Carmelo Dávila Nieto
Este año se cumple el centenario
del nacimiento del director austríaco Herbert von Karajan, que falleció
el 16 de Julio de 1989 a la edad de 81 años. Con motivo de esta
efemérides se han publicado algunos artículos, no muchos, en periódicos
y en revistas especializadas en la denominada Música Clásica o Culta
para diferenciarla de la música gamberra o submúsica, que es la que
enloquece a la juventud actual, por desgracia, salvo escasísimas
excepciones. Varios resaltan elogiosamente su figura, pero unos
cuantos, afortunadamente no demasiados, la denostan totalmente, como
uno aparecido en El País, no recuerdo su autor ni la fecha pues lo
extravié, en el que le califica de mal director y de comerciante
discográfico -que si lo fue- y finaliza afirmando categóricamente "que
el mundo está mejor sin Herbert von Karajan. También el director
Heinz-Klaus Metzger en el capítulo titulado "Sobre la interpretación de
Beethoven", perteneciente al interesantísimo opúsculo "Beethoven. El
problema de la interpretación", escribe "La práctica interpretativa,
orientada hacia ideales análogos de comestibilidad universal, cuyo
exponente más destacado en la actualidad es Herbert von Karajan,
significa, a mi parecer, el fin de Beethoven". Considero estas
aseveraciones de excesivamente exageradas porque no creo que "el mundo
esté mejor sin Herbert von Karajan" -supongo que se referirá al mundo
musical, obviamente-, ni entiendo que quiere decir Heinz-Klaus Metzger
con lo que expone acerca de los "ideales análogos de comestibilidad
universal" ni que von Karajan haya sido el "exponente más destacado" de
tal "comestibilidad", ni acepto que"signifique el fin de
Beethoven"-afirmación catastrofista donde las haya- ya que la obra del
compositor de Bonn perdurará a través de los siglos presente y futuros
por su indiscutible genialidad, superando desafortunadas
interpretaciones de mediocres y malos ejecutantes. Si no se produjo la
extinción de Beethoven con el terrorista atentado perpetrado por
Richard Wagner cuando llegó a la intolerable osadía de corregir sin el
menor escrúpulo la Novena Sinfonía,"Coral", rectificando la parte del
tenor en el cuarto movimiento porque consideró que el genio de Bonn se
había ¡equivocado!- esto tampoco nos debe sorprender por cuanto el
autor de la Tetralogía fue una auténtica ave de rapiña ya que se
apoderó con total desfachatez de los descubrimientos musicales de
Ferenc Liszt-, ni con las horrendas versiones -aquí si es totalmente
válido el término- de Marsal Gols y Pedro Halffter, los posibles
errores de von Karajan poco pudieron influir en ese hipotético fin que
afirma Heinz-Klaus Metzger.
En mi opinión estos comentarios
subestimatorios del director salzburgués caen en la hipérbole
disminuitoria más grave, siendo totalmente injustos. Cierto que von
Karajan tuvo notorios defectos y que fue bastante mercantilista, un
"avis dólar", si se quiere, pero también tuvo innegables virtudes, como
director, y no me refiero a sus interpretaciones para el ,,disco ,que
es pura falsedad y truco, sino a las actuaciones en directo que
presencié. En efecto, durante los seis años consecutivos -1973 a 1978,
inclusives- de mi asistencia al Festival Internacional de Berlín -que
no está dedicado exclusivamente a Música sino a diversas
manifestaciones artísticas- tuve ocasión de verlo dirigir en cinco
conciertos al frente de "su" Orquesta Filarmónica de Berlín, una de las
máximas agrupaciones orquestales mundiales, en el magnífico auditorio
de la Philarmonie -conocido allí popularmente como "el circo de
Karajan"- que no tiene un absurdo ventanal acristalado como el
Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria que afecta
notablemente a la acústica del escenario, y que constituyeron para mí
memorables veladas en su mayoría y acontecimientos de la máxima calidad
interpretativa, entre los que destaco Pelleas y Melisande, de Arnold
Schönberg, la Misa Solemne, de Beethoven y el Réquiem Alemán, de
Johannes Brahms. Y tuve, debido a la disposición de las localidades del
auditorio, la gran fortuna de verle de frente, por lo que pude captar
perfectamente todos sus gestos y ademanes al mínimo detalle, sobre todo
sus expresivas manos que parecían "modelar" el sonido. Tenía la
peculiaridad de dirigir con los ojos cerrados, y este "ensimismamiento"
probablemente tenía su fundamento en el yoga, del que era
prácticamente, y así lograba la máxima concentración, la total
identificación con el carácter de las obras, especialmente las de
índole religiosa, en las que el maestro austríaco llevaba su misticismo
-a pesar de no ser creyente, según me comentaron- hasta el extremo de
impedir las ovaciones al final de la interpretación, abandonando junto
con los solistas y la orquesta el escenario en absoluto recogimiento, y
cortando con un enérgico ademán algunos tímidos aplausos. Algunos
comentaristas han calificado esta actitud de pura pose, de total
efectismo. No lo sé por lo que me reservo el derecho de discutirlo.
Se
le ha acusado por algunos sectores de la crítica de déspota y tirano,
principalmente con los profesores de las orquestas que dirigió,
incluida la "suya", y que su "ensimismamiento" era desprecio hacia
ellos ya que no quería mirarlos por considerarlos inferiores a él,
consecuente con su pasado nazi. No sé si esto es cierto, pero no me
resulta creible. Alfredo Kraus me contó que von Karajan se disgustó con
él porque después de haber cantado Don Giovanni en el Festival de
Salzburgo dos años consecutivos, no quiso firmar el contrato para el
siguiente, que se encontró inopinadamente en su camarín al finalizar la
última función de la ópera mozartiana. Karajan no comprendió -o no
quiso entender- que Kraus lo rechazó porque no quería reiterar en la
interpretación del mismo personaje -con el que no se sentía cómodo
escénicamente aunque sí vocalmente- y porque Agosto -mes en que se
celebra el famoso festival- lo destinaba a su descanso estival con su
familia, y se molestó hasta el extremo que se rompieron las relaciones
artísticas y personales entre ambos, a pesar de que el director estaba
entusiasmado y admirado con el arte interpretativo del tenor
grancanario. Este hecho es ilustrativo de el autoritarismo que se le
imputa, y que motivó duros enfrentamientos con varios profesores de la
Orquesta Filarmónica de Berlín, que culminaron con su dimisión
irrevocable; pero ello no fue óbice para que en festival berlinés de
Septiembre de 1989 la que había sido "su orquesta" le tributara un
emocionante homenaje, interpretando con el podio rectoral vacío el
Andante con moto, segundo movimiento de la denominada Sinfonía
Incompleta, de Schubert, con una prodigiosa precisión, porque hay que
resaltar que el director salzburgués durante los treinta y tres años de
ininterrumpida titularidad realizó una inmensa labor, y el brillante
sonido que la caracterizaba y la admirable respuesta que siempre dio
con otros directores son méritos indiscutibles suyos.
Por todo esto
rechazo esas críticas subestimatorias que le niegan toda categoría
interpretativa. Y ello no es aceptable porque, entre otras razones,
fueron los profesores de la Orquesta Filarmónica de Berlín los que le
eligieron por aclamación como su director en 1956; y no es creible en
modo alguno que designaran a una batuta tan mala, como se asevera.
También están los prestigiosísimos solistas que actuaron a sus órdenes,
cuya relación sería muy numerosa, pero por citar algunos de los más
conspicuos, el colosal violoncelista Mstislav Rostropovich y el
magnífico pianista Sviatoslav Richter. Alfredo Kraus quedó muy
complacido en lo musical de sus actuaciones con él.
Donde las
facultades rectorales e interpretativas de Herbert von Karajan
alcanzaban sus más elevadas cotas interpretativas era en los
repertorios románticos y postrománticos: Beethoven -no obstante esos
juicios contrarios expuestos al principio de este artículo, que si no
es óptimo si es plausible, pero do despreciable-, Brahms, Bruckner,
Schubert, Schumann, Liszt,, Ricardo Strauss, Mahler, Schönberg...No le
agradaba, salvo contadísimas excepciones, la "Música Contemporánea";
dirigía algunos compositores muy esporádicamente, y estaba en su
perfecto e indiscutible derecho si no le complacía. No era convincente
en Andel, Haydn, Mozart, y, obviamente en Bach -el máximo exponente de
barroco- por el uso de una orquesta muy numerosa que, según críticos
del máximo prestigio -y coincido con ellos porque lo comprobé
personalmente en la Gran Misa en Si menor, que oí en Berlín-
desvirtuaba la pureza de las obras; el se justificaba alegando que
estos compositores de haber conocido la gran orquesta actual habrían
compuesto para ella. Es una teoría muy personal que entra en el terreno
de las especulaciones, pero no comprobable evidentemente. En autores
tan "coloristas" como Debussy, Ravel y Stravinsky, entre otros, carecía
de fantasía, quizás condicionado por su carácter, por lo que sus
direcciones de las partituras de éstos, impecables en cuanto a la
forma, resultaban bastante rígidas en cuanto al fondo. A este respecto
recuerdo que su interpretación de La consagración de la Primavera no me
satisfizo ya que sonó excesivamente sinfónica y ampulosa y desprovista
de su esencia balletística y de su juego tímbrico característico. Y
como director operístico obtuvo notables éxitos con Wagner, Verdi y
Puccini, entre otros.
¿Fue Herbert von Karajan un mal director, un
fraude?. En mi opinión NO. Considero que su nombre merece figurar
justamente entre las destacadas batutas del siglo veinte, a pesar de
sus limitaciones referidas, inherentes a la humana condición. Quien
crea que está exento de ellas y se tenga por un superhombre
nietzscheniano comete un tremendo error del que tendrá que
arrepentirse, aunque le pese.
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