Cuando se habla de Impresionismo musical vienen a la cabeza compositores como Ravel, Debussy, Albéniz o Satie.
En sus obras, los citados artistas trataban de reproducir sensaciones y momentos
concretos mediante los
timbres de los instrumentos y las características de sus melodías, así como los cuadros de Pisarro o Manet
tratan de captar un instante concreto de la realidad. Los impresionistas también eran en cierta forma simbolistas, ya que esa finalidad descriptiva era
buscada por medio de figuras o “leitmotivs” melódicos; pero esta distinción nos llevaría hacia otros fines de los pretendidos en este artículo.
Como ejemplo de lo que eran capaces de sugerir estos compositores se puede analizar la suite de “Ma
mère l'oye” (Mi madre la oca), obra de Maurice Ravel que trata de recrear distintos
personajes de los cuentos infantiles; en el caso del cuarto tiempo, se trata de la
historia de la Bella y la Bestia (Les Entretiens de la Belle et de la Bête)
. El movimiento arranca con el suave sonido del clarinete y la base de
cuerdas y vientos que representa a la Bella, como si se estuviese
dirigiendo al castillo de la Bestia. Pero en 1:06 irrumpe el contrafagot sobre pizzicatos
disonantes de la cuerda, representando así la rudeza y fealdad de la Bestia: mientras
la armonía del tema que representaba a la Bella era suave y delicada, ahora es áspera y tiene un aire de intriga. A continuación la flauta, el oboe y el clarinete retoman el personaje de Bella
utilizando para ello algunas partes del tema expuesto al inicio.
Desde 2:00 hasta 2:12 se acumula una gran tensión, una incertidumbre, simbolizando el dolor agonizante de la Bestia por el abandono de su amada. Al resolverse la tensión, se entrelazan los dos temas anteriores, recordando el intento por parte de Bella de redimir a la Bestia. La tensión va a volver a presentarse en 3:00, pero esta vez la resolución va a ser más positiva: por medio de un glissando del arpa, se describe la transformación de la Bestia en un bello Príncipe, simbolizado por los armónicos del violín solista. Al final del movimiento, las disonancias van a recordar la antigua naturaleza del Príncipe, pero finalmente el acorde perfecto mayor va a transmitir la seguridad de que la Bella y la Bestia han alcanzado su felicidad.