Giselle es un ballet en dos actos con música de Adolphe Adam, coreografía de Jules Perrot y Jean Coralli y libreto de Théophile Gautier y Jules-Henri Vernoy, basado en la obra De l'Allemagne (1835) de Heinrich Heine. Se estrenó en la Ópera de París el 28 de junio de 1841.
Giselle le debe su existencia al crítico de ballet Théophile Gautier, hecho inusual, pero es que Gautier era un hombre fuera de lo común. Ya había publicado libros de poemas y prosa antes de dedicarse a la crítica de danza y de teatro y fue su inspiración poética la responsable de la producción de este famoso ballet..
Gautier contribuyó, quizás más que cualquier otro, al crecimiento y definición ideal del ballet romántico francés en la primera mitad del siglo XIX. Embelesado por el arte y personalidad de la joven bailarina italiana Carlota Grisi, encontró una idea teatral adecuada para ella en una leyenda popular incluida por Heinrich Heine en su libro De l'Allemagne. Le escribió a su colega alemán expresándole que “releyendo su excelente libro De l'Allemagne, encontré un pasaje fascinante donde habla acerca de duendes vestidos de blanco, hadas de pies de raso dorado, Wilis blancas como la nieve que bailan sin piedad; de esas delicadas apariciones que ha encontrado usted bajo la luz de la luna o sobre las orillas del río en la noche neblinosa, e involuntariamente me he preguntado: ¿No haría esta un bello ballet?”
Heine había recogido una leyenda eslava sobre las Wilis, doncellas vestidas con traje de novia, flores en la cabeza, caras blancas como la nieve y muy bellas, que murieron antes del día de su boda y que no tendrían paz en sus tumbas pues no podrían satisfacer su pasión por danzar. Así, a la medianoche, surgían de sus sepulturas y envolvían a cualquier hombre que se les acercara y lo obligaban a bailar hasta morir.
El origen de la palabra Wili es una derivación del vocablo eslavo "Vila" que significa vampiro; el plural es "Vile" , probablemente es una forma teutónica de "vile", ya que la letra 'W' en alemán tiene sonido"v". Curiosamente, la primera ópera del gran compositor italiano Giacomo Puccini (1858-1924) Le Villi (1883), producida en Milán al año siguiente, está inspirada en la misma leyenda.
Gautier imaginó un ballet en dos actos, pidió ayuda experimentada al conocido libretista Jules Henri Vernoy, Marqués de Saint-Georges, que se interesó en el proyecto, siendo aceptado por Léan Píllet, director del Teatro de la Opera de París.
Nueve años antes, La Sylphide de Filippo Taglione, había marcado el inicio de la era romántica en el ballet, Giselle; perfeccionaría esta fórmula, pues el tema de un amor entre un hombre mortal y un ser fantástico, con la victoria del amor puro sobre la maldad, se volvía a repetir, pero con un contraste más marcado entre ambos actos, el uno realista, y otro con elementos sobrenaturales, muy valorados por el Romanticismo.
La idea de visiones de espíritus a la luz de la luna ya se había utilizado en la ópera de Meyerbeer (1791 - 1864) Roberto el Diablo (1831), en la que bailó María Taglione, considerada una de las mejores bailarinas de la época.
Muchos historiadores de la danza afirman que en esta ocasión se usaron por primera vez zapatillas de punta. En La Sylphide este tipo de calzado creaba una atmósfera especial y le daba a la protagonista la sensación de levedad que requiere el personaje. El uso de cables que atados a la espalda de, la bailarina la elevan por el escenario, se utiliza en las reposiciones actuales de La Sylphide, pero ya no en Giselle.
La música le fue encargada a Adolphe Adam, que tardó una semana en escribir una partitura íntimamente ligada a la sustancia ténico-coreográfica y a la esencia expresiva del ballet. Este compositor fue el primero en introducir el Leitmotiv en el ballet, es decir, una melodía que caracteriza a un determinado personaje o situación y que es empleada sistemáticamente para este fin, lo que se aprecia en la protagonista, por ejemplo, en la escena de la locura al recordar episodios pasados y en varios pasajes del segundo acto.
Además, en Giselle hay otra característica que la diferenció de las composiciones normales para el ballet de esa época: su absoluta originalidad, pues Adam no “tomó prestado” partes de otras partituras, como era la costumbre. Sin embargo, con el correr del tiempo, la música de Adam sufrió modificaciones, cortes y agregados. El Pas des Paysans del primer acto pertenece a Johann Burgmuller , autor de La Peri. El solo (variación) de la protagonista en el primer acto, la entrada de Myrtha y la variación de Albrecht, del segundo acto, son música de Minkus, y se cree que hay intervención de Pugni en otras modificaciones.
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