miércoles, 10 de septiembre de 2008

Publicado por jrtapia @ 11:19


Kirsten Flagstad, soprano
 

Kirsten Målfrid Flagstad (Hamar, Noruega, 12 de julio de 1895 – Oslo, 7 de diciembre de 1962) está considerada como una de las mejores sopranos dramáticas wagnerianas del siglo XX. En escena resultaba muy expresiva y fue admirada por la pura belleza tonal de su voz y la consistencia de línea y tono. Aquí podemos admirarla precisamente en el célebre canto guerrero del Acto II de "La Walkyria", de Richard Wagner.

Para hablar de los inicios de la Flagstad es necesario pensar en el entorno musical de la Europa de entreguerras, inquieta y propicia al cambio y novedad. Noruega por nacimiento, estudió con su madre y debutó en 1913, a los 18 años de edad, con la opera verista "Tiefland" de d’Albert, sobre un texto del catalán Ángel Guimerà, "Terra Baixa". Durante los siguientes veinte años solamente apareció en los escenarios escandinavos, con un vasto repertorio de ópera y opereta. Al punto de retirarse en 1933, cantó un pequeño papel en Bayreuth. En 1934 cantó la Sieglinde, lo que le valió para ser llamada a una audición en Nueva York, donde hizo su début en 1935 cantando el mismo papel.

Durante su temporada inicial en Nueva York, cantó los papeles de Brünhilde y Kundry por primera vez en su vida, siendo considerada de inmediato como la mayor soprano wagneriana de la época. Desde ese momento, las compañías discográficas comenzaron a grabar su voz, a pesar de que las condiciones de “estudio” de aquel momento no eran favorables para una voz de inmensas características expansivas, que no hacían justicia de lo que ella realmente podía ofrecer.

Durante el ensayo de la Walkyria en el Metropolitan de Nueva York, el tenor quedó tan impresionado al escucharla que se perdió, a la vez que el director de orquesta sorprendido dejó caer la batuta. ”Es como una inmensa torre musical”, dijo un comentarista.

En 1936 y 1937 se presentó en el Carnegie Hall, pero al comienzo de la guerra consideró su deber regresar a su nativa patria que había sido invadida por Alemania y donde le esperaba su esposo. Al término de la guerra fue llamada nuevamente al Metropolitan, que se encontraba en precarias condiciones. Trabajó intensamente para restaurar el repertorio de Wagner, cantando los papeles de Isolda, Kundry, Sieglinde y Brünhilde. Fue entonces cuando inició realmente su triunfo absoluto dentro del ambiente operístico.

En 1951 a la edad de 54 años, se retiró de los escenarios, pero afortunadamente continuó grabando durante los años siguientes las grandes heroínas de las óperas de Wagner.

Aparte de papeles wagnerianos, Kirsten Flagstad interpretó personajes de óperas como “Dido y Aeneas” de Purcell, junto a Elizabeth Schwarzkopf. Se conserva esta grabación como un testimonio a la personificación que la Flagstad hace de la majestuosidad de Dido, la desdichada reina de Cartago. El 29 de septiembre de 1953 escribió al director del Mermaid’s Theatre de Londres mencionando sus intenciones de retirarse definitivamente: “Esta ha sido mi última representación de Dido y Aeneas y mi última interpretación de una ópera”.

La Flagstad registró su voz bajo las batutas de los más notables directores y las más renombradas orquestas; grabaciones que pueden ser consideradas como “clases objetivas” para las sopranos aspirantes a papeles dramáticos, “Hochdramatische”.

Sin duda, el “Tristan e Isolda” bajo la dirección de Wilhelm Furtwängler es uno de los legados discográficos que difícilmente podrá ser superado. La voz de la Flagstad tuvo siempre características de Mezzo, siendo ideal para papeles como Brünhilde o Kundry. Pero más tarde su voz se obscureció, lo que le hizo perder parte de sus registros más agudos. Es conocido el hecho de que en la grabación de estudio del Tristan und Isolde, no pudiendo dar un Do agudo, Elizabeth Schwarzkopf accedió a interpolar los registros que le hacían falta.

Kirsten Flagstad fue gran interprete de “Lieder”: Brahms y Schubert, y los ciclos de Mahler; “Kindertotenlieder” y “Las Canciones del Camarada errante” imprimiéndoles siempre sus características vocales inconfundibles.

Para mejor poder valorar lo que significa una cantante de su calidad es necesario pensar en la obra de Wagner, concretamente en el “Anillo del Nibelungo”, la célebre Tetralogía formada por cuatro óperas: El Oro del Rhin, Sigfrido, la Walkyria y el Ocaso de los Dioses. Wagner tejió su estructura musical sobre la base de temas que se repiten a lo largo del ciclo. Estos temas o “Leitmotiv” están asociados con los caracteres, propósitos e ideas de los personajes que aparecen en la música, cuando sale o entra en escena el héroe correspondiente, o cuando se hace referencia a él. El conjunto de temas o “células” puede llegar a formar texturas casi sinfónicas que dan sentido y cohesión a toda la obra, a diferencia del “Bel Canto” en donde la orquesta sirve en ocasiones como simple acompañamiento a la voz cantante, para su mayor lucimiento

En la ópera wagneriana la voz del cantante forma parte de la estructura musical, sujetándose a las instrucciones del director, como si fuese un instrumento más de la orquesta. En adición a las características vocales del cantante, éste debe poseer una gran capacidad vocal y una enorme resistencia física, como es el caso de Kirsten Flgastad, que en el final del Ocaso de los Dioses, una ópera de casi cuatro horas de duración, se le escuchaba en la plenitud de sus facultades, a pesar de sus más de sesenta años de edad.

En el Anillo o en el Tristán, la cantante se complementa con grandes conjuntos orquestales, más podría pensarse que la Flagstad, con más de cincuenta años de edad, requiriese de un acompañamiento orquestal para lograr algunos colores, también para ocultar algunas limitaciones. Basta escuchar sus “Wesendonck Lieder”, o la muerte de amor de Isolda, grabadas en 1948, cuando tenía 53 años de edad. Durante muchos años se menospreció esta versión de los Wesendonck Lieder acompañados solamente por un piano. Por el contrario, se trata de una increíble muestra de veracidad, que deja al desnudo la consistencia, la plasticidad de una voz que parece de apenas treinta años, mostrando a plena luz lo que el teatro esconde un poco, la dicción impecable, la sensibilidad de las palabras conductoras de sutilezas exquisitas. Detrás de la gran sacerdotisa, está la poetisa, que no es de menor talla.

A lo largo de su carrera, la Flagstad interpretó más de setenta personajes, pero fue con las óperas de Wagner con las que alcanzó sus mayores triunfos. No era una diva típica: Era muy prudente, retraída, tímida e introspectiva, pues en realidad nada deseaba más que dedicarse a su hogar. Durante los intermedios, sentada en su camerino, se dedicaba a hacer crochet o tejer.

Su despedida de los escenarios, que tuvo lugar en el Carnegie Hall de Nueva York en 1955, fue grabada como último legado de la gran soprano al mundo de la ópera. En dicha grabación es posible percibir la carga emocional de la artista y del público que sin remedio se dicen adiós.

Kirten Flagstad se consagró como una de las más grandes cantantes que haya conocido el siglo veinte. Como dijo uno de sus críticos: “No ha existido otra Brünhilde que desde su nacimiento haya sido una verdadera Walkyria”.

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