viernes, 31 de octubre de 2008


Junto con "Don Pasquale" e "Il Barbiere di Siviglia", "L’elisir d’amore" es una de las más encantadoras joyas de la ópera cómica del siglo XIX, así como una de las cimas de la producción de Gaetano Donizetti, por su frescura vocal, la acertada caracterización de los personajes y la entrañable ternura que supo imbuir en unos arquetipos para dotarlos de humanidad, además de una partitura cuya inspiración y frescura no decae en ningún momento. Estrenada en el Teatro della Canobbiana de Milán el 12 de mayo de 1832, nacida como simple obra de circunstancias porque el compositor anunciado no había presentado su obra en el plazo previsto, el músico bergamasco sólo tuvo catorce días para lograr esta obra maestra (en la que aprovechó con mucho acierto números pertenecientes a obras anteriores), que obtuvo un éxito triunfal que no ha sido eclipsado desde entonces. Una obra donde la risa se convierte en sonrisa y ésta se cubre de una pátina de melancolía, como en la célebre aria de Nemorino "Una furtiva lagrima".

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jueves, 30 de octubre de 2008



Orquesta Sinfónica Nacional Danesa

Michael Schonwandt, director

 

Si asumimos que la historia de la música se escribe del centro a la periferia es fácil comprender por qué Dinamarca apenas aparece en los capítulos de los textos generales de música. Una de las principales razones que justifican esta ausencia es su vinculación con la tradición musical alemana. Baste citar a Dietrich Buxtehude, Johann Abraham Peter Schulz o a Friedrich Kuhlau como tres de los nombres más influyentes en la escena musical danesa, todos ellos de origen germano. A principios del siglo XX surgen las primeras muestras de una escena propia —J.P.E. Hartman, H. C. Lumbye, N. W. Gade... — y habrá que esperar al siglo XX para que Dinamarca, favorecida por el aislamiento cultural y por el poso de su conciencia nórdica, consiga colocarse en la historia internacional de la música con el nombre de Carl Nielsen.

 

Violinista, pedagogo y profesor en el conservatorio de Copenhague, además de compositor, Carl August Nielsen (1865-1931) destaca por sus seis sinfonías en las que redescubre las sonoridades tonales creando un estilo que se mueve hacia una tonalidad expandida, un camino que emprende a partir del estudio de la polifonía renacentista.

 

Nielsen nació en Sortelung, un pueblo cercano a Odense. Aunque su familia era relativamente pobre, Carl consiguió estudiar violín y piano. Aprendió también a tocar diversos instrumentos de viento gracias a su trabajo en una banda militar de Odense.

 

Estudió violín y teoría de la música en el Conservatorio Real Danés de Copenhague pero nunca asistió a clases de composición. A pesar de ello se decidió a componer. Su primera sinfonía se estrenó el 14 de marzo de 1894 con una acogida discreta por parte de público y crítica. Sin embargo, esa misma obra obtuvo un gran éxito al ser presentada en Berlín en 1896. A partir de esa fecha, su carrera inició un crecimiento notable.

 

Nielsen siguió tocando el violín en el Teatro Real de Copenhague hasta 1905, año en el que encontró editor para sus composiciones. A partir de 1916 pasó a dar clases en el Conservatorio de Copenhague. Sus sinfonías son seis:

- Sinfonía nº 1 en Sol menor: es la primera composición de Nielsen. En ella aparecen algunos rasgos característicos de sus obras posteriores.

- Sinfonía nº 2 "Los cuatro Temperamentos": Consta de cuatro movimientos, cada uno dedicado a un temperamento. Nielsen se inspiró en un cuadro que vio en una taberna sobre los temperamentos colérico, melancólico, flemático y sanguíneo.

- Sinfonía nº 3 "Expansiva": el segundo movimiento contiene solos para soprano y tenor que pueden ser interpretados de forma alternativa por un clarinete y un trombón.

- Sinfonía nº 4 "Inextinguible": es quizá la más conocida de las Sinfonías de Nielsen y también la más dramática de todas.

- Sinfonía nº 5: la única que no lleva subtítulo adicional. En ella utiliza la percusión de un modo dramático.

- Sinfonía nº 6 "Semplice": no es tan dramática como las anteriores y en ciertos momentos suena extraña. En el segundo movimiento emplea sólo nueve instrumentos de la orquesta: flautín, dos clarinetes, dos contrabajos, trombón y percusión.

 

Además de sus Sinfonías, otras piezas populares de Nielsen son la música que compuso para el drama del poeta Adam Oehlenschläger "Aladdin", las óperas "Saúl y David" y "Mascarada", sus conciertos para flauta y para clarinete así como su quinteto de viento. Es autor también de numerosas canciones populares danesas.

 

La "Inextinguible"

En su Cuarta Sinfonía Nielsen recorre con franqueza la tenue línea que separa la vida del arte. Así, cuando escribe en el prólogo que acompaña a su obra que «La música es la vida y, como ella, es inextinguible» no sólo está acuñando un sobrenombre para su composición —Det Uudslukkelige [La inextinguible]—, sino que, de forma clara y concisa, presenta su manifiesto existencial.

 

Compuesta entre 1914 y 1916 esta obra desprende una expresividad dramática que concuerda con el clima personal y general del momento en que fue escrita. Nielsen pasaba en lo personal por un período de crisis sentimental y profesional —abandonó la orquesta del Teatro Real para dedicarse básicamente a la docencia y a la composición—. El otro acontecimiento que dejará huella en esta sinfonía, al menos en las implicaciones anímicas, es el cruento espectáculo de la I Guerra Mundial, a la que Nielsen no permanecerá indiferente a pesar de la postura neutral de Dinamarca.

 

La "Inextinguible" presenta como uno de sus rasgos más llamativos la escritura para la percusión, dividida en dos secciones enfrentadas de timbales. Su protagonismo resalta con especial fuerza en el cuarto movimiento y en la introducción de curiosos efectos tímbricos que se consiguen al modificar la afinación de los timbales en tiempo real. De igual modo insiste en la unidad de la obra evitando las cesuras entre movimientos, convirtiendo el segundo en una especie de intermezzo —tranquilo y nostálgico— y repitiendo el tema inicial en el Finale —lo que confiere a la partitura un carácter cíclico que parece aspirar a la eternidad—, un tema que se impone de forma obsesiva, inextinguible, y que lucha por perpetuarse en una constante metamorfosis.


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miércoles, 29 de octubre de 2008
I. Moderato

III. Allegro molto
 

El Concierto para violonchelo y orquesta nº 1 en do mayor, Hob. VII B1, fue compuesto por Joseph Haydn entre 1761 y 1765, dedicado a Joseph Weigl, destacado violonchelista de la orquesta de Esterházy que dirigía el propio Haydn. Este concierto se creía perdido hasta 1961, cuando apareció en el Museo Nacional de Praga, entre diversos documentos pertenecientes al Castillo Radenin. Desde esa fecha se ha convertido en uno de las obras concertantes más populares para este instrumento.

Como en otras obras compuestas para Weigl, al solista se le exige un gran virtuosismo. Las cadenzas del primer y segundo movimientos no son originales del compositor; normalmente, el chelista toca las de compositores anónimos del siglo XVIII u otras compuestas después de 1961.

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martes, 28 de octubre de 2008



Gil Saham, violín

La familia de las cuerdas, compuesta en la primera mitad del siglo XVIII por el violín, violín “piccolo”, viola, viola da gamba, viola d'amore, violonchelo y contrabajo, eran  el sostén armónico y melódico de la música del Barroco. Los instrumentos más graves cumplían la función de bajo continuo junto con el omnipresente teclado.

Bach, como todo músico del Barroco, basaba sus obras instrumentales en las cuerdas, siempre violonchelos y violones (el miembro más grave de la viola de gamba) o contrabajos (el miembro más grave de la familia de los violines) con la función de interpretar el bajo.

 El violín, uno de los instrumentos nacidos en el Barroco, había tenido ya en la segunda mitad del siglo XVII italiano obras destacadas con el papel de solista, como los geniales ejemplos provenientes de Corelli o de Torelli, los primeros maestros de este recién nacido instrumento. Después vendría Vivaldi, que lo mejoraría y elevaría a otro nivel, haciendo del instrumento el rey de la época barroca.

Como en la música para teclado, la aportación de Johann Sebastian Bach en el campo de los instrumentos de cuerda supuso un antes y un después en la historia de esta familia instrumental, especialmente en el caso del violín y del violonchelo a solo.

Para el violín solo Bach escribió tres Sonatas y tres Partitas, numeradas como BWV 1001-1006. Escritas en Köthen en 1720, estas obras son uno de los ejemplos cumbres de este instrumento, donde una polifonía muy refinada, una gran factura técnica y un elevado virtuosismo componen pasajes memorables, como la Gavota en Rondó que nos ocupa.



