martes, 21 de octubre de 2008






Orquesta Filarmónica de San Petersburgo
Evgeni Mravinski, director


Piotr Ilich Chaikovski vivió entre 1840 y 1893 una vida muy agitada que apenas sobrepasó los cincuenta años, ello sumado a la hipótesis del suicidio. El hecho de haber bebido agua sin hervir, en medio del riesgo del cólera, da razón a tal hipótesis que, por otra parte, se inscribe en las circunstancias dramáticas de su existencia.

Chaikovski fue acusado con frecuencia de germanismo y de no estar atento a las melodías y danzas folclóricas de su patria. Si bien es cierto que su nacionalismo no tuvo el carácter sistemático de Rimski, Borodin y Musorgski, es preciso matizar esa diferencia.

El carácter nacional está presente en sus obras, como ocurre en el movimiento lento de su primer cuarteto de cuerdas o en el final de su Cuarta Sinfonía. En ambos casos se sirve de temas inequívocamente rusos.

Puede agregarse que el espíritu dramático adopta en él un tono de melancolía que es fácil asociar al perfil de la sensibilidad rusa. Un ámbito en el cual se encuentran Chejov y Turgueniev para referirnos al campo de las letras. Su línea melódica elige generalmente ese sendero. Aunque en alguna de sus obras el motivo inspirador provenga de Dante, Byron o Shakespeare, el velo de la melancolía tiñe de modo muy significativo el carácter de su música.

La hermosa obertura-fantasía Romeo y Julieta evoca el drama del bardo inglés tal como Francesca da Rimini se inspira en el poeta italiano. En ambos casos la expresividad de su música se calca sobre la trama literaria con plasticidad muy feliz, la misma con la cual traduce a Byron en su sinfonía Manfredo.

Su interés como músico elegía personajes y situaciones dramáticas, conflictivas, afligidas por la pasión intensa, aquellas que podían acercarse a su propia visión de sí mismo y de su propia vida. Chaikovski puede definirse como un romántico tardío, de allí el interés que puso en componer con un trasfondo dramático, literario generalmente, alejado de la abstracción formal. Sus obras revelan siempre esta necesidad de asociarse a una trama anecdótica, sustancia dramática que subyace el discurso musical, al margen de la manera con la cual cumplía con las normas de la composición.

Por esta razón pudo escribir música destinada al ballet con acierto y gracia que ha hecho de Cascanueces, La bella durmiente y El lago de los cisnes obras que no abandonan el repertorio de los grandes de la danza.

En cuanto a la obra que nos ocupa, está basada en la historia de Paolo y Francesca da Rimini, asesinados por Malatesta, su malvado esposo, al descubrir su infidelidad. Dante dio forma a la historia en su Divina Comedia, disponiendo a los amantes en el círculo del infierno más cercano al purgatorio, condenados al dolor eterno. "No hay mayor dolor que recordar el tiempo feliz en la miseria", es la frase que exclaman los desdichados.

Chaikovski, con su gran instinto dramático, nos brinda una música maravillosa, amenazadora, lírica, apasionada... Una de sus mejores obras.


Publicado por jrtapia @ 8:00  | La orquesta
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