Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid
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Temporada del Palau de les Arts
«Parsifal» de Wagner. C. Ventris, V. Urmana, S. Milling, E.
Nikitin, S. Leiferkus, A. Tsymbalyuk, etc. Orquesta y Coro de la
Comunitat Valenciana, Escolanía de la Mare de Déu dels Desemparats.
W.Herzog, dirección escénica. L.Maazel, dirección musical. Palau de les
Arts. Valencia, 25-X-2008
Gran acontecimiento internacional, la apertura de temporada más
interesante de todos los teatros españoles y, en definitiva, lo que
todos estos reconocen a regañadientes como «un puntazo» del Palau. ¿Ha
respondido a las expectativas? Eso ya depende de las de cada cual, pero
objetivamente hay algo clarísimo: Ojalá el 95% de los «parsifales» que
se ofrecen en los primeros teatros del mundo -Bayreuth, Múnich y Met,
incluidos- tuvieran el nivel de este valenciano, un teatro sin siquiera
cinco años de historia. ¿Puede haber acaso mejor alabanza que la
anterior? Vayamos ahora a los matices personales.
Creo que Werner Herzog -por cierto, tan admirado por la supuesta
existencia del auténtico Grial en la Catedral valenciana, que el
director visita a diario- no se ha roto la cabeza. Es la suya una
producción eminentemente estática, ubicada entre las edades media e
interplanetaria, entre la Antártida -de algún modo enlace con su
bellísimo y nevado «Lohengrin»- y la estratosfera, con una escena pobre
para las muchachas flor, una muy bien resuelta toma de la Sagrada Lanza
por Parsifal, un espectacular descenso desde las alturas de un enorme y
enigmático círculo metálico y un sorprendente final, tipo encuentros en
la tercera fase transformado en encuentros con Lucas y Calatrava. Una
especie de nave de George Lucas, que copia al Palau de Calatrava,
evoluciona y se despide de los caballeros «jedies», guardianes del
Santo Grial, esfumándose hasta quedar convertida en una estrella.
Puesta bastante fría y opinable, perfectamente vendible a terceros
teatros y, algo hoy muy importante, que no perjudica a la música.
No creo que sea posible encontrar hoy un reparto vocal más
homogéneo en su muy elevada calidad. Violeta Urmana es una inmensa
Kundry, incluso en los aullidos -así llamados- de la partitura. También
Stephen Milling, Evgueni Nikitin, el veterano Serguéi Leiferkus y
Alexander Tsymbalyuk en sus respectivos papeles de Gurnemanz, Amfortas,
Klingsor y Titurel, respectivamente. Todos ellos, si se quiere, voces
más contundentes que sutiles. Sobresaliente de igual forma el Parsifal
de Christopher Ventris, aunque llegase al final con el timbre algo
caprino. En la lograda homogeneidad hay que incluir al resto del
reparto, muy especialmente a las muchachas flor y a los coros.
La magnífica Orquesta de la Comunitat Valenciana aún no cuenta con
una plantilla completa, por lo que hubo que añadir nada menos que 42
músicos. A pesar de ello sonó como siempre, segura y brillante. Mucho
tuvo que ver el trabajo de Lorin Maazel, quien, aunque no lo dijese
hasta después, debutaba en «Parsifal» y, consciente, no dejó ni un
ensayo a su ayudante preparador. Durante el primer acto se decantó por
el análisis, la transparencia y una cierta etereidad, tal y como Boulez
en su grabación discográfica, para ir evolucionando hacía un concepto
más denso y emotivo, de tempos medidos, alcanzando su clímax en los
célebres pasajes instrumental y coral del tercer acto en una
sobrecogedora gradación dinámica. Una larja jornada con muchísimo que
admirar y disfrutar.