Orquesta Sinfónica de la NHK
Charles Dutoit, director
En 1893, cuando presentó la Sinfonía Patética, Chaikovski
tenía cincuenta y tres años. Aunque no era una edad muy avanzada, ni siquiera
para la época, el compositor estaba muy envejecido, según sus biógrafos. Su
existencia había estado dominada por frecuentes periodos depresivos y
por una hipersensibilidad extrema que lo hacía sumamente vulnerable a
las contrariedades. De familia acomodada, había sido un chiquillo
inteligente, bien dotado para la música, pero tan delicado que lo
calificaban como un «niño de porcelana». Como suele suceder con estas
personalidades, se sentía muy vinculado a su madre y la muerte de ésta,
a causa del cólera, cuando él tenía catorce años, fue un golpe
durísimo. Se ha querido ver en el trauma producido por esta pérdida el
origen de los desequilibrios psicológicos del compositor, agravados,
probablemente, por la no aceptación de su tendencia homosexual. Quien desconociendo su biografía escucha su música, por lo general
fácil, comunicativa y brillante, no suele percatarse de que es fruto de
una personalidad tan atormentada. Chaikovski fue un permanente
inadaptado que ni siquiera en los escasos periodos estables de su
vida parece haberse sentido conforme consigo mismo. No experimentó el
menor entusiasmo por los estudios de Derecho, que llego a finalizar,
ni con el confortable puesto de funcionario del Ministerio de Justicia,
que alcanzó muy pronto, y que abandonó para dedicarse a la música.
Pero tampoco parece haberse encontrado satisfecho con su actividad
docente en el Conservatorio de San Petersburgo y, ni siquiera, con su
propia producción musical, sin duda porque sus aspiraciones eran
desmesuradas y demasiado inconcretas. Aunque siempre se manifestó
deseoso de encontrar la serenidad a través del amor, sus relaciones con
las mujeres fueron tempestuosas. Se enamoró en 1869 de una soprano
belga, Desirée Artot, que se casó con otro hombre. Más tarde cedió a
las presiones de una joven, Antonia Miliukova, también bastante
desequilibrada, y se casó con ella, en 1877. El matrimonio no llegó a
consumarse y se separaron a las pocas semanas, tras una crisis nerviosa
del compositor, quien intentaría suicidarse. El periodo más fecundo y,
relativamente plácido, de la vida de Chaikovski se produjo entre 1880 y
1890, bajo el patrocinio económico de Nadezhda von Meck, una acaudalada
viuda, doce años mayor que él, con la que mantuvo una relación
epistolar, sin llegar jamás a verla. La ruptura con su protectora y
amiga, lo sumió de nuevo en la depresión, aunque no interrumpió su
actividad creadora, puesto que en la década de los noventa escribió la
Quinta Sinfonía, los deliciosos ballets El CascanuecesLa bella
durmiente, y la Sexta Sinfonía, su verdadero testamento musical, a la que su
hermano dio el sobrenombre de "Patética".
Desde mucho tiempo atrás había manifestado Chaikovski su sensación
de estar acabado, pero a partir de 1890, esta idea se hizo más
punzante. En 1892 concibió una nueva sinfonía, cuya composición, en los
años siguientes, le hizo derramar muchas lágrimas, según confesaba. Era
su «obra más sincera» y no acabaría con el habitual allegro, sino con
un lento y triste adagio. Preveía que la obra no sería bien
aceptada y, en una de sus últimas cartas, afirmaba que la música estaba
impregnada de un sentimiento que hacía pensar en un réquiem. Fuera o no
un presentimiento, el músico murió nueve días después de ser estrenada,
sin demasiado éxito. Según la versión habitualmente aceptada falleció a
causa del cólera, pero hay quien afirma que, al descubrirse sus
relaciones homosexuales con un joven de la aristocracia zarista, sus
compañeros de estudios le formaron un tribunal de honor y lo obligaron
a suicidarse.
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