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lunes, 27 de octubre de 2008


Gonzalo ALONSO

DIARIO LA RAZÓN, Madrid


Temporada del Palau de les Arts
«Parsifal» de Wagner. C. Ventris, V. Urmana, S. Milling, E. Nikitin, S. Leiferkus, A. Tsymbalyuk, etc. Orquesta y Coro de la Comunitat Valenciana, Escolanía de la Mare de Déu dels Desemparats. W.Herzog, dirección escénica. L.Maazel, dirección musical. Palau de les Arts. Valencia, 25-X-2008


Gran acontecimiento internacional, la apertura de temporada más interesante de todos los teatros españoles y, en definitiva, lo que todos estos reconocen a regañadientes como «un puntazo» del Palau. ¿Ha respondido a las expectativas? Eso ya depende de las de cada cual, pero objetivamente hay algo clarísimo: Ojalá el 95% de los «parsifales» que se ofrecen en los primeros teatros del mundo -Bayreuth, Múnich y Met, incluidos- tuvieran el nivel de este valenciano, un teatro sin siquiera cinco años de historia. ¿Puede haber acaso mejor alabanza que la anterior? Vayamos ahora a los matices personales.
Creo que Werner Herzog -por cierto, tan admirado por la supuesta existencia del auténtico Grial en la Catedral valenciana, que el director visita a diario- no se ha roto la cabeza. Es la suya una producción eminentemente estática, ubicada entre las edades media e interplanetaria, entre la Antártida -de algún modo enlace con su bellísimo y nevado «Lohengrin»- y la estratosfera, con una escena pobre para las muchachas flor, una muy bien resuelta toma de la Sagrada Lanza por Parsifal, un espectacular descenso desde las alturas de un enorme y enigmático círculo metálico y un sorprendente final, tipo encuentros en la tercera fase transformado en encuentros con Lucas y Calatrava. Una especie de nave de George Lucas, que copia al Palau de Calatrava, evoluciona y se despide de los caballeros «jedies», guardianes del Santo Grial, esfumándose hasta quedar convertida en una estrella. Puesta bastante fría y opinable, perfectamente vendible a terceros teatros y, algo hoy muy importante, que no perjudica a la música.
No creo que sea posible encontrar hoy un reparto vocal más homogéneo en su muy elevada calidad. Violeta Urmana es una inmensa Kundry, incluso en los aullidos -así llamados- de la partitura. También Stephen Milling, Evgueni Nikitin, el veterano Serguéi Leiferkus y Alexander Tsymbalyuk en sus respectivos papeles de Gurnemanz, Amfortas, Klingsor y Titurel, respectivamente. Todos ellos, si se quiere, voces más contundentes que sutiles. Sobresaliente de igual forma el Parsifal de Christopher Ventris, aunque llegase al final con el timbre algo caprino. En la lograda homogeneidad hay que incluir al resto del reparto, muy especialmente a las muchachas flor y a los coros.
La magnífica Orquesta de la Comunitat Valenciana aún no cuenta con una plantilla completa, por lo que hubo que añadir nada menos que 42 músicos. A pesar de ello sonó como siempre, segura y brillante. Mucho tuvo que ver el trabajo de Lorin Maazel, quien, aunque no lo dijese hasta después, debutaba en «Parsifal» y, consciente, no dejó ni un ensayo a su ayudante preparador. Durante el primer acto se decantó por el análisis, la transparencia y una cierta etereidad, tal y como Boulez en su grabación discográfica, para ir evolucionando hacía un concepto más denso y emotivo, de tempos medidos, alcanzando su clímax en los célebres pasajes instrumental y coral del tercer acto en una sobrecogedora gradación dinámica. Una larja jornada con muchísimo que admirar y disfrutar.

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Dennis Brain (trompa) y Denis Matthews (piano)

 

Son pocas las obras para trompa y piano que existen en el repertorio, de ahí que todos los trompistas veneren la Sonata para piano y trompa en Fa mayor, Op. 17 de Ludwig van Beethoven. No es obra de mucho empeño pero posee oficio, encanto y personalidad. Está dedicada la Baronesa Josephine von Braun y fue compuesta, curiosamente, en sólo veinticuatro horas, encargada por el solista Giovanni Punto, quien la estrenó con el autor al piano en 1800, pero enseguida cayó en el olvido. Posteriormente se hicieron adaptaciones de esta sonata para otros instrumentos de metal, como el trombón.

 

La Sonata consta de tres movimientos:

 

 1. Allegro moderato

 2. Poco adagio, quasi andante

 3. Rondo, Allegro moderato

 

El virtuoso británico Dennis Brain (1921-1957), dedicatario a su vez de la Serenata para tenor, trompa y orquesta de Benjamin Britten, interpreta esta obra de cámara de Beethoven con número de opus 17. Por desgracia Brain murió joven a causa de un accidente de coche. Francis Poulenc le rindió homenaje con su Elegía para trompa y piano.


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domingo, 26 de octubre de 2008




Patricia Petitbon, soprano
Opera de París
Les Arts Florissants
William Christie, director


Jean-Philippe Rameau (1683-1764) es un compositor del barroco francés y posee un valioso y doble legado musical: por una parte una importantísima obra para teclado, y, por otra, la máxima expresión del género llamado “Ópera-ballet”, del cual figura como su obra maestra más representativa “Las indias galantes”.

Tras la muerte de Jean-Baptiste Lully, acaecida en 1687, el desarrollo del género lírico experimentó un significativo cambio en Francia. Con sus característicos temas alusivos a la mitología griega, las llamadas “Tragedia en música” y “Tragedias líricas” entraron en una etapa de aguda decadencia, para abrir paso al florecimiento de la “Ópera-ballet”, un género más liviano y más contingente, cuyo marco de acción vendría a privilegiar la presentación de lugares tan desconocidos como exóticos.

Como su nombre parece indicar, la “Ópera-ballet” fusionaba ambas expresiones y lo hacía a través de un esquema o patrón que demandaba de un prólogo anunciante del espectáculo y luego tres a cuatro partes que no llevan el nombre tradicional de actos sino de “entrées”, de tramas diferentes, unidas por un muy sutil hilo conductor.

El título de “Las indias galantes” expresa la idea general del amor fusionada con el exotismo señalado. Cada una de sus “entrées” es una historia de amor o “galante” que toma lugar en diferentes partes del mundo, en aquellas mágicas tierras unidas en el tiempo con el genérico nombre de “Las indias”.

Con libreto de Louis Fuzelier, “Las indias galantes” es la segunda gran incursión de la tardía entrada de Rameau en las artes escénicas. Su primer trabajo había sido la tragedia “Hipolyte et Aricie”. A “Las indias galantes” siguieron dos docenas de obras para la escena, entre las cuales se destacan “Castor y Pólux”, “Dardanus”, “Platée” y “El templo de la gloria”.

“Las indias galantes” se estrenó en París, en agosto de 1735, con una recepción muy fría por parte del público. Un año más tarde, la obra remozada y más extensa era presentada con enorme éxito, tanto así que sólo en vida de Rameau fue presentada casi 400 veces en no más de cuatro décadas.

Dada su condición de “opera-ballet”, la obra posee una gran abundancia de aires de danza.

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sábado, 25 de octubre de 2008


El peruano Juan Diego Flórez, nacido en 1973 en Lima, es un tenor lírico-ligero especialista en el repertorio rossiniano y donizettiano. Está considerado y reconocido como el sucesor de Luciano Pavarotti, aunque la voz de Flórez es bastante diferente en sus características de la del desaparecido tenor de Módena.

Juan Diego es hijo del cantante y guitarrista de música criolla peruana Rubén Flórez, acompañante de la célebre cantautora Chabuca Granda. Inicialmente siguió una carrera de cantante de música popular, cantaba covers de los Beatles y Led Zeppelin, además de trova y baladas. Después, a los diecisiete años, ingresó en el Conservatorio Nacional de Música de Lima. Su voz para el canto lírico surgió en el curso de sus estudios con el maestro Andrés Santa María. Durante este tiempo, fue miembro del Coro Nacional del Perú y cantó como solista la Misa de la Coronación de Mozart y la Petite Messe Solennelle de Gioacchino Rossini.

Ingresó en el Instituto Curtis de Filadelfia, Estados Unidos, donde estudió entre 1993 y 1996, y comenzó a cantar en producciones de ópera estudiantiles en el repertorio por el cual es conocido hoy, óperas del bel canto de Rossini, Bellini y Donizetti. También estudió con Marilyn Horne en el Santa Barbara Academy Summer School de California. En 1994, el tenor, también peruano, Ernesto Palacio lo invitó a Italia, a participar en una grabación de la ópera de Vicente Martín y Soler, Il Tutore Burlato, y se hizo subsecuentemente maestro y mentor de Flórez.

La primera gran sensación y el debut profesional de Flórez llegó con el Festival Rossini de Pesaro en 1996. Con veintitrés años, inicialmente sólo iba a participar en un rol menor en "Ricciardo e Zoraide "y en el coro de otras, pero dejó las filas del coro para tomar el relevo en el papel del tenor principal de Corradino en "Matilde de Shabran", pues Bruce Ford estaba indispuesto. Su presentación causó sensación y luego otra vez más en similares circunstancias, reemplazando a Giuseppe Sabbatini. Ese mismo año hizo su debut en el Teatro de La Scala de Milán como el Cavaliere danese en "Armide" de Christoph Willibald Gluck. Luego siguió su debut en la Royal Opera House, Covent Garden, en 1997 donde cantó el rol del Conde Potoski en una versión de concierto (y la primera moderna) de "Elisabetta", de Donizetti. Después vino su debut en la Ópera Estatal de Viena en 2000 como Rinuccio en "Gianni Schicchi" y en la Ópera Metropolitana de Nueva York en 2002 como el Conde de Almaviva en "El Barbero de Sevilla". En 2005 debutó en el Teatro Real de Madrid, también con "El Barbero" rossiniano.

Le ha sido concedido el Premio Abbiati 2000 (dado por los críticos italianos al mejor cantante del año), el Rossini d'oro, el Bellini d'oro, el Premio Aureliano Pertile, el Premio Tamagno y el Premio L'Opera award (Migliore Tenore) por su actuación del 2001 en "La Sonnambula" en La Scala.

Firmó por Decca en 2001 y desde entonces ha lanzado cinco CDs de recitales solistas en este sello: Rossini arias, que ganó el Cannes Classical Award de 2003, Una Furtiva Lagrima, ganó el mismo galardón en 2004, Great Tenor Arias (2005), Sentimiento Latino (2006), un recital con temas clásicos de música popular latinoamericana y Arias para Rubini (2007). Los CDs han cosechado críticas positivas en las que se ensalza su técnica y sus agudos. El más común halago acerca de su canto es su
total caracterización individual de cada papel que interpreta. Admira a Alfredo Kraus, a Plácido Domingo y a Luciano Pavarotti.

Aquí interpreta el aria de Tonio en la "La hija del regimiento", de Gaetano Donizetti, fragmento que se conoce como "aria de los nueve does" y que constituye su mejor carta de presentación, como en este recital en París en 2004.

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viernes, 24 de octubre de 2008


Sarasate responde plenamente al paradigma decimonónico del virtuoso: el instrumentista divo y protagonista, deslumbrante en la técnica y el encanto de sus interpretaciones, con una pléyade de admiradores fervorosos y algunos detractores enconados que también le ayudan a cobrar relieve, pero despreocupado en general por la fidelidad al compositor y por el interés estrictamente musical del repertorio.

Como compositor posee un catálogo de más de cincuenta títulos, donde abundan las páginas breves con raíz folclórica y las fantasías sobre óperas célebres, tan al uso en aquellos años. Las características que iluminan toda su producción son el melodismo de salón y el virtuosismo instrumental despojado del cualquier componente especulativo en lo armónico, en lo constructivo o en lo formal: simplicidad en la forma e intrascendencia en los contenidos, eso sí, todo ello resuelto con oficio y encanto realmente incomparables.

El rápido éxito que obtuvo como ejecuntante le hizo abandonar sus estudios de armonía y composición.Viajó por toda Europa dando conciertos. También fueron frecuentes sus desplazamientos a América del Norte y Sudamérica. Según la prensa de la época, sus conciertos y recitales fueron memorables. Fue poseedor de dos violines Stradivarius, uno regalado por la reina Isabel II, adquirido a Jean Baptiste Vuillaume, y otro comprado a los Srs. Gand y Bernardel.

Su formación musical y el espíritu de triunfo lo mantuvieron en activo hasta su muerte. Según las críticas y crónicas de la época su fuerza radicaba más en la sutileza de la interpretación que en el fuego temperamental, aunando ataque, pasión, flexibilidad y una facilidad natural para el violín. Su técnica de la mano izquierda fue también famosa así como la velocidad en la ejecución. Arrancaba el más hermoso sonido que pueda esperarse del violín sin mostrar esfuerzo aparente.

En su testamento cedió su violín Stradivarius y 25.000 francos al Conservatorio de Madrid para la organización de un premio que llevara su nombre y que terminaría convirtiéndose en el Premio Nacional de Violín.


Catálogo de obras de Sarasate

Op.---Título--------Instrumentación

— Fantasía Capricho, Violín y piano
— Souvenir de "Fausto", Violín y piano
— Mazurka en Mi, Violín & piano
1 Fantasía sobre "La forza del destino", Violín y piano
2 Homenaje a Rossini, Violín y piano
3 La dame blanche de Boildieu, Violín y orquesta
4 Réverie, Violin y piano
5 Fantasía sobre "Romeo y Juliette", Violín y piano
6 Caprice on "Mireille", Violín y piano
7 Confidences, Violín y piano
8 Souvenir de Domont, Violín y piano
9 Les Adieux, Violin y piano
10 Sérénade Andalouse, Violín & piano
11 Le sommeil Violín y piano
12 Moscoviènne, Violín y piano
13 Fantasía sobre "Fausto", Violín y orquesta
14 Fantasía sobre "Der Freischütz", Violín y orquesta
15 Mosaíque de Zampa, Violín y piano
16 Gavota sobre "Mignon", Violín y piano
17 Priére at Berceuse, Violín y piano
18 Airs espagnols, Violín y piano
19 Fantasía sobre "Martha", Violín y piano
20 Aires gitanos, Violín y orchestra
21 Malagueña y Habanera, Violín y piano
22 Romanza andaluza y jota navarra, Violín y piano
23 Playera y zapateado, Violín y piano
24 Capricho vasco, Violín y piano
25 Fantasia sobre "Carmen", Violín y orquesta
26 Vito y habanera, Violín y piano
27 Jota aragonesa, Violín y piano
28 Serenata andaluza, Violín y piano
29 El canto del ruiseñor, Violín y orquesta
30 Bolero, Violín y piano
31 Balada, Violín y piano
32 Muñeira Violín & orchestra
33 Navarra, Violín y orchestra
34 Aires escoceses, Violín y orchestra
35 Peteneras, capricho español, Violín y piano
36 Jota de San Fermín, Violín y piano
37 Zortzico "Adiós montañas mías", Violín y piano
38 ¡Viva Sevilla!, Violín y orquesta
39 Zortzico de Iparraguirre, Violín y piano
40 Introduction et fandango varié, Violín y piano
41 Introduction et caprice-jota, Violín y orquesta
42 Zortzico "Miramar", Violín y orquesta
43 Introducción y tarantella, Violín y orquesta
44 La chase, Violín y orquesta
45 Nocturno — Serenata, Violín y orquesta
46 Gondoliéra Veneziana, Violín y piano
47 Melodía rumana, Violín y piano
48 L'Esprit Follet, Violín y orquesta
49 Canciones rusas Violín & orquesta
50 Jota de Pamplona, Violín y orquesta
51 Fantasía sobre "Don Giovanni", Violín y piano
52 Jota de Pablo, Violín y orquesta
53 La Rève, Violín y piano
54 Fantasía sobre "La flauta mágica", Violín y orquesta



Yehudi Menuhin

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Yehudi Menuhin nació en Nueva York el 22 de abril de 1916. Estudió violín desde los cuatro años de edad con Sigmund Anker, su primer maestro, en San Francisco. Debutó a los siete años con la Sinfónica Española. Posteriormente amplió sus estudios con Louis Persinger, que a los ocho años le hace debutar profesionalmente. Su presentación en Nueva York con diez años fue un fulgurante éxito que le sirvió para debutar en Europa en 1927.

En el viejo continente se pone en manos de George Enescu, entonces descubrió que "interpretar equivalía a ser", como reflejaría más adelante en su diario. Paulatinamente iría desarrollando y madurando sus criterios y valores más característicos, entre los que destacarán la capacidad de trabajo, la autoexigencia, así como una concepción del arte estrechamente interrelacionado con la vida. "Recuerdo vivamente mi primera lección con Enescu. Mi madre me llevó a su casa y esperamos en el salón, al poco rato apareció el maestro con su violín y comenzó a tocar una "Partita" de Johann Sebastian Bach. Ahí verdaderamente comenzó mi amor por el instrumento".

En noviembre de ese mismo año toca en Nueva York el Concierto para violín, op. 61 de Beethoven bajo la batuta de Fritz Busch, convirtiéndose entonces en la portada de los principales diarios del país. Rápidamente se organizaron giras de conciertos por Estados Unidos, Berlín (1928) y Londres (1929). Su primera grabación fonográfica data de esta época.

En los años 30, Menuhin estudia simultáneamente con Enescu, cuya influencia en la estética musical del muchacho fue definitiva, y con Adolf Busch. Su madurez es tal que cuando Fritz Kreisler renuncia a grabar el concierto para violín op. 61 de Elgar, del que era dedicatario, es Menuhin el elegido para realizar el registro fonográfico con el propio Elgar (75 años) a la batuta.

Su actividad en el bando aliado durante la Segunda Guerra Mundial le llevó a dar 500 conciertos en diversos destacamentos de tropas. De esta época existe un film propagandístico en el que Menuhin interpreta el "Vuelo del Moscardón" y el "Ave María" de Schubert.

Menuhin asumió con gran valentía la defensa de Wilhelm Furtwängler cuando éste fue acusado de colaboración con el régimen nazi. El violinista no sólo publicó escritos al respecto, sino que en un acto extraordinariamente antipopular se convirtió en el primer judío en tocar con la Orquesta Filarmónica de Berlín, con Furtwängler al frente, tras el episodio nazi.

Desde 1959 Menuhin se instaló en Londres, haciéndose cargo del Festival Bath (1958-68), el Festival Windsor (1969-1972) y el Gstaad Festival. En esta época se sitúa el comienzo de su interés por el vegetarianismo y la cultura india.

En 1962 funda cerca de Londres la Escuela Superior de Música que lleva su nombre.

Durante los últimos años de su vida abandona el instrumento para dedicar casi todo su tiempo a la dirección orquestal.

Conocido también como humanista y filántropo, en 1960 recibió el Premio Nehru de la Paz y en 1992 fue embajador de buena voluntad de la Unesco.

Falleció en Berlín el 12 de Marzo de 1.999.

La carrera artística de Menuhin, desarrollada a lo largo de siete décadas, es una de las más espectaculares de nuestro tiempo. Como violinista, primero, y luego como director de orquesta, ha protagonizado las más importantes convocatorias de los principales escenarios internacionales, junto a los mejores solistas y formaciones orquestales.

Aunando la técnica irreprochable con una comprensión extraordinaria de la música, trabajó un repertorio muy amplio, de Bach, Ravel y Beethoven a la música de vanguardia, de la música barroca a las improvisaciones de jazz con Stéphane Grappelli. Le gustaba acompañar y dar a conocer todas las músicas.

Su fascinación por las distintas culturas lo llevará a tocar, tanto con Ravi Shankar, como con sus amigos zíngaros, cuya causa defenderá, destacando así que la búsqueda de la belleza y el compartirla con los demás son valores universales.

A lo largo de toda su vida, Yehudi Menuhin se preocupó por las grandes cuestiones de este siglo: tan sensible a la educación como a los derechos de las minorías, convirtió en una cuestión de honor el concretar siempre sus acciones. Nunca dejó de librar combates por la música, la paz y la convivencia entre los hombres; ante todo, fue un humanista comprometido con la defensa de los derechos humanos. A lo largo de su carrera de músico emprendió sin tregua la defensa de los más débiles, lo que le valió numerosas distinciones, entre las que cabe destacar la de "Lord", el Premio Mundial de la Paz en 1979, el Premio Nerhu de la Paz en 1960 y el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia en 1997.

En 1945 intervino en el concierto de inauguración de la ONU y volvió a actuar en Alemania, preconizando la superación de las graves secuelas de la guerra. En numerosas manifestaciones públicas defendió la tolerancia y cooperación entre diferentes pueblos y culturas.

En 1992 promovió la constitución de la Fundación Yehudi Menuhin a la que asignó como cometidos prioritarios la integración social de niños desfavorecidos a través de actividades artísticas, la defensa de los derechos de las minorías culturales, el fomento de la tolerancia cultural y la creación de redes de cooperación internacional en los ámbitos de la educación y la cultura.

Era un hombre comprensivo, abierto a todo tipo de opiniones y creencias. Era "un hombre bueno" en el sentido machadiano. Era el ejemplo viviente de esa frase tan sencilla y tan genial de Sancho Panza: "Señora, donde hay música no puede haber cosa mala".

El año 97, al recibir el Premio Príncipe de Asturias, junto con Rostropovich, dijo en su discurso que quizás ellos eran los eslabones del hombre nuevo, el hombre que se debería dedicar con todas sus fuerzas a enseñar y propagar la música entre los niños, con la firme creencia de que así se mejoraría el mundo.
 
Los amantes de  la música nunca podremos agradecer suficientemente toda una vida de Menuhin dedicada a los demás: como violinista, como director de orquesta, como profesor y como persona entregada y preocupada por la defensa de los derechos humanos y el apoyo a los más desfavorecidos.

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jueves, 23 de octubre de 2008

AGUSTÍ FANCELLI

DIARIO EL PAÍS, 22/10/2008


Apreciado señor Daniel Harding:

Dice usted que considera la posibilidad de asumir la titularidad musical del Teatro Real. No sabe cuánto se lo agradeceríamos. Nuestras quietas aguas líricas necesitan con urgencia cierta agitación, no digamos ya el tsunami que usted sería capaz de provocar. Pero añade que no conoce "el teatro ni la orquesta". Verá, es diferente de la London Symphony Orchestra, con la cual actuó ayer en el Auditorio Nacional interpretando la Música para cuerda, percusión y celesta, de Béla Bartók, y la Primera Sinfonía de Brahms. Para empezar, aquí no tenemos esa figura que sale a escena con los músicos no para tocar, sino para observar atentamente que a nadie le falta nada: la partitura, el atril, la silla, esas cosas. Tras comprobar que todo está conforme, el caballero en cuestión indica al primer violín que puede dar el la para la afinación y acto seguido se retira discretamente. Nosotros somos menos sistemáticos, afrontamos los problemas conforme surgen. Pero eso es lo de menos.

Importa más el la. Su solista da un solo la, inapelable, al que el resto de la orquesta se suma en apenas 10 segundos, cronometrados. Aquí tanteamos más, procedemos por ensayo y error y al cabo de un rato damos con algo que se aproxima bastante a la nota de referencia. Y eso es un problema para los unísonos de la obra de Bartók, que tan compactos sonaron la otra noche. Bien es cierto que todo es cuestión de paciencia.

Pero es sobre todo su forma de dirigir que podría encontrar alguna dificultad de adaptación. Usted no dirige con batuta, lo hace con las manos peladas. No es usted un director de mando y ordeno y en su faceta de enfant terrible ha escandalizado no poco al milieu rechazando de plano la figura del conductor-dictador. De hecho, usted da pocas entradas, las justas, y cuando lo hace emplea gestos de abajo a arriba, construye el sonido, no lo impone por decreto. Inclina el tronco hacia adelante, como si quisiera convertirse en un músico más, y sus amplios movimientos de brazos atienden fundamentalmente al fraseo y la expresión. Sublimes pianissimi en Bartók. Sus referencias son Rattle y Abbado, pero yo pensé también en Bernstein. Permítame que le diga que nuestras orquestas líricas o suenan o no suenan, no hay mucho matiz en la zona intermedia.

A usted, precisamente, le han acusado de atender en exceso al detalle, olvidando la estructura. Es decir, le han echado en cara cierto efectismo. Es cierto que es hombre de contrastes, le gusta recrearse en los tiempos lentos y mostrarse muy enérgico en los rápidos. Hace años, cuando alguien le pidió que definiera en una sola palabra su forma de dirigir, usted mismo contestó: "Rápido", aunque más tarde se cansó de que por encima de otras cosas valoraran su velocidad. A mí me pareció que en las dos obras estuvo usted muy atento a las proporciones, no sólo metronómicas, sino también dinámicas y tímbricas, y al final las estructuras lucieron transparentes y soberbias.

También se ha cansado usted de ser valorado sólo por su juventud. A sus 33 años (Oxford, 1975) empieza a exigir otras consideraciones, y lleva razón: a su edad, Schubert llevaba dos años bajo tierra. Pero en este sentido puede que se encontrara bien entre nosotros: la democracia vino aquí de la mano de la juventud y nuestros dirigentes siguen siendo mayoritariamente jóvenes. Ahora bien, se escuchan poco. En las Cortes, mientras uno predica, los suyos se rompen las manos aplaudiendo, mientras los de enfrente le abuchean. Usted mismo se dio cuenta ayer de que escuchar no es nuestro fuerte: ya pueden repetirnos que apaguemos los móviles, que había de sonar uno en pleno andante sostenuto de la sinfonía brahmsiana. Eso puede representar para usted una dificultad añadida: ese fraseo que pasa de la cuerda a la madera y de allí al metal precisa mucho oído de unos y otros para que salga como salió en el Auditorio.

En fin, le digo esto en atención a eso tan maduro que le confesó al compañero Mantilla [ver EL PAÍS del lunes]: que cada vez tiene más miedo de equivocarse. Por si pudiera serle de utilidad.

Atentamente.

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REPORTAJE

Harding, el deseado por el Real

La ópera madrileña tanteará al músico británico para sustituir a Jesús López Cobos

JESÚS RUIZ MANTILLA - DIARIO EL PAÍS, Madrid - 20/10/2008

Fue prodigio en los noventa, hoy es una de las batutas jóvenes más consolidadas en todo el mundo. El presente de Daniel Harding (Oxford, 1975) se divide entre aeropuertos y salas de concierto de todo el mundo, con Londres, Suecia y lugares donde recala la Mahler Chamber Orchestra, formación que dirige más asiduamente, como escalas especiales. Pero el futuro también puede estar en Madrid, donde llega mañana para inaugurar el ciclo de Ibermúsica con la London Symphony y donde será tanteado por vez primera por el Teatro Real para ser su director musical a partir de 2010, según han confirmado sus responsables. "Estoy dispuesto a escuchar sus propuestas", asegura el músico.

El interés del teatro, que hasta ahora se ha dirigido a él por carta, le ha cogido estas semanas de improviso. Harding, un tipo activo, alegre y enérgico, formado desde los 16 años como asistente de grandes batutas europeas, afronta su nueva temporada entre tres actividades: con los músicos consagrados de la London Symphony -es uno de sus principales directores invitados-, al frente de la Orquesta de la Radio Sueca -entró en 2007- y entre los nuevos valores de la Mahler Chamber, en la que trabaja codo con codo con Claudio Abbado.

El legendario director milanés es uno de sus grandes valedores desde siempre. Igual que Simon Rattle, responsable de la Filarmónica de Berlín, quien le descubrió y le adoptó ya como nuevo valor en su etapa de Birmingham, contratándole como asistente. Fue cuando un audaz Harding le envió una cinta con una grabación del Pierrot Lunaire de Schönberg. Lo había hecho con unos amigos y a Rattle le entusiasmó. Anécdotas así, denotan una audacia precoz. "Cuanto más joven era, más valiente. A los 16 o 17 años, no tenía miedo de dirigir una orquesta. Ahora, a medida que pasa el tiempo, más temor me entra", dice.

Por eso, lo de la ópera se lo va a pensar a fondo. Hasta el momento, el género es una excepción en su carrera. "Me encanta, pero ahora estoy más centrado en la música sinfónica. Elijo uno o como mucho dos títulos al año, lo hago con cuidado, porque si una ópera sale mal, es algo terrible", afirma. Hasta ahora, su actividad en los fosos también ha sido de gran nivel. Sus colaboraciones han ido acompañadas de montajes estelares con nombres como Patrice Chereau, Luc Bondy, Peter Brook o Peter Musbach, vacas sagradas de la escena europea, en la dirección de propuestas.

Pero Harding nunca ha estado al frente de la orquesta de un teatro de ópera como titular. Aunque dice que es algo que cabe en sus planes. "No puedo pensar en el momento, supongo que cuando se den las condiciones. Puede que dentro de cinco años o la próxima temporada", comenta sin comprometerse. Puede que esta semana, si en el Real logran convencerle para aceptar el puesto que hasta 2010 ocupará Jesús López Cobos. En el nuevo proyecto del teatro madrileño también se ha barajado el nombre del venezolano Gustavo Dudamel, de 27 años, a cuya puerta también han llamado. Pero es una opción lejana por el momento, debido a los compromisos del nuevo valor mundial.

El tándem que puede formar Harding con Stéphane Lissner como director artístico es la prioridad en estos momentos. El actual cerebro de la Scala de Milán tiene una oferta para volver al lugar del que salió con cajas destempladas en 1997. Fue antes de que se reabriera el teatro para el que Lissner y Elena Salgado habían diseñado uno de los proyectos frustrados más apasionantes de la escena europea.

Un proyecto que el PP abortó al llegar al Gobierno con el despido de ambos. Aquello colocó al Real en un estilo del siglo XIX que a duras penas se ha ido remontando después hasta el XX. Los responsables del Real hoy quieren colocarse en el XXI y para ello, la apuesta por Lissner y Harding les resulta fundamental. De hecho, habría sido Lissner, actual responsable de la Scala de Milán, quien habría sugerido el nombre del músico británico. "No sé que hará Stéphane, creo que él está contento en Milán. Por lo pronto, él y yo estamos preparando cosas juntos para la Scala", comenta Harding.

Venir a Madrid le seduce. Pero tiene que conocer varias cosas antes de decidirse. "Madrid es una ciudad que me fascina, pero para ser sincero, no conozco el teatro, ni la orquesta", confiesa. Es algo que se encargará de resolver a partir del martes el equipo directivo del Real, que le recibirá entre ensayo y ensayo de la gira que Harding comienza hoy en Valladolid, continúa martes y miércoles en el Auditorio Nacional y concluye en Salamanca.

Para estos conciertos, Harding y la London Symphony llegan con dos programas. En el primero: la Sinfonía número 7 de Sibelius, el concierto para piano y orquesta número 25 de Mozart -con Imogen Cooper como solista- y la Sinfonía número 2, de Schumann. "La obra de Schumann la escribió cuando estaba muy enfermo y muestra una mezcla apasionante de neurosis, pánico a la vida y solemnidad. Oscila entre lo frenético y la ternura hasta el último movimiento, que para mí resulta toda una oración", comenta. En el segundo programa, el director ha unido la Música para cuerda, percusión y celesta, de Béla Bartók y la Sinfonía número 1, de Brahms. "La obra de Bartók aparece en El resplandor, de Kubrick, para mí, la película más terrorífica de la historia. Es una pieza que encaja muy bien ahí porque es tan inquietante como desoladora, aunque acabe de manera cálida", cree.

Son obras que te hacen humilde, una de las claves que debe desarrollar un director de orquesta, piensa Harding. "En nuestro caso no nos queda más remedio. Cuando nos enfrentamos cada día al genio creador de aquellos que compusieron cosas que nuestro intelecto apenas llega a entender no nos queda otra opción que serlo. Es lo más inteligente".

Pero eso no impide que quien acude a escuchar un concierto del director británico deba renunciar a dejarse llevar por una marea de emociones. Como la que ofrece su última grabación de la Décima de Gustav Mahler (Deutsche Grammphon), con la Filarmónica de Viena. Para su debut discográfico con esta orquesta, ha elegido la misma pieza que interpretó con ellos por primera vez hace cuatro años. "Es cien por cien Mahler, una obra loca, moderna y avanzada que me recuerda a El grito de Edvard Munch, un cuadro que se escucha". En Harding, todo lo que tiene que ver con la música, toca la vida: "Me gusta afrontar programas que mezclen todo tipo de estados de ánimo, como el viaje que hacemos cada día en nuestra existencia, ¿no?".

Como quien acude también a un partido de fútbol. Entre el entusiasmo y la desolación. Algo que él experimenta a menudo siguiendo a su equipo del alma, el Manchester United. Por cierto, si recala en Madrid, ¿de quién se hará hincha, del Real o del Aleti? "Sin dudarlo, del Atlético. No me veo animando al Real Madrid, sinceramente. Aunque en el corazón de un aficionado sólo hay lugar para unos colores y los míos siempre serán los del Manchester United".


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DIARIO LA RAZÓN

El batuta conversó con el Teatro Real, que le ha ofrecido la dirección musical


Es el director musical del momento y anda en boca de todos, aunque él sólo quiera concentrarse en sus pentagramas.

MADRID- Han sido cuatro los conciertos que ha celebrado Daniel Harding esta semana en España (el último anoche), pero parece que lleve meses entre nosotros desde que su nombre se baraja como candidato a ocupar el foso del Teatro Real, tras la renuncia del maestro López Cobos a prolongar su contrato más allá de 2010. El batuta nacido en Oxford hace 33 años aterrizó el martes en Madrid. Pasadas las 15.30 pisó la sala de conciertos del Auditorio Nacional en vaqueros, camiseta y sin apearse las gafas, para ensayar con la London Symphony. A las 19.30, la Sala Sinfónica le recibió junto a sus huestes.
Entre los asistentes al concierto, Miguel Muñiz, director general del Teatro Real, Antonio Moral, responsable artístico, y Gregorio Marañón (que repitió ayer), presidente del patronato de la Fundación Teatro Lírico. El ansiado encuentro entre el director inglés y la cúpula del Real se produjo. La oferta no admite dudas: que Harding se haga cargo del foso del Teatro Real. Sería éste el primer contacto en persona, con el ofrecimiento de un contrato.

Empieza la cuenta atrás
A sus 33 años, la carrera de Harding se consolida. Algo vió en él Simon Rattle cuando le ofreció la posibilidad de asistirle en la Orquesta de la Ciudad de Birmingham en la temporada 1993-1994. Tenía poco más de 20 años. Al poco tiempo se topó con su segundo valedor, Abbado. Fue su asistente en Aix-en-Provence, entonces dirigido por Stephane Lissner, que se convirtió en piedra angular en su carrera: cuando éste inauguró su primera temporada como superintendente y director artístico de La Scala ( 2005) fue Harding quien dirigió «Idomeneo». La sombra de Lissner vuelve así a planear sobre el coliseo, tras su salida antes de que se reinaugurase. No es extraño pensar, entonces, que el propio Lissner hubiera recomendado a Marañón el nombre de Daniel Harding. Si el superintendente de la Scala decidiera renegociar su contrato para regresar a Madrid, el Real contaría así con una pareja sólida, el joven cerca de su maestro, aunque quizá el sueldo de Lissner sea un inconveniente para el Real (según algunas fuentes son más de 370.000 euros lo que cobra al año). El Real desearía el sí de Harding, cuyo caché, que rondaría los 12.000 euros cuando baja al foso, podría elevarse hasta los 17.000 en que, según diversas fuentes, estaría el del maestro López Cobos cada vez que dirige.
El bagaje de Harding en la dirección operística no llega a la decena de títulos, sin embargo, su experiencia sinfónica posee más cuerpo. Aún queda por saber cuándo se producirá el encuentro entre la Sinfónica de Madrid (que ha de renovar contrato en 2009) y su futuro titular, si las negociaciones entre las dos partes prosperan. La única orquesta española a la que ha dirigido Harding hasta la fecha es la Sinfónica de Galicia (con una «Cuarta» de Bruckner).


El gran comunicador de Oxford
Rafael Banús

Existía una gran expectación ante la inauguración del ciclo de Ibermúsica, por la London Symphony Orchestra y uno de sus principales maestros invitados, Daniel Harding. No era la primera vez que el director británico actuaba en Madrid, ni tampoco la primera ocasión en que lo hacía con la prestigiosa agrupación, pero su candidatura como aspirante al foso del Teatro Real aumentaba el interés de la velada. A diferencia de los directores que basan su fuerza en la autoridad en el podio, el artista busca ante todo la comunicatividad, con la claridad de su gesto directo y su sonriente aire de estudiante de su Oxford natal. Prescinde de la batuta para lograr mayor acercamiento a la orquesta, con lo que sus versiones resultan enormemente naturales.

Prueba de fuego
Esto se hizo patente, sobre todo, en la magnífica traducción de la «Música para cuerdas, percusión y celesta» de Bartók, verdadera prueba de fuego para cualquier orquesta, y en la que la Sinfónica londinense se empleó a fondo. Fue excelente la manera de establecer el misterio al comienzo de la obra, el impulso rítmico del «Allegro» o la vivacidad popular que imprimió al número final. La «Primera Sinfonía» de Brahms recibió una visión bastante tradicional, a pesar de la curiosa disposición de la plantilla y de algunas arbitrariedades de «tempo» en el último movimiento. La obra del compositor hamburgués fue evolucionando con fluidez y buen sentido cantable, aunque en el «Andante sostenuto» hubiéramos deseado un mayor lirismo. Una lectura mucho más compacta y, si se quiere, «tradicional», que la experimental «Tercera» brindada hace unas semanas en esta misma sala por Gardiner, de texturas más livianas.

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Festival de Orange, 1974

“Casta Diva" es un aria de la ópera Norma de Vincenzo Bellini en la que su protagonista Norma dirige una plegaria a la Luna.

Interpretada por las más grandes sopranos de la historia, fue María Callas quien le dio mayor fama. También Montserrat Caballé ha sido una extraordinaria intérprete de este personaje tan deseado por las sopranos.

 

Casta Diva, che inargenti

queste sacre antiche piante,

a noi volgi il bel sembiante

senza nube e senza vel...

Tempra, o Diva,

tempra tu de’ cori ardenti

tempra ancora lo zelo audace,

spargi in terra quella pace

che regnar tu fai nel ciel...

Fine al rito: e il sacro bosco

Sia disgombro dai profani.

Quando il Nume irato e fosco,

Chiegga il sangue dei Romani,

Dal Druidico delubro

La mia voce tuonerà.

Cadrà; punirlo io posso.

(Ma, punirlo, il cor non sa.

Ah! bello a me ritorna

Del fido amor primiero;

E contro il mondo intiero...

Difesa a te sarò.

Ah! bello a me ritorna

Del raggio tuo sereno;

E vita nel tuo seno,

E patria e cielo avrò.

Ah, riedi ancora qual eri allora,

Quando il cor ti diedi allora,

Ah, riedi a me.)

 

En el cine “Casta diva” ha participado en la banda sonora de películas como “Los puentes de Madison”, de Clint Eastwood, “El balneario de Battle Creek”, de Alan Parker o “Sueño de una noche de verano”, de Michael Hoffman.

 

"Norma", octava de las once óperas que escribiera Vincenzo Bellini, se estrenó el 26 de diciembre de 1831 en Milán. El triunfo de Norma fue imparable: en pocos años todos los teatros del mundo conocían la obra, incluso Nueva York (1841) y Buenos Aires (1849). El autor del libreto fue Felice Romani, colaborador habitual no sólo de Bellini, sino también de Donizetti y otros autores del período operístico conocido como del "bel canto", denominación que suele aplicarse a las obras vocales -en particular las arias- de las óperas italianas de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, que tienen como característica principal su lirismo y dulzura, donde la melodía fluye suavemente. Esto supone la contraposición a las arias de bravura que dominarán en períodos posteriores, hallando en el genio de Verdi su más alto exponente. En el "bel canto" se utiliza la fuerza expresiva de la voz, generalmente en tesituras muy agudas, para rivalizar con las sonoridades, en continuo desarrollo, que ofrece la orquesta. Además este tipo de canto, que podría denominarse protorromántico, participa del gusto neoclásico del período anterior, el clasicismo, lo cual exige un fraseo amplio, de gran impronta en los recitativos, capaz de trasmitir la atmósfera de la tragedia lírica.

"Norma" se encuentra, pues, en la confluencia de la tradición de la antigua ópera seria italiana y la evolución de la reforma de Gluck. Bellini compuso la obra bajo el influjo de Cherubini y Spontini, y, sobre todo de Rossini. Esta ópera cuenta, desde el punto de vista musical, con una cuidada instrumentación, además de una gran riqueza melódica. No es de extrañar, ya que con ello el compositor pretendía acallar las críticas crecientes sobre la excesivamente simple instrumentación musical de sus obras anteriores.


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martes, 21 de octubre de 2008






Orquesta Filarmónica de San Petersburgo
Evgeni Mravinski, director


Piotr Ilich Chaikovski vivió entre 1840 y 1893 una vida muy agitada que apenas sobrepasó los cincuenta años, ello sumado a la hipótesis del suicidio. El hecho de haber bebido agua sin hervir, en medio del riesgo del cólera, da razón a tal hipótesis que, por otra parte, se inscribe en las circunstancias dramáticas de su existencia.

Chaikovski fue acusado con frecuencia de germanismo y de no estar atento a las melodías y danzas folclóricas de su patria. Si bien es cierto que su nacionalismo no tuvo el carácter sistemático de Rimski, Borodin y Musorgski, es preciso matizar esa diferencia.

El carácter nacional está presente en sus obras, como ocurre en el movimiento lento de su primer cuarteto de cuerdas o en el final de su Cuarta Sinfonía. En ambos casos se sirve de temas inequívocamente rusos.

Puede agregarse que el espíritu dramático adopta en él un tono de melancolía que es fácil asociar al perfil de la sensibilidad rusa. Un ámbito en el cual se encuentran Chejov y Turgueniev para referirnos al campo de las letras. Su línea melódica elige generalmente ese sendero. Aunque en alguna de sus obras el motivo inspirador provenga de Dante, Byron o Shakespeare, el velo de la melancolía tiñe de modo muy significativo el carácter de su música.

La hermosa obertura-fantasía Romeo y Julieta evoca el drama del bardo inglés tal como Francesca da Rimini se inspira en el poeta italiano. En ambos casos la expresividad de su música se calca sobre la trama literaria con plasticidad muy feliz, la misma con la cual traduce a Byron en su sinfonía Manfredo.

Su interés como músico elegía personajes y situaciones dramáticas, conflictivas, afligidas por la pasión intensa, aquellas que podían acercarse a su propia visión de sí mismo y de su propia vida. Chaikovski puede definirse como un romántico tardío, de allí el interés que puso en componer con un trasfondo dramático, literario generalmente, alejado de la abstracción formal. Sus obras revelan siempre esta necesidad de asociarse a una trama anecdótica, sustancia dramática que subyace el discurso musical, al margen de la manera con la cual cumplía con las normas de la composición.

Por esta razón pudo escribir música destinada al ballet con acierto y gracia que ha hecho de Cascanueces, La bella durmiente y El lago de los cisnes obras que no abandonan el repertorio de los grandes de la danza.

En cuanto a la obra que nos ocupa, está basada en la historia de Paolo y Francesca da Rimini, asesinados por Malatesta, su malvado esposo, al descubrir su infidelidad. Dante dio forma a la historia en su Divina Comedia, disponiendo a los amantes en el círculo del infierno más cercano al purgatorio, condenados al dolor eterno. "No hay mayor dolor que recordar el tiempo feliz en la miseria", es la frase que exclaman los desdichados.

Chaikovski, con su gran instinto dramático, nos brinda una música maravillosa, amenazadora, lírica, apasionada... Una de sus mejores obras.


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lunes, 20 de octubre de 2008

Alicia de Larrocha interpreta magistralmente este fragmento de la valiosa obra de Falla.

A continuación se reproduce el artículo "LA VOZ DEL PIANO ESPAÑOL: ALICIA DE LARROCHA.", publicado por Asier Vallejo en Filomúsica (nº 19, Agosto de 2001):

No se pueden ustedes ni imaginar lo difícil que resulta empezar hablar sobre Alicia de Larrocha, por la razón de que todo lo que se diga de ella será poco, no más que un conjunto de palabras incapaces de explicar lo que es la magia de la música en toda su esencia. Y es que esta señora ha sido la única que ha sabido trasladar al público el embrujo pianístico de la obra de los compositores españoles del pasado siglo.

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Ella es catalana, como Isaac Albéniz, como Enrique Granados, como Federico Mompou, o como Xavier Montsalvatge. Nacida en Barcelona el 23 de mayo de 1.923, debutó ya con cinco años en la Exposición Universal de Barcelona en el 29, es decir, fue una niña prodigio; es normal, si tenemos en cuenta que es descendiente de discípulas de Granados, y así vivió desde muy pequeña inmersa en un importante ambiente musical. Fue precisamente el continuador de la escuela pianística de Granados, Franck Marshall, el maestro del que Alicia recibió lecciones musicales ya de muy joven. Los mayores impulsos fueron, por una parte, su debut con orquesta, con Joan Lamote de Grignon, y, sobre todo, la presentación en Madrid, interpretando un concierto de Mozart, siendo acompañada por la Orquesta Sinfónica dirigida por el Maestro Fernández-Arbós. La joven pianista tenía tan sólo doce años. Poco después, en el 39, actuó en diversos conciertos en el Gran Teatro del Liceo.

Desde entonces, su carrera, impulsada en parte gracias al apoyo de Artur Rubinstein, se desarrollaría a lo largo del continente europeo, para más tarde cruzar el Atlántico rumbo a Estados Unidos, cuando Alfred Wallenstein la requirió para hacer una gira con la Orquesta Filarmónica de Los Angeles. Desde aquel año de 1.956, Alicia de Larrocha ha venido desarrollando una labor concertística que alcanza los cinco continentes, bien en solitario, o bien en compañía de las más importantes orquestas y los más reconocidos directores. Además, sus colaboraciones con violinistas, violoncelistas, conjuntos de cámara o cantantes han sido también muy apreciadas. Ha recibido una gran cantidad de premios, tanto por su actividad concertística como por la discográfica.

El repertorio de Alicia de Larrocha está centrado en la música de los autores españoles del pasado siglo. La ha hecho suya, a pesar de las aportaciones de pianistas españoles como Esteban Sánchez, Gonzalo Soriano, Joaquín Achúcarro o Rafael Orozco, o los siempre agradecidos acercamientos de Artur Rubinstein, Claudio Arrau o, últimamente, Daniel Barenboim. Lo cierto es que parece lógico, después de que ya de niña amaba la música española, y ya estaba ansiosa de tocarla, por más que se le pidiese paciencia por parte de sus maestros.

No resulta exagerado afirmar que el que más tan sólo ha sido capaz de hacer sombra a la catalana en la interpretación de una de las cumbres del piano universal: la suite "Iberia", que le debe tanto a Alicia de Larrocha como a su propio autor, Isaac Albéniz. La ha llevado por todo el mundo, ha creado un ejemplo a seguir en la interpretación de la obra y, además, la ha llevado al disco en varias ocasiones, cada vez con mayor acierto. En cualquiera de sus grabaciones se puede apreciar su capacidad de combinar sentido del ritmo con una impresionante aptitud para crear imágenes o impresiones cargadas de tensión y emoción. Su lectura de la obra de Albéniz es quizás el mayor tesoro que nos haya podido descubrir, pero no el único: toda la obra pianística del de Gerona ha encontrado en Alicia de Larrocha su mayor intérprete.

Al igual que en el caso de Albéniz, Enrique Granados y Manuel de Falla se sentirían agradecidos a Alicia de Larrocha, y allí donde estén es seguro que han sido dos de sus más grandes admiradores. Parte de la obra pianística de estos dos compositores deben su actual reconocimiento a la labor de la pianista catalana, que ha llevado al disco la integridad de sus composiciones para piano (algunas como "Goyescas" de Granados o "Noches en los Jardines de España" de Falla en varias ocasiones), y una vez más sus interpretaciones la colocan a la cabeza de la interpretación de la música de ambos creadores.

Nuestra pianista más universal, además, se ha acercado a otros músicos españoles (¡siempre con acierto!), como Joaquín Turina o Federico Mompou, y también a otros más lejanos como a W. A. Mozart, L. Van Beethoven o R. Schumann.

Y no piensen que esto lo firma un fanático de Alicia de Larrocha, que la idolatra y que no sabe más que alabarla; su arte es apreciado en todo el mundo, en especial en España y en Estados Unidos, donde las salas y auditorios se abarrotan para apreciar un arte extraído de una diminutas manos que han dado mucho que hablar; su música la ha llevado a ser considerada una de las grandes del siglo XX. Es, en resumidas cuentas, la voz del piano español. Escúchenla, y conocerán el porqué.

Publicado por jrtapia @ 8:00  | El piano
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domingo, 19 de octubre de 2008









Gil Shaham, violín

Orquesta Sinfónica de la NDR de Hamburgo
Christoph von Dohnányi, director

I. Tocatta

II. Aria I

III. Aria II

IV. Capriccio

 

El Concierto para violín y orquesta en Re mayor de Stravinski es una obra característica del  período neoclásico de este compositor. En él utiliza ciertas armonías, motivos, figuras de violín y formas clásicas, pero de manera absolutamente contemporánea: ubica l os viejos sonidos en contextos nuevos, pues interpone disonancias a la armonía tonal de las obras y emplea células y motivos rítmicos desplazados de la marca de fábrica de Stravinski, a la vez que recuerda a las óperas y los temas de Monteverdi, Gluck o Mozart.

La combinación de lo nuevo y lo viejo de Stravinski es única y, correctamente, se le considera el líder del movimiento neoclásico. Prácticamente todos los compositores importantes pasaron por una fase neoclásica en las décadas de 1930 y 1940. Los que habían hecho experimentaciones radicales en sus primeros años sintieron una necesidad de integrar sus nuevos descubrimientos en la tradición. Ahora abordaban las mismas cosas contra las que se habían rebelado en la década de 1910. En el caso de Stravinski, el neoclasicismo duró de aproximadamente 1920 hasta alrededor de 1955. Durante esos años escribió música extremadamente sofisticada y bella, de la cual el Concierto para Violín constituye un ejemplo de gracia particular.

Igor Stravinski nació en Oranienbaum, Rusia, el 17 de junio de 1882, en el seno de una familia con tradición musical. Su padre, Feodor, era barítono de la Ópera Imperial y su madre una excelente pianista. A los  siete años de edad el pequeño Igor tomó sus primeras clases de piano con un alumno de Anton Rubinstein. Durante algún tiempo fue autodidacta. Entre 1903 y 1907 estudió instrumentación con Nicolás Rimski-Korsakov, y armonía y composición con Kalafetti. En 1906 contrajo matrimonio con su prima Nadedja Soulima y en 1940 se volvió a casar con Vera Soudeikine. Al estallar la Revolución Rusa en octubre de 1917, Stravinski salió de su país natal y se trasladó a Francia, donde permaneció varios años, adoptando la nacionalidad francesa en 1934. Residió en Estados Unidos a partir de 1939, donde en 1945 adoptó la nacionalidad norteamericana.

El Concierto para violín y orquesta en Re mayor fue compuesto entre Niza y Voreppe en la primavera y el verano de 1931. Tiene cuatro movimientos y fue estrenado el 23 de octubre de ese mismo año en Berlín, bajo la dirección del propio Stravinski, llevando como solista a Samuel Dushkin, notable violinista a quien fue dedicado el concierto, ya que siempre estuvo en la mejor disposición de darle al compositor todas las indicaciones técnicas que pudiera necesitar.

Dushkin fue un apoyo vital para Stravinski durante el proceso de creación de la partitura, al igual que Paul Hindemith, quien además de compositor era un experto intérprete de viola y de violín. Ambos aplacaron el temor de Stravinski con respecto a su poca familiaridad con el instrumento y alentaron sus exploraciones técnicas en la obra.  Hindemith lo tranquilizó al respecto, agregando además que era una ventaja el hecho de no saber tocar el violín, ya que así no caería en una técnica rutinaria y podrían ocurrírsele ideas que no podrían darse por el habitual movimiento de los dedos.

Cada uno de sus cuatro movimientos se inicia con una breve introducción consistente en varios acordes del violín solo, ligeramente variados. El primer movimiento (Tocatta) contiene tres temas desarrollados en una forma, en ocasiones, complicada. Siguen el Aria I de intensa expresividad y amplia melodía, y el Aria II más bien ornamental. El cuarto  y último movimiento (Capriccio) está formado de dos temas principales, los cuales contienen muchos pasajes de virtuosismo para el solista.

El concierto se caracteriza en su conjunto por una pulsación rítmica fuerte y continua, un aspecto que el coreógrafo George Balanchine apreció y aprovechó en su ballet Balustrade, basado en este concierto, que fue estrenado en 1941.


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sábado, 18 de octubre de 2008


En 1917, mientras trabajaba en "La Rondine", Puccini comenzó a componer "Il tabarro", la primera de las tres óperas en un acto que conformaron "Il trittico". Le siguieron "Suor Angelica", una tragedia sentimental, y "Gianni Schicchi", una comedia o farza. De las tres, esta última ha resultado ser la más duradera en el repertorio, representándose por sí sola a menudo. Uno de los momentos más populares de esta ópera es el aria de Lauretta, "O mio babbino caro", fragmento que recoge el vídeo en la hermosa voz de la soprano lírica Kiri Te Kanawa.

Te Kanawa (6 de marzo, 1944), es neozelandesa de ascendencia maorí. En 1981 se estima que fue vista y oída por 600 millones de personas en todo el mundo cuando interpretó el aria de Haendel "Let the Bright Seraphim" en la boda de Carlos, Príncipe de Gales y Lady Diana Spencer.

Te Kanawa nació en Gisborne, Nueva Zelanda. Fue adoptada cuando aún era una niña y poco se sabe de sus padres biológicos. Comenzó su carrera de cantante como contralto pero más tarde se convirtió en soprano.

En su adolescencia y primera juventud, Te Kanawa fue una popular cantante de repertorio ligero en Nueva Zelanda. Su grabación de "Nun's Chorus" de la opereta de Strauss "Casanova", fue el primer disco de oro de Nueva Zelanda.

En 1965 ganó un concurso de canto y recibió una beca para estudiar en Londres. En 1966 se matriculó en el London Opera Centre.

En 1971, Te Kanawa debutó en la Royal Opera House, Covent Garden, como la Condesa Almaviva, en "Le nozze di Figaro" (Las bodas de Fígaro) de Mozart. Su debut en la Metropolitan Opera de Nueva York tuvo lugar en 1974 como Desdémona, protagonista femenina de la ópera de Verdi "Otello".

En los años siguientes, actuó en la Lyric Opera de Chicago, Ópera de París, Sydney Opera House, Ópera de Viena, Scala de Milán y las Óperas de San Francisco, Munich y Colonia, añadiendo los personajes de Mozart de Doña Elvira, Pamina, y Fiordiligi, además de personajes del repertorio italiano como Mimi en "La Bohème". Te Kanawa tiene una particular atracción por las heroínas de Richard Strauss: la Mariscala (Marschallin), la Condesa en "Capriccio", y la protagonista en "Arabella".

Te Kanawa ha sido galardonada con frecuencia. Fue nombrada "Dame Commander" de la Orden del Imperio Británico en 1982, investida con la Orden de Australia en 1990 y condecorada con la prestigiosa Orden de Nueva Zelanda en 1995. También ha recibido títulos honoríficos de universidades como Cambridge, Oxford, Nottingham, Durham, Dundee, Warwick, Chicago, Auckland y Waikato así como miembro honorario del Somerville College, Oxford y Wolfson College, Cambridge.

Te Kanawa aún actúa en teatros de ópera y salas de concierto, excepto cuando descansa en su casa de vacaciones en la Bahía de las Islas de Nueva Zelanda.

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viernes, 17 de octubre de 2008


David Tudor, piano

El compositor norteamericano John Cage tuvo considerable influencia en la vanguardia de su tiempo, tanto en la música como en la danza. Cage nació el 5 de septiembre de 1912 en Los Ángeles y estudió con los compositores estadounidenses Henry Cowell y Adolph Weiss, así como con Arnold Schönberg. En 1942 se instaló en Nueva York. Por influencia del zen, Cage utilizó con frecuencia los silencios como un elemento musical, dando a los sonidos una entidad dependiente del tiempo; de esta manera buscó en su música un decageden lógico. En Music of Changes (1951), para piano, las combinaciones de tono aparecen en secuencias determinadas por agentes aleatorios. En 4'33'' (1952), e lintérprete se sienta en silencio ante el piano durante toda la obra; los sonidos inconexos del ambiente constituyen la música. Al igual que en Theatre Piece (1960), donde músicos, bailarines y mimos actúan al azar según determinadas funciones preseleccionadas. En sus piezas para "piano preparado", como Amores (1943), determinados objetos colocados entre las cuerdas del piano modifican los sonidos de éste. Compuso obras de danza para el coreógrafo estadounidense Merce Cunningham. Entre sus libros deben mencionarse Silence (1961), Empty Words (1979) y X (1983).

 Cage usaba el término "música no-intencional" para algunas de sus obras. Un ejemplo es 4'33", cuya partitura especifica que el intérprete no ejecutará sonido alguno en su instrumento durante los 4 minutos y 33 segundos que dura la obra.
En 4'33'' Cage hizo difuminarse las fronteras entre la música, el sonido y los fenómenos no musicales. La primera interpretación de la misma estuvo a cargo del pianista David Tudor.

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jueves, 16 de octubre de 2008





Orquesta Filarmónica de Viena
Leonard Bernstein, director


Jean Sibelius esbozó su Séptima Sinfonía en 1918. Se puso a trabajar a fondo en ella durante un viaje a Italia, en marzo de 1923; la obra quedó terminada definitivamente el 2 de marzo de 1924. El compositor dirigió el estreno en Estocolmo, el 24 de marzo de 1924. 

La Sinfonía nº 7 en Do mayor, Op. 105 es una composición absolutamente sinfónica en un único movimiento que no se subdivide en secciones independientes. Se trata de una obra majestuosa, concentrada, muy integrada. Hay en ella elementos provenientes de la forma sonata y del rondó, pero tratar de que la Séptima encaje en los modelos sinfónicos tradicionales constituye un ejercicio estéril.

Sibelius nunca ha estado  considerado como un compositor con pretensiones innovadoras. Jamás se permitió los colores orquestales tan extravagantemente originales de Richard Strauss; nunca experimentó con nuevas armonías en la medida que lo hiciera Claude Debussy; no estuvo interesado en las disonancias cargadas de emotividad de Arnold Schoenberg ni en los collages masivos de Charles Ives; tampoco se sintió atraído por nuevos y agitados ritmos como le ocurriera a Igor Stravinsky. Sin embargo, Sibelius fue muy original a su manera, pues sus innovaciones han sido más sutiles que las de sus contemporáneos. Experimentó con la forma: utilizando  sonidos tradicionales, encontró nuevas formas de integrar composiciones a gran escala. Su interés en este nuevo medio de continuidad y desarrollo se manifiesta ya en la Segunda Sinfonía y alcanza su cénit en la Séptima.

En cierta ocasión Sibelius expuso sus ideas sobre la naturaleza de una sinfonía ante Gustav Mahler, otro compositor que trataba de redefinir la forma sinfónica. Años después del encuentro Sibelius refería que "el contacto entre nosotros quedó establecido durante algunos paseos en los que analizamos exhaustivamente, desde todos los ángulos, las grandes cuestiones de la música. Cuando hicimos referencia a la naturaleza de la sinfonía, yo dije que admiraba su estilo y la severidad de su forma y la profunda lógica que creaba una conexión interna entre todos los motivos. Esta había sido mi experiencia en el curso de mi trabajo creativo. La opinión de Mahler era exactamente la opuesta: '¡No! la sinfonía debe ser como el mundo. Debe abarcarlo todo'."

La severidad, las restricciones, la lógica estructural fuertemente controlada de la Séptima Sinfonía de Sibelius (cualidades que son necesarias en una forma de un solo movimiento) son el opuesto estético del panorama extendido y visionario de la Tercera Sinfonía de Mahler, por ejemplo. Y estas dos sinfonías están igualmente alejadas de las formas clásicas de Mozart y Haydn.


Sibelius no iba desencaminado al hablar de una lógica interior de conexión motívica. En este sentido, su Séptima Sinfonía contiene varios motivos independientes, como la escala ascendente que abre la obra, que impregna toda la música. Estos motivos están sometidos a variación y desarrollo, pero rara vez se expanden hasta llegar a ser melodías completas. La única melodía directa es el poderoso solo de trombón que se escucha en tres momentos diferentes. En cada una de esas ocasiones la música está escrita magníficamente, con una textura contrapuntística que conduce a una maravillosa intensificación climática. Obsérvese que en su primera aparición, al poco de iniciarse la sinfonía, el sonido del trombón atraviesa toda la orquesta. Y obsérvese también  la música maravillosamente expansiva que toca ésta: después de algunas vacilaciones en lo tonal, la música alcanza por fin la tonalidad base de Do mayor, lo que produce una maravillosa sensación de estabilidad. En las apariciones subsiguientes del tema del trombón la creciente complejidad del contrapunto recuerda a la música de Giovanni Palestrina, compositor del siglo XVII a quien Sibelius admiraba enormemente y había estudiado con gran  atención.

La Séptima comienza y termina en una atmósfera sonora "religiosa" que en manos de Bernstein puede recordar a muchos oyentes el Adagio de Samuel Barber. A diferencia de lo que acontece con otras grandes versiones -como la de Barbirolli- no suena vitalista ni siquiera en el "Allegro molto moderato". El pesimismo de Bernstein parece que viera esta obra, de nuevo, como una despedida de la vida.

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miércoles, 15 de octubre de 2008



Orquesta de la Metropolitan Opera House de Nueva York
James Levine, director


La obertura de esta ópera es una de las más exquisitas miniaturas salidas de la pluma de Mozart. Contrariamente a lo que se estilaba en la época, no contiene material temático empleado en el resto de la obra. No obstante, el carácter de la música prepara el ambiente mágico, irreal en el que se va a desarrollar la acción.

La obertura se inicia con unos solemnes toques en fortisimo de cuerdas, maderas y metales. A continuación un rápido pasaje
de las cuerdas en pianísimo conduce a una frase a cargo de las maderas. Finalmente, la citada frase se extiende a toda la orquesta en un fortísimo. Tras los toques masónicos en grupos de tres a cargo de maderas y metales  se presenta el segundo tema, algo gracioso y juguetón, expuesto por los violines, que va adquiriendo mayor colorido y relieve al ser tocado por las maderas. Aunque la obertura de "La flauta mágica" carece de un desarrollo formal, finaliza en cambio con una extensa coda.

En el último año de su vida Mozart trabajó sobre una ópera seria –término que se refiere a las óperas barrocas de carácter trascendental, escritas sobre temas heroicos o mitológicos–, "La clemencia de Tito", cantada en italiano, y un singspiel: "La flauta mágica".

El singspiel es un tipo de ópera popular cantada en alemán, donde se intercalan partes habladas. Se cree que Schikaneder pudo ser hermano de logia de Mozart. Él fue el primer a Papageno, mientras que el papel de la Reina de la Noche era interpretado por Josepha Hofer, cuñada de Mozart. La suntuosidad de la orquestación, dice Michel Parouty refiriéndose a la obertura de "La flauta mágica", da un valor único a esta página musical.

"La flauta mágica" fue compuesta para el teatro popular de Emmanuel Schikaneder, destinada a un público que recibiría con agrado una ópera al estilo de un cuento de hadas con elementos de comedia y drama moralizante. Sin embargo, el contenido de esta obra va más allá puesto que en ella se representa de manera crítica la realidad política y social de la época, empleando un lenguaje lleno de simbolismo masónico –cabe anotar que Mozart se había iniciado en la masonería en 1784–. Es evidente que muchas de las ideas y motivos de "La flauta mágica" pueden ser relacionados con los de la filosofía de la Iluminación.

Actualmente "La flauta mágica" está presente de manera habitual en los repertorios de las casas de ópera de todo el mundo. Su estatus como obra maestra operística es incuestionable, único dentro del más reducido ámbito del singspiel, donde no tiene comparación posible. Su estreno tuvo lugar en el Theater an der Wien Viena, el 30 de septiembre de 1791, bajo la dirección del propio Mozart, poco más de dos meses antes de su fallecimiento.


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martes, 14 de octubre de 2008


Alban Berg fue, como Anton von Webern, alumno y amigo de Arnold Schoenberg en Viena. Allí se quedó cuando Schoenberg partió hacia el exilio, escribiendo sus obras en silencio y siendo casi un desconocido, e intuyó tan poco como sus amigos que veinte años después de su muerte esta estrecha camaradería de tres hombres desiguales pero con las mismas ideas sería denominada "Segunda Escuela de Viena", basándose en la suposición (objetivamente inexacta) de que Haydn, Mozart, Beethoven y Schubert habían configurado la "Primera".

En 1910 Berg había terminado sus estudios con Schoenberg. Su obra de "graduación" fue la Sonata para piano catalogada como opus nº 1, una de las obras "más formidables jamás escritas por un compositor". Cuando Schoenberg abandonó el empleo de la tonalidad (que había sido la base principal de la música durante varios siglos) y comenzó a experimentar en lo que se conocería posteriormente como atonalidad, Berg y su colega Webern se unieron a esta búsqueda de posibilidades sonoras, como se evidencