primero. El segundo tema sólo se escucha en la mano diestra, mientras que en los graves existe una especie de movimiento agitado. Después ocurre algo insólito: tras escucharse una variación del segundo tema, la melodía se transforma súbitamente en el primero, también variado. Así, en este punto de la balada convergen ambos temas, que se mueven por tonalidades alejadas de las iniciales.
La intensidad de la música crece hasta que se regresa de nuevo al primer tema en su tonalidad inicial, aunque con una nueva sonoridad, mucho más plena. La música sigue creciendo en intensidad y se precipita hacia el final con el ascenso al primer plano del tercer tema, desde luego transformado, terminando la pieza en la forma más brillante.
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