Dietrich Fischer-Dieskau, barítono Alfred Brendel, piano
El
antihéroe de "Winterreise" (Viaje de invierno) es un vagabundo
en la estación final de su vida, sin esperanzas por lograr
ningún cometido y rodeado de un paisaje invernal, reflejo
de su alma. Durante las canciones no hay ninguna referencia a
la situación social ni de lugar. Es una obra fantasmal
con un personaje central del que sólo sabemos que está
profundamente enamorado de una mujer que lo ha rechazado. Ni siquiera
sabemos la profesión de este fallido pretendiente pues
lo suyo es un viaje sin fin por un paisaje invernal y su voz,
la única que se escucha en la obra, sólo se levanta
para lamentarse. En este helado periplo ni siquiera se encuentra
con alguien: sólo es audible su monólogo interior
del que sobresalen las penurias y sus ganas de desvanecerse. Según
Karl Schuman “nunca antes hubo en una canción
un retrato tan inexorable y concentrado de la desesperación”.
Esta desesperación poética esconde, como ya hemos
dicho, cierta ironía, además de una crítica
política a los tiempos que se vivían entonces, donde
las conquistas democráticas y nacionalistas corrían
el peligro de perderse por la alianza antinapoleónica.
Entonces, el corazón destrozado del poeta guarda el corazón
de la época. El poeta trágico se entrega al dolor
más profundo que desvirtúa todas las explicaciones
optimistas de la existencia: el hombre no es dueño de su
destino, no es irreemplazable, sino está en manos de poderes
que actúan sin tomarlo en cuenta. Según Walter
Muschg en su Historia Trágica de la Literatura
“el secreto del arte trágico reside en que es una
afirmación, la más profunda del mundo, pues aún
encuentra una revelación en lo que aparentemente no tiene
sentido”.
Schubert realiza una tarea asombrosa con estos poemas. Cada nota
está llena de significación, nada está de
más sino que cada elemento musical es esencial para el
conjunto. Como señala Harry Golsdshcmitd “hay
un arte de la omisión como signo de la más alta
intensidad espiritual y la más alta emoción del
alma”
Existe una correlación profunda y exacta entre música
y letra, como pocas veces se ha visto en la historia. Sin embargo,
cada pieza es independiente de la otra. De allí que canciones
como El Tilo sean ampliamente conocidas más allá
de esta obra.
Walter Muschg señala que “en
las canciones de Schubert desaparece el contraste entre arte y
naturaleza. A este genio de la canción le bastaron algunos
amigos y un amor no correspondido para llevar la voz humana por
todas las cumbres de la felicidad y todas las simas del dolor.
Igual que en la canción popular y en todo el lenguaje de
la naturaleza, en su música confluyen y se confunden la
alegría y la tristeza. Su arte se mueve al borde del abismo
sin caer jamás en él. Si desapareciesen todos los
demás cantos, los suyos aún mostrarían los
sentimientos que encierra el alma human, y cuando también
ellos caigan en el olvido, ya no se tendrá ninguna idea
de la belleza que puede flotar sobre la profundidad de la tristeza
que la muerte evoca”
Es casi imposible sustraerse al encanto hipnótico del Viaje
de Invierno. Quizá nunca antes un artista realizó
un retrato tan fatal y abismado de la desesperación en
una obra musical. Aún en nuestros días, como si
fuésemos aquellos amigos para los cuales Schubert cantó
estos lieders por vez primera, el alma se nos sigue helando pues
estamos ante una de las cumbres del arte occidental de todos los
tiempos.
Texto en español:
EL ORGANILLERO
Allá arriba, detrás de la aldea,
Está un organillero,
Y con dedos ateridos
Toca lo que puede.
Descalzo sobre el hielo
Va y viene vacilante,
Y su pequeño plato
Permanece siempre vacío.
Nadie quiere oírle,
Nadie le mira,
Y los perros gruñen
Alrededor del viejo.
Y él deja ir
Todo como quiera,
Toca, y su organillo
Nunca está callado.
¡Extraño anciano!
¿Debo ir yo contigo?
¿Quieres tocar tu organillo
Para mis canciones?
Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid
Para visionar los vídeos de este blog se necesita MACROMEDIA FLASH PLAYER (Se puede descargar en ENLACES)