Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid
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Sarasate responde plenamente al paradigma decimonónico del
virtuoso: el instrumentista divo y protagonista, deslumbrante en la
técnica y el encanto de sus interpretaciones, con una pléyade de
admiradores fervorosos y algunos detractores enconados que también le
ayudan a cobrar relieve, pero despreocupado en general por la fidelidad
al compositor y por el interés estrictamente musical del repertorio.
Como compositor posee un catálogo de más de cincuenta títulos, donde abundan las
páginas breves con raíz folclórica y las fantasías sobre óperas
célebres, tan al uso en aquellos años. Las características que iluminan
toda su producción son el melodismo de salón y el virtuosismo
instrumental despojado del cualquier componente especulativo en lo
armónico, en lo constructivo o en lo formal: simplicidad en la forma e
intrascendencia en los contenidos, eso sí, todo ello resuelto con
oficio y encanto realmente incomparables.
El rápido éxito que obtuvo como ejecuntante le hizo abandonar sus
estudios de armonía y composición.Viajó por toda Europa dando
conciertos. También fueron frecuentes sus desplazamientos a América del
Norte y Sudamérica. Según la prensa de la época, sus conciertos y
recitales fueron memorables. Fue poseedor de dos violines Stradivarius,
uno regalado por la reina Isabel II, adquirido a Jean
Baptiste Vuillaume, y otro comprado a los Srs. Gand y Bernardel.
Su formación musical y el espíritu de triunfo lo mantuvieron en
activo hasta su muerte. Según las críticas y crónicas de la época su
fuerza radicaba más en la sutileza de la interpretación que en el fuego
temperamental, aunando ataque, pasión, flexibilidad y una facilidad
natural para el violín. Su técnica de la mano izquierda fue también
famosa así como la velocidad en la ejecución. Arrancaba el más hermoso
sonido que pueda esperarse del violín sin mostrar esfuerzo aparente.
En su testamento cedió su violín Stradivarius y 25.000 francos al
Conservatorio de Madrid para la organización de un premio que llevara
su nombre y que terminaría convirtiéndose en el Premio Nacional de
Violín.
Catálogo de obras de Sarasate Op.---Título--------Instrumentación — Fantasía Capricho, Violín y piano
— Souvenir de "Fausto", Violín y piano
— Mazurka en Mi, Violín & piano
1 Fantasía sobre "La forza del destino", Violín y piano
2 Homenaje a Rossini, Violín y piano
3 La dame blanche de Boildieu, Violín y orquesta
4 Réverie, Violin y piano
5 Fantasía sobre "Romeo y Juliette", Violín y piano
6 Caprice on "Mireille", Violín y piano
7 Confidences, Violín y piano
8 Souvenir de Domont, Violín y piano
9 Les Adieux, Violin y piano
10 Sérénade Andalouse, Violín & piano
11 Le sommeil Violín y piano
12 Moscoviènne, Violín y piano
13 Fantasía sobre "Fausto", Violín y orquesta
14 Fantasía sobre "Der Freischütz", Violín y orquesta
15 Mosaíque de Zampa, Violín y piano
16 Gavota sobre "Mignon", Violín y piano
17 Priére at Berceuse, Violín y piano
18 Airs espagnols, Violín y piano
19 Fantasía sobre "Martha", Violín y piano
20 Aires gitanos, Violín y orchestra
21 Malagueña y Habanera, Violín y piano
22 Romanza andaluza y jota navarra, Violín y piano
23 Playera y zapateado, Violín y piano
24 Capricho vasco, Violín y piano
25 Fantasia sobre "Carmen", Violín y orquesta
26 Vito y habanera, Violín y piano
27 Jota aragonesa, Violín y piano
28 Serenata andaluza, Violín y piano
29 El canto del ruiseñor, Violín y orquesta
30 Bolero, Violín y piano
31 Balada, Violín y piano
32 Muñeira Violín & orchestra
33 Navarra, Violín y orchestra
34 Aires escoceses, Violín y orchestra
35 Peteneras, capricho español, Violín y piano
36 Jota de San Fermín, Violín y piano
37 Zortzico "Adiós montañas mías", Violín y piano
38 ¡Viva Sevilla!, Violín y orquesta
39 Zortzico de Iparraguirre, Violín y piano
40 Introduction et fandango varié, Violín y piano
41 Introduction et caprice-jota, Violín y orquesta
42 Zortzico "Miramar", Violín y orquesta
43 Introducción y tarantella, Violín y orquesta
44 La chase, Violín y orquesta
45 Nocturno — Serenata, Violín y orquesta
46 Gondoliéra Veneziana, Violín y piano
47 Melodía rumana, Violín y piano
48 L'Esprit Follet, Violín y orquesta
49 Canciones rusas Violín & orquesta
50 Jota de Pamplona, Violín y orquesta
51 Fantasía sobre "Don Giovanni", Violín y piano
52 Jota de Pablo, Violín y orquesta
53 La Rève, Violín y piano
54 Fantasía sobre "La flauta mágica", Violín y orquesta
Yehudi Menuhin
Yehudi Menuhin nació en Nueva York el 22 de abril de 1916. Estudió violín desde los cuatro años de edad con Sigmund Anker, su
primer maestro, en San Francisco. Debutó a los siete años con la
Sinfónica Española. Posteriormente amplió sus estudios con Louis
Persinger, que a los ocho años le hace debutar profesionalmente. Su
presentación en Nueva York con diez años fue un fulgurante éxito que le
sirvió para debutar en Europa en 1927.
En el viejo continente se pone en manos de George Enescu, entonces
descubrió que "interpretar equivalía a ser", como reflejaría más
adelante en su diario. Paulatinamente iría desarrollando y madurando
sus criterios y valores más característicos, entre los que destacarán
la capacidad de trabajo, la autoexigencia, así como una concepción del
arte estrechamente interrelacionado con la vida. "Recuerdo vivamente mi
primera lección con Enescu. Mi madre me llevó a su casa y esperamos en
el salón, al poco rato apareció el maestro con su violín y comenzó a
tocar una "Partita" de Johann Sebastian Bach. Ahí verdaderamente
comenzó mi amor por el instrumento".
En noviembre de ese mismo año toca en Nueva York el Concierto
para violín, op. 61 de Beethoven bajo la batuta de Fritz Busch,
convirtiéndose entonces en la portada de los principales diarios del
país. Rápidamente se organizaron giras de conciertos por Estados
Unidos, Berlín (1928) y Londres (1929). Su primera grabación
fonográfica data de esta época.
En los años 30, Menuhin estudia simultáneamente con Enescu, cuya
influencia en la estética musical del muchacho fue definitiva, y con
Adolf Busch. Su madurez es tal que cuando Fritz Kreisler renuncia a
grabar el concierto para violín op. 61 de Elgar, del que era
dedicatario, es Menuhin el elegido para realizar el registro
fonográfico con el propio Elgar (75 años) a la batuta.
Su actividad en el bando aliado durante la Segunda Guerra Mundial
le llevó a dar 500 conciertos en diversos destacamentos de tropas. De
esta época existe un film propagandístico en el que Menuhin interpreta
el "Vuelo del Moscardón" y el "Ave María" de Schubert.
Menuhin asumió con gran valentía la defensa de Wilhelm Furtwängler
cuando éste fue acusado de colaboración con el régimen nazi. El
violinista no sólo publicó escritos al respecto, sino que en un acto
extraordinariamente antipopular se convirtió en el primer judío en
tocar con la Orquesta Filarmónica de Berlín, con Furtwängler al frente,
tras el episodio nazi.
Desde 1959 Menuhin se instaló en Londres, haciéndose cargo del
Festival Bath (1958-68), el Festival Windsor (1969-1972) y el Gstaad
Festival. En esta época se sitúa el comienzo de su interés por el
vegetarianismo y la cultura india.
En 1962 funda cerca de Londres la Escuela Superior de Música que lleva su nombre.
Durante los últimos años de su vida abandona el instrumento para dedicar casi todo su tiempo a la dirección orquestal.
Conocido también como humanista y filántropo, en 1960 recibió el
Premio Nehru de la Paz y en 1992 fue embajador de buena voluntad de la
Unesco.
Falleció en Berlín el 12 de Marzo de 1.999.
La carrera artística de Menuhin, desarrollada a lo largo de siete
décadas, es una de las más espectaculares de nuestro tiempo. Como
violinista, primero, y luego como director de orquesta, ha
protagonizado las más importantes convocatorias de los principales
escenarios internacionales, junto a los mejores solistas y formaciones
orquestales.
Aunando la técnica irreprochable con una comprensión extraordinaria
de la música, trabajó un repertorio muy amplio, de Bach, Ravel y
Beethoven a la música de vanguardia, de la música barroca a las
improvisaciones de jazz con Stéphane Grappelli. Le gustaba acompañar y
dar a conocer todas las músicas.
Su fascinación por las distintas culturas lo llevará a tocar, tanto
con Ravi Shankar, como con sus amigos zíngaros, cuya causa defenderá,
destacando así que la búsqueda de la belleza y el compartirla con los
demás son valores universales.
A lo largo de toda su vida, Yehudi Menuhin se preocupó por las
grandes cuestiones de este siglo: tan sensible a la educación como a
los derechos de las minorías, convirtió en una cuestión de honor el
concretar siempre sus acciones. Nunca dejó de librar combates por la
música, la paz y la convivencia entre los hombres; ante todo, fue un
humanista comprometido con la defensa de los derechos humanos. A lo
largo de su carrera de músico emprendió sin tregua la defensa de los
más débiles, lo que le valió numerosas distinciones, entre las que cabe
destacar la de "Lord", el Premio Mundial de la Paz en 1979, el Premio
Nerhu de la Paz en 1960 y el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia
en 1997.
En 1945 intervino en el concierto de inauguración de la ONU y
volvió a actuar en Alemania, preconizando la superación de las graves
secuelas de la guerra. En numerosas manifestaciones públicas defendió
la tolerancia y cooperación entre diferentes pueblos y culturas.
En 1992 promovió la constitución de la Fundación Yehudi Menuhin a
la que asignó como cometidos prioritarios la integración social de
niños desfavorecidos a través de actividades artísticas, la defensa de
los derechos de las minorías culturales, el fomento de la tolerancia
cultural y la creación de redes de cooperación internacional en los
ámbitos de la educación y la cultura.
Era un hombre comprensivo, abierto a todo tipo de opiniones y
creencias. Era "un hombre bueno" en el sentido machadiano. Era el
ejemplo viviente de esa frase tan sencilla y tan genial de Sancho
Panza: "Señora, donde hay música no puede haber cosa mala".
El año 97, al recibir el Premio Príncipe de Asturias, junto con
Rostropovich, dijo en su discurso que quizás ellos eran los eslabones
del hombre nuevo, el hombre que se debería dedicar con todas sus
fuerzas a enseñar y propagar la música entre los niños, con la firme
creencia de que así se mejoraría el mundo.
Los amantes de la música nunca podremos agradecer
suficientemente toda una vida de Menuhin dedicada a los demás: como
violinista, como director de orquesta, como profesor y como persona
entregada y preocupada por la defensa de los derechos humanos y el
apoyo a los más desfavorecidos.