La Misa en Si menor de Johann Sebastian Bach está catalogada como BWV 232. En el legado de C.P. Emanuel Bach aparece como «Gran Misa Católica». Según los investigadores, buena parte de sus veinticinco piezas son materiales del propio autor procedentes de obras anteriores.
La cronología de su composición no está muy clara, pero ciertos estudiosos proponen el año 1724 para la terminación del «Sanctus» como obra independiente, 1733 para la composición de la «Misa», que constaría del «Kyrie» y «Gloria», y hacia 1748 composición del «Symbolum Nicenum» (Credo); desde ese año continuó la ampliación de la obra con la escritura del «Sanctus», composición y escritura de los restantes movimientos desde «Hosanna» hasta el «Dona nobis pacem» y encuadernación conjunta de todas las partituras.
En los últimos años de su vida, Bach amplió los movimientos que había escrito hasta completar la misa.
En la lectura del testamento de Bach, el manuscrito original fue a parar a manos de C. P. Emanuel Bach y fue adquirido más tarde por Nägeli. La primera interpretación pública tuvo lugar en 1834/1835 por la Berliner Singakademie dirigida por Rundhagen; el primer proyecto de edición data de 1816 por parte del editor Wesley.
El «Agnus Dei» es el canto que acompaña la Fracción del Pan. Su texto va ligado al testimonio de Juan el Bautista “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn.1, 29-36).
El «Agnus Dei» es un aria de contralto con violín. Se trata de una de las páginas más conmovedoras de la Misa, y a la par ante la voz preferida del “Cantor de Santo Tomás”.
La voz solista expone en las dos primeras partes del Agnus la desdicha del “Inocente Cordero de Dios”, con una conmiseración sufriente y convincente. El efecto de “incertidumbre” y de suspensión de Cristo en la Cruz es patente y fehaciente, verdadera imagen del Cordero de Dios que, por su muerte, borra el pecado del mundo.
El dramatismo parece haber obtenido un poder importante en el compás 34 (3+4 = 7, sobre la idea de Dios hecho uno de nosotros, formando parte de la humanidad,) con el “calderón”, pero el punto cúspide está en el grito del compás 40 (véanse las pautas de los violines), lamento que encuentra eco, afinidad y coherencia, con los textos del salmo 22 (21) y el relato de la Pasión según Mateo (Mt. 27, 45-56), respectivamente.
Los diseños de las ligaduras en los violines, del propio Bach, de los compases 9, 12, 27, 29, 31 y 40, especialmente, impresionan por la emoción de sujeción y de entumecimiento que suscita la figura de Cristo clavado en la Cruz. Esa misma idea la encontramos en el coral “Dies sind die heil’gen zehn Gebot” BWV 678 de la “Tercera parte del Clavierübung”. Rememora y menciona la sumisión a la Ley Dios, a través de los Mandamientos. Es de impacto y angustia la cadencia rota del compás 43.
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