jueves, 11 de septiembre de 2008

Mario Alonso
DIARIO CANARIAS 7/Las Palmas de Gran Canaria

Nació en la Alameda de Colón (24/12/1942), muy cerca del Teatro Pérez Galdós, espacio escénico que ahora dirige tras una larga trayectoria profesional como gestor cultural. Sus cinco años en la gerencia del Teatro Real parecen suficiente aval para esta empresa.

—Después de una dilatada trayectoria ha terminado donde empezó, en su ciudad natal, ¿qué supone para usted?

—Me parece estupendo, aquí fue donde nací también a la gestión artística y estar en un teatro que conocí desde pequeño es gratificante, es un reto.

—¿Ha tenido tiempo de hacerse una composición de lugar, de comprobar los compromisos que adquirió el anterior director y el estado en el que hereda el puesto?

—No mucho, la verdad. Aún tengo que analizar en profundidad todo para tener en una semana conciencia de dónde estamos y de las necesidades del teatro.

—¿Y de lo que ya está cerrado?

—Sí, pero hay una realidad oficial y otra serie de posibilidades, algunas cerradas, otras no, algunas asumibles y otras que tendremos que estudiar, mirar con mis colaboradores.

—¿Qué opinión le merece la temporada que comienza?

—Me parece muy interesante, armónica, reflejo de lo que hay que hacer, una conjunción de lo que programa el propio teatro y de lo que hacen otras instituciones, también gestores de la ciudad como Amigos de la Ópera, la Sociedad Filarmónica, la Zarzuela, que tienen una trayectoria reputada y con experiencia. Todo tiene que redundar en intentar dar el número máximo posible de días al año de apertura del teatro en beneficio del ciudadano, al que nos debemos.

—Cita colectivos que se habían sentido expulsados de su casa...

—Ellos saben que cuentan conmigo y con todo mi apoyo, pero también vamos a ser exigentes para mejorar de manera conjunta en favor de nuestra clientela, pero no pondré trabas ni traspiés.

—¿Le satisface la línea que llevaba el teatro hasta la fecha?

—En líneas generales, sí. Pero desde el Patronato me han pedido más atención al teatro de prosa y lo vamos a estudiar. Hay que recuperar una tradición del propio teatro, algo que ha venido satisfaciendo el Cuyás, pero el Pérez Galdós también tiene su responsabilidad en eso, Las Palmas de Gran Canaria es una buena plaza teatral, así que hay que atender ese público. En ese aspecto tenemos que estudiar la acústica, no es lo mismo la frecuencia de respuesta a la música que a la palabra.

—Era una de las críticas que había recibido el teatro, se le había quitado la palabra...

—Pues vamos a devolvérsela.

—Antes mencionaba el Teatro Cuyás, tendrá que coordinarse con este espacio para no incurrir en algo que se ha repetido en estos últimos años, la contraprogramación entre instituciones.

—Mi intención es llamar a mis colegas del Auditorio Alfredo Kraus y del Cuyás y actuar de manera coordinada, sin recelos ni distanciamiento, evitando duplicidades y redundancias, programar de manera civilizada.

—Supongo que querrá dejar su impronta en el Pérez Galdós. ¿En qué se va a notar?

—Primero que nada, seguir perfeccionando la gestión interna y de organización del teatro para que el que venga a trabajar se encuentre un espacio en condiciones, un edificio que funcione racionalmente. En cuanto a la programación, mis preferencias personales se van a quedar en un segundo plano. Tengo que presentar al público una oferta amplia dentro de las posibilidades económicas y físicas del teatro y dentro de lo que es el entorno geográfico, histórico y social en el que nos movemos. Estamos en una etapa de expansión del teatro, y aunque tiene 80 años de vida física, como teatro de producción propia tiene poca vida, así que tenemos que generar público, acercar al ciudadano en general y al sector joven específicamente. Por eso buscaremos espectáculos con talento, prefiero la innovación a la rutina.

—Lo programado hasta la fecha no invitaba precisamente a ampliar ese espectro de público, más bien alimentaba el absentismo generalizado y favorecía a un público elitista, con mucho poder adquisitivo y gustos minoritarios. Pasó con El anillo de Wagner...

—Pero Wagner no es elitista. El elitismo intelectual siempre existirá y tenemos que aspirar a que la gente adquiera mayor nivel cultural.

—Me refería al económico, se programan obras de un enorme coste con dinero público (el 90% del presupuesto del teatro llega de la subvención) para disfrute de unos pocos. Los espectáculos son caros y encima no se rentabilizan porque el teatro no se llena...

—La entrada del Anillo no estaba a la altura de la producción, estaba muy por debajo...

—Pero seguía siendo un lujo para mucha gente que sí paga impuestos con los que se sufragan esas producciones...

—Es cierto, no se puede consentir que por un determinado número de euros exista una discriminación económica y haya alguien que no pueda disfrutar del Anillo, que tiene un mensaje musical y literario que debería conocer todo el mundo. Ahí es donde tenemos que trabajar, sin gravar las arcas públicas, que el acceso a la cultura sea en igualdad de oportunidades. Es algo que no dejaré de pregonar.

—Durante su etapa en el Real le acusaron de elitista cuando declaró que, en Madrid, una persona no era nadie si no tenía un abono del Teatro Real. Llegó incluso a comparecer en el Senado a petición del PSOE.

—Guardo esa comparecencia con melancolía, me dieron ganas de quedarme como senador. No era exactamente así, no hablaba de elitismo, sino de lo orgullosa que se sentía la gente de ser abonado del Real.

—Usted defiende que los espacios públicos tengan presupuestos cuya aportación sea privada e institucional al 50 por ciento.

—Estadísticamente, cuando un teatro de esta naturaleza supera más del 50% de su presupuesto con la taquilla, ya es un éxito apabullante.

—¿Cómo va encontrar el equilibrio en un espacio que vive casi en exclusiva de la subvención?

—De 7,5 millones de euros de presupuesto, 6 millones es dinero público. Así que tenemos que mejorar los ingresos por taquilla, buscar espectáculos más comerciales sin renunciar a la calidad. Tenemos que adquirir prestigio de cara al público para que se fíe de nosotros aunque lo que se programe sea desconocido. Y también a las empresas.

—Jerónimo Saavedra quiere una orquesta residente para el teatro.

—Es una ambición, pero depende de los medios económicos y humanos suficientes. No hay que rechazar la posibilidad, pero sí estudiarla con calma. También se puede impulsar una orquesta asociada al teatro, porque hay que huir de nóminas y asientos permanentes.

—¿Pretende extrapolar la experiencia que tuvo en el Teatro Real con la Sinfónica de Madrid?

—Era una orquesta adscrita al teatro pero en contratación libre, es decir, el buen rendimiento garantiza una larga relación entre las dos instituciones, es la fórmula del futuro.


Publicado por jrtapia @ 18:00  | Se dice, se comenta
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios