miércoles, 20 de agosto de 2008

Publicado por jrtapia @ 18:00










Artur Rubinstein, piano
OrquestaSinfónica de Londres
André Previn, director

Grieg está considerado como un compositor nacionalista, pues su música refleja el folclore de Noruega. Sus primeros trabajos incluyen su “Sinfonía en do menor” y la “Sonata para piano en mi menor, Op. 7”. También escribió tres sonatas para violín y piano, y muchas pequeñas obras para piano solo —por este motivo a veces se le llama el Chopin del norte— , inspiradas en danzas y canciones populares noruegas, los fiordos y paisajes de su país y el dialecto Hadangar.

Entre sus obras más conocidas están el "Concierto para piano en La menor", la "Suite Holberg" (para orquesta de cuerdas, y diez volúmenes de "Piezas líricas" (para piano), y la música incidental para "Peer Gynt", obra teatral de Henrik Ibsen.

En el verano boreal de 1869, mientras Grieg se encontraba de paso en Bergen, su hija Alejandra enfermó de meninigitis y posteriormente falleció, cuando tenía apenas trece meses. Una vez que Edvard y su esposa Nina se pudieron sobreponer a la triste pérdida, viajaron a Roma. En la capital del Tíber conocieron a Franz Liszt, quien expresó su aprecio por el "Concierto para piano en La menor". En uno de sus primeros encuentros, Liszt estaba leyendo a primera vista el concierto cuando, como Grieg recordó más tarde:

"De pronto se puso de pie, se estiró cuan largo era, atravesó el gran salón del monasterio a zancadas, con paso teatral y el brazo levantado, y literalmente vociferó el tema. Al llegar a ese Sol natural en particular, estiró el brazo con gesto imperioso y exclamó: "¡Sol, Sol, no Sol sostenido! ¡Espléndido! ¡Eso es lo verdadero!" y luego, muy pianissimo y entre paréntesis: "El otro día escuché algo de este tipo de Smetana." Volvió al piano e interpretó el final completo otra vez. Finalmente dijo de un modo extraño y emocionado: "Siga adelante, le digo. Usted tiene lo que se necesita y no permita que le asusten". Esta opinión de Liszt fue un refrendo muy importante en su carrera. Así mismo, Liszt también escribió una carta en términos elogiosos a las autoridades musicales noruegas, lo que se tradujo en la concesión inmediata de una beca para Edvard Grieg.

El propio Grieg dirigió el estreno de su Concierto en Copenhague, en el otoño de 1869. El pianista fue Edmund Neupert. Después de la entrevista con Liszt y siguiendo sus consejos, Grieg continuaría revisando la obra, que dejó en su versión definitiva poco antes de su muerte, acaecida en 1907. Ésta última versión difiere notablemente de la original, publicada en 1872.

El Concierto se divide en tres movimientos:
I. Allegro molto moderato
II. Adagio
III. Allegro molto moderato

El Concierto de Grieg es comparado con frecuencia con el de Schumann, escrito en la misma tonalidad de la menor. En los dos primeros movimientos de ambos conciertos encontramos un pasaje de cuerdas introductorio para el solista, que desciende del registro alto al medio. En ambos, el tema principal es presentado luego por los vientos y repetido exactamente por el solista; naturalmente ambos tienen el segundo tema en el relativo
mayor, aunque Grieg no sigue a Schumann en el hecho de dar forma a los temas primero y segundo a partir de la misma idea básica. Quizá Grieg fue tan naturalmente melódico como para contentarse con un solo tema principal para todo el movimiento.

Ambas exposiciones concluyen con un animato, ambos desarrollos caen en dos secciones principales, en la primera de las cuales los solos de vientos de madera interpretan fragmentos del tema principal por encima de los arpegios del piano, en tanto el solista se destaca en la segunda...; en ambos la cadencia está seguida por una coda más veloz que el resto del movimiento, en el de Schumann en una nueva forma del tema básico, y en el de Grieg en un tema enteramente nuevo (que gradualmente revela su derivación del pasaje de cuerdas de la apertura). No hay parecido entre las ideas propiamente dichas; simplemente Grieg, en la etapa más alta de su desarrollo como compositor de la forma sonata, todavía experimentaba la necesidad de seguir un modelo formal.

Además de las melodías, la escritura exquisita para el piano contribuye a la belleza de esta música, particularmente en el movimiento lento. Grieg conocía bien su instrumento, había estudiado las obras para teclado de Chopin y de Schumann y solía componer sentado al piano. Así que pudo imbuir de sensible lirismo incluso a los pasajes más ornamentados y figurativos. Al escuchar las carrerillas y arpegios menos rimbombantes, tenemos la sensación de que cada nota importa y que no es sólo un gesto. Esto constituye un logro impresionante, raro entre los conciertos para piano románticos, que le ha asegurado a este concierto un sitio destacado y una gran popularidad.

Quizás incluso más que en las melodías y en las figuraciones del piano, el atractivo del concierto reside en sus armonías. Grieg tenía un maravilloso sentido de los acordes y de las progresiones, generosamente condimentados con disonancias. El más famoso, aunque no el más sutil, es el uso del séptimo grado menor de la escala (Sol natural) de los compases triunfantes del final, en La mayor. Fue este pasaje, más que ninguna otra cosa, lo que convenció a Liszt con respecto a la importancia del concierto.

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