jueves, 18 de septiembre de 2008

Publicado por jrtapia @ 18:00




Bien sabido es que la flauta nunca fue uno de los instrumentos predilectos de Mozart, es más, ocurría todo lo contrario: la detestaba, según lo confirma alguna de las cartas escritas a su padre. De ahí que las obras que Mozart compuso para dicho instrumento fueran el resultado de encargos más que de su propia voluntad. Sin embargo, el escaso gusto que Mozart tenía por la flauta no resulta tan evidente en su música para dicho instrumento, más bien, la música parece decir lo contrario. Probablemente este aborrecimiento se intensificó por el hecho de haber recibido el compositor demasiados encargos de música para flauta en el corto lapso de tiempo transcurrido entre el invierno de 1777 y la primavera de 1778. Precisamente, a finales del mes de marzo de ese año Mozart viajó a París con su padre, el hábil músico-empresario Leopold Mozart, y entre los encargos que se le hicieron estaba el del duque de Guisnes de componer un concierto para flauta y arpa para ser interpretado por él, un buen flautista aficionado, y su hija, una excelente arpista, de acuerdo a las crónicas de la época. Se trata prácticamente de una «composición de salón» llena de encanto en la que Mozart demuestra su asimilación de las costumbres y los gustos de la sociedad de un país extranjero. Aunque no es una de las obras maestras de Mozart, el Concierto para flauta y arpa se ha convertido en una página bastante popular.

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