. Como solista, el propio Vivaldi
practicó con naturalidad esta forma de concierto, en épocas en que
todavía estaban en gestación otras estructuras musicales (sonata,
cuarteto, sinfonía). Espíritu audaz, improvisador intrépido, Vivaldi
dedicó todo su talento a experimentar combinaciones instrumentales
novedosas, estructuras rítmicas y armónicas nuevas, a destacar
instrumentos hasta el momento marginados (violoncello, fagot, flauta) y
que ocuparían un papel insustituible en las futuras formaciones
sinfónicas. De las prácticas eclesiásticas, heredó el gusto por el
diálogo contrapuntístico entre diferentes “coros” de instrumentos.
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