viernes, 22 de agosto de 2008

Carmelo Dávila Nieto

DIARIO EL INDEPENDIENTE DE CANARIAS

Este año se cumple el centenario del nacimiento del director austríaco Herbert von Karajan, que falleció el 16 de Julio de 1989 a la edad de 81 años. Con motivo de esta efemérides se han publicado algunos artículos, no muchos, en periódicos y en revistas especializadas en la denominada Música Clásica o Culta para diferenciarla de la música gamberra o submúsica, que es la que enloquece a la juventud actual, por desgracia, salvo escasísimas excepciones. Varios resaltan elogiosamente su figura, pero unos cuantos, afortunadamente no demasiados, la denostan totalmente, como uno aparecido en El País, no recuerdo su autor ni la fecha pues lo extravié, en el que le califica de mal director y de comerciante discográfico -que si lo fue- y finaliza afirmando categóricamente "que el mundo está mejor sin Herbert von Karajan. También el director Heinz-Klaus Metzger en el capítulo titulado "Sobre la interpretación de Beethoven", perteneciente al interesantísimo opúsculo "Beethoven. El problema de la interpretación", escribe "La práctica interpretativa, orientada hacia ideales análogos de comestibilidad universal, cuyo exponente más destacado en la actualidad es Herbert von Karajan, significa, a mi parecer, el fin de Beethoven". Considero estas aseveraciones de excesivamente exageradas porque no creo que "el mundo esté mejor sin Herbert von Karajan" -supongo que se referirá al mundo musical, obviamente-, ni entiendo que quiere decir Heinz-Klaus Metzger con lo que expone acerca de los "ideales análogos de comestibilidad universal" ni que von Karajan haya sido el "exponente más destacado" de tal "comestibilidad", ni acepto que"signifique el fin de Beethoven"-afirmación catastrofista donde las haya- ya que la obra del compositor de Bonn perdurará a través de los siglos presente y futuros por su indiscutible genialidad, superando desafortunadas interpretaciones de mediocres y malos ejecutantes. Si no se produjo la extinción de Beethoven con el terrorista atentado perpetrado por Richard Wagner cuando llegó a la intolerable osadía de corregir sin el menor escrúpulo la Novena Sinfonía,"Coral", rectificando la parte del tenor en el cuarto movimiento porque consideró que el genio de Bonn se había ¡equivocado!- esto tampoco nos debe sorprender por cuanto el autor de la Tetralogía fue una auténtica ave de rapiña ya que se apoderó con total desfachatez de los descubrimientos musicales de Ferenc Liszt-, ni con las horrendas versiones -aquí si es totalmente válido el término- de Marsal Gols y Pedro Halffter, los posibles errores de von Karajan poco pudieron influir en ese hipotético fin que afirma Heinz-Klaus Metzger.
En mi opinión estos comentarios subestimatorios del director salzburgués caen en la hipérbole disminuitoria más grave, siendo totalmente injustos. Cierto que von Karajan tuvo notorios defectos y que fue bastante mercantilista, un "avis dólar", si se quiere, pero también tuvo innegables virtudes, como director, y no me refiero a sus interpretaciones para el ,,disco ,que es pura falsedad y truco, sino a las actuaciones en directo que presencié. En efecto, durante los seis años consecutivos -1973 a 1978, inclusives- de mi asistencia al Festival Internacional de Berlín -que no está dedicado exclusivamente a Música sino a diversas manifestaciones artísticas- tuve ocasión de verlo dirigir en cinco conciertos al frente de "su" Orquesta Filarmónica de Berlín, una de las máximas agrupaciones orquestales mundiales, en el magnífico auditorio de la Philarmonie -conocido allí popularmente como "el circo de Karajan"- que no tiene un absurdo ventanal acristalado como el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria que afecta notablemente a la acústica del escenario, y que constituyeron para mí memorables veladas en su mayoría y acontecimientos de la máxima calidad interpretativa, entre los que destaco Pelleas y Melisande, de Arnold Schönberg, la Misa Solemne, de Beethoven y el Réquiem Alemán, de Johannes Brahms. Y tuve, debido a la disposición de las localidades del auditorio, la gran fortuna de verle de frente, por lo que pude captar perfectamente todos sus gestos y ademanes al mínimo detalle, sobre todo sus expresivas manos que parecían "modelar" el sonido. Tenía la peculiaridad de dirigir con los ojos cerrados, y este "ensimismamiento" probablemente tenía su fundamento en el yoga, del que era prácticamente, y así lograba la máxima concentración, la total identificación con el carácter de las obras, especialmente las de índole religiosa, en las que el maestro austríaco llevaba su misticismo -a pesar de no ser creyente, según me comentaron- hasta el extremo de impedir las ovaciones al final de la interpretación, abandonando junto con los solistas y la orquesta el escenario en absoluto recogimiento, y cortando con un enérgico ademán algunos tímidos aplausos. Algunos comentaristas han calificado esta actitud de pura pose, de total efectismo. No lo sé por lo que me reservo el derecho de discutirlo.
Se le ha acusado por algunos sectores de la crítica de déspota y tirano, principalmente con los profesores de las orquestas que dirigió, incluida la "suya", y que su "ensimismamiento" era desprecio hacia ellos ya que no quería mirarlos por considerarlos inferiores a él, consecuente con su pasado nazi. No sé si esto es cierto, pero no me resulta creible. Alfredo Kraus me contó que von Karajan se disgustó con él porque después de haber cantado Don Giovanni en el Festival de Salzburgo dos años consecutivos, no quiso firmar el contrato para el siguiente, que se encontró inopinadamente en su camarín al finalizar la última función de la ópera mozartiana. Karajan no comprendió -o no quiso entender- que Kraus lo rechazó porque no quería reiterar en la interpretación del mismo personaje -con el que no se sentía cómodo escénicamente aunque sí vocalmente- y porque Agosto -mes en que se celebra el famoso festival- lo destinaba a su descanso estival con su familia, y se molestó hasta el extremo que se rompieron las relaciones artísticas y personales entre ambos, a pesar de que el director estaba entusiasmado y admirado con el arte interpretativo del tenor grancanario. Este hecho es ilustrativo de el autoritarismo que se le imputa, y que motivó duros enfrentamientos con varios profesores de la Orquesta Filarmónica de Berlín, que culminaron con su dimisión irrevocable; pero ello no fue óbice para que en festival berlinés de Septiembre de 1989 la que había sido "su orquesta" le tributara un emocionante homenaje, interpretando con el podio rectoral vacío el Andante con moto, segundo movimiento de la denominada Sinfonía Incompleta, de Schubert, con una prodigiosa precisión, porque hay que resaltar que el director salzburgués durante los treinta y tres años de ininterrumpida titularidad realizó una inmensa labor, y el brillante sonido que la caracterizaba y la admirable respuesta que siempre dio con otros directores son méritos indiscutibles suyos.
Por todo esto rechazo esas críticas subestimatorias que le niegan toda categoría interpretativa. Y ello no es aceptable porque, entre otras razones, fueron los profesores de la Orquesta Filarmónica de Berlín los que le eligieron por aclamación como su director en 1956; y no es creible en modo alguno que designaran a una batuta tan mala, como se asevera. También están los prestigiosísimos solistas que actuaron a sus órdenes, cuya relación sería muy numerosa, pero por citar algunos de los más conspicuos, el colosal violoncelista Mstislav Rostropovich y el magnífico pianista Sviatoslav Richter. Alfredo Kraus quedó muy complacido en lo musical de sus actuaciones con él.
Donde las facultades rectorales e interpretativas de Herbert von Karajan alcanzaban sus más elevadas cotas interpretativas era en los repertorios románticos y postrománticos: Beethoven -no obstante esos juicios contrarios expuestos al principio de este artículo, que si no es óptimo si es plausible, pero do despreciable-, Brahms, Bruckner, Schubert, Schumann, Liszt,, Ricardo Strauss, Mahler, Schönberg...No le agradaba, salvo contadísimas excepciones, la "Música Contemporánea"; dirigía algunos compositores muy esporádicamente, y estaba en su perfecto e indiscutible derecho si no le complacía. No era convincente en Andel, Haydn, Mozart, y, obviamente en Bach -el máximo exponente de barroco- por el uso de una orquesta muy numerosa que, según críticos del máximo prestigio -y coincido con ellos porque lo comprobé personalmente en la Gran Misa en Si menor, que oí en Berlín- desvirtuaba la pureza de las obras; el se justificaba alegando que estos compositores de haber conocido la gran orquesta actual habrían compuesto para ella. Es una teoría muy personal que entra en el terreno de las especulaciones, pero no comprobable evidentemente. En autores tan "coloristas" como Debussy, Ravel y Stravinsky, entre otros, carecía de fantasía, quizás condicionado por su carácter, por lo que sus direcciones de las partituras de éstos, impecables en cuanto a la forma, resultaban bastante rígidas en cuanto al fondo. A este respecto recuerdo que su interpretación de La consagración de la Primavera no me satisfizo ya que sonó excesivamente sinfónica y ampulosa y desprovista de su esencia balletística y de su juego tímbrico característico. Y como director operístico obtuvo notables éxitos con Wagner, Verdi y Puccini, entre otros.
¿Fue Herbert von Karajan un mal director, un fraude?. En mi opinión NO. Considero que su nombre merece figurar justamente entre las destacadas batutas del siglo veinte, a pesar de sus limitaciones referidas, inherentes a la humana condición. Quien crea que está exento de ellas y se tenga por un superhombre nietzscheniano comete un tremendo error del que tendrá que arrepentirse, aunque le pese.


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