Vladimir Horowitz, piano
Orquesta Filarmónica de Los Ángeles
Carlo Maria Giulini, director
Mozart escribió una enorme cantidad de música en su corta vida. De hecho, escribió más que muchos compositores que vivieron el doble que él. Compuso más de seiscientas obras, equivalentes a unas doscientas horas de música. Algunas de estas obras duran menos de un minuto, mientras que otras superan las tres horas.
Mozart compuso todos los tipos de música que había en su época: sinfonías, óperas, conciertos, sonatas, serenatas, divertimentos, misas...
Se suele hablar de Mozart como del compositor más universal. Esto significa que gente de todas las edades, en todas partes, puede gozar su música. Aunque uno no sepa nada de música, es posible disfrutarla al escucharla por primera vez. Tiene esa combinación mágica de ligereza, alegría, elegancia y movimiento rítmico. Mozart llega a todos nosotros, haciendo que nuestros corazones y mentes sientan cosas de una manera que no es posible con palabras o imágenes.
El efecto mágico que tiene la música de Mozart sobre nosotros no ha disminuido dos siglos después de su muerte. Para poder disfrutar y entender mejor la música de Mozart se recomienda escuchar su obra para piano, en especial sus conciertos para este instrumento que son 27. El primero lo escribió a edad de once años, el último fue compuesto algo menos de un año antes de su muerte.
Los conciertos para piano y orquesta son la estampa de su vida. En ellos se aprecia muy claramente el desarrollo del genio, del músico, del artista, del hombre. Desde la brillantez deslumbrante del niño prodigio y maravilloso, se va forjando la madurez de la energía y la pasión.
El 2 de marzo de 1786 Mozart estrenó su Concierto nº 23 en La mayor, K 488. Mozart lo guardó para él y para un privilegiado círculo de conocedores y amantes de la música. Fue un trabajo dedicado a su alma, como tantos otros, pero restringido a la intimidad. Sin ánimo de lucro, aunque sus finanzas lo requirieran.
Los tres tiempos de este concierto son:
I. Allegro
II. Adagio
III. Allegro assai
En el Adagio se puede admirar la esencia de la música mozartiana, de una grandeza que conmueve y que no tiene parangón.