Patricia Petitbon, soprano
Opera de París
Les Arts Florissants
William Christie, director
Jean-Philippe Rameau (1683-1764) es un compositor del barroco francés y
posee un valioso y doble legado musical: por una parte una
importantísima obra para teclado, y, por otra, la máxima expresión del
género llamado “Ópera-ballet”, del cual figura como su obra maestra más
representativa “Las indias galantes”.
Tras la muerte de
Jean-Baptiste Lully, acaecida en 1687, el desarrollo del género lírico
experimentó un significativo cambio en Francia. Con sus característicos temas
alusivos a la mitología griega, las llamadas “Tragedia en música” y
“Tragedias líricas” entraron en una etapa de aguda decadencia, para
abrir paso al florecimiento de la “Ópera-ballet”, un género más
liviano y más contingente, cuyo marco de acción vendría a
privilegiar la presentación de lugares tan desconocidos como exóticos.
Como
su nombre parece indicar, la “Ópera-ballet” fusionaba ambas expresiones y lo
hacía a través de un esquema o patrón que demandaba de un prólogo
anunciante del espectáculo y luego tres a cuatro partes que no llevan
el nombre tradicional de actos sino de “entrées”, de tramas diferentes,
unidas por un muy sutil hilo conductor.
El título de “Las indias
galantes” expresa la idea general del amor fusionada con el exotismo
señalado. Cada una de sus “entrées” es una historia de amor o “galante”
que toma lugar en diferentes partes del mundo, en aquellas mágicas
tierras unidas en el tiempo con el genérico nombre de “Las indias”.
Con
libreto de Louis Fuzelier, “Las indias galantes” es la segunda gran
incursión de la tardía entrada de Rameau en las artes escénicas. Su
primer trabajo había sido la tragedia “Hipolyte et Aricie”. A “Las
indias galantes” siguieron dos docenas de obras para la escena, entre
las cuales se destacan “Castor y Pólux”, “Dardanus”, “Platée” y “El
templo de la gloria”.
“Las indias galantes” se estrenó en
París, en agosto de 1735, con una recepción muy fría por parte del público. Un año más tarde,
la obra remozada y más extensa era presentada con enorme éxito, tanto
así que sólo en vida de Rameau fue presentada casi 400 veces en
no más de cuatro décadas.
Dada su condición de “opera-ballet”, la obra posee una gran abundancia de aires de danza.