Glenn Gould, piano
Wagner tuvo la idea de componer Los maestros cantores de Núremberg
ya en 1845, cuando se encontraba en Marienbad. Entre tanto ocurrieron
muchas otras cosas: Lohengrin, una buena parte de El anillo del
Nibelungo, Tristán e Isolda. A pesar de todo, Wagner ya menciona su
plan cuando en 1851 publica en Zúrich, Eine Mitteilung an meine
Freunde...
De esta ciudad procede
también la visión del campo donde se celebra la fiesta: en la fiesta
popular denominada Sechseláuten, la entrada de los gremios tiene un
papel importante. Wagner la convirtió en el eje de la última escena.
Luego hubo un largo paréntesis de silencio hasta 1861. En el mes de
diciembre de este año y en enero del año siguiente redactó el texto. La
composición la realizó en diferentes lugares y le ocupó varios años: en
Biebrich am Rhein, en Viena, en Lucerna.
La última página de
la partitura tiene la anotación: «Fin de los maestros cantores.
Tribschen, 24 de octubre de 1867 a las 8 de la noche. R. W.». En los
más de veinte años transcurridos, la obra sufrió varias
transformaciones en la mente del compositor. (Entre otras, una citada a
menudo, aunque poco importante en sí: la figura del ridículo «marcador»
no llevaba al principio el nombre neutral de Beckmesser, sino que, con
clara alusión al «archienemigo», el importante crítico vienes Hanslick,
se llamaba «Hans Lick» o «Hanslich».)
El estreno tuvo lugar en
el Hoftheater de Munich, por orden del rey Luis II, el 21 de junio de
1868, bajo la dirección de Hans von Bülow. El teatro ofrendó a Wagner
la más grande ovación de su vida. Las críticas, ignorantes y hostiles,
no impidieron sin embargo la difusión de la obra: en 1869 se representó
en Dresde, Karlsruhe, Dessau, Mannheim y Weimar; y en 1870, en
Hannover, Viena y Berlín (donde cosechó algunos silbidos). En pocos
años, Los maestros cantores de Núremberg conquistó los escenarios de
Praga, Riga, Copenhague, Rotterdam, Amsterdam, Londres (en inglés) y
Budapest (en húngaro). Llegó a París, la ciudad más antiwagneriana de
la época, en 1897, aunque ya se había representado en francés en Lyón y
Bruselas (1885). Antes de fin de siglo pudo oírse en Italia, en
Norteamérica y en Sudamérica (en esta última en italiano).