martes, 02 de septiembre de 2008
Eteri Gvazava, Soprano
Anna Larsson, Contralto
Orfeón Donostiarra
Orquesta del Festival de Lucerna
Claudio Abbado, director
La sinfonía nº 2 de Mahler nació como "Totenfeier" (Ritos fúnebres), un
poema sinfónico en un movimiento basado en el drama poético "Dziady"
del poeta polaco Adam Mickiewicz, que Mahler terminó en 1888. Cuando ya
comenzaba a adquirir prestigio como director de orquesta, presentó su
obra al entonces eminente director Hans von Bülow, que tuvo una
reacción sumamente desfavorable y la consideró antimusical. Muy
desanimado, no obstante continuó su obra y agregó tres movimientos más
a fines de 1893 - eran los cuatro primeros de la sinfonía que conocemos
-. Mahler dejó la obra por un tiempo, aunque era perfectamente
consciente de que necesitaba un final.
Hans von Bülow moriría en 1894, y en su funeral Mahler escuchó una
musicalización de la oda "Aufersteh'n" (Resurrección) del poeta alemán
Friedrich Gottlieb Klopstock. Aquello fue una revelación: decidió
terminar su obra con su propia musicalización de dicho poema, sobre
cuyo texto añadiría algunas modificaciones, como la frase que aparece
casi al final "moriré para vivir".
Mahler diseñó un programa narrativo para la obra que reveló a
varias de sus amistades. Sin embargo, no aprobó su difusión pública.
El primer movimiento de la sinfonía representa un funeral y
responde a preguntas tales como: "¿Hay vida después de la muerte?"; el
segundo es un recuerdo de tiempos felices de la vida que se apagó; el
tercero representa una completa pérdida de fe, y la consideración de la
vida como un sinsentido; el cuarto movimiento, "Urlicht", un lied del
propio Mahler, expresa el renacimiento de la fe ("Yo soy de Dios, y
retornaré a Dios"), y el quinto y último movimiento, después del
regreso de las dudas del tercero y las preguntas del primero, termina
con una realización del amor de Dios, y el reconocimiento de la vida
después de la muerte (la Resurrección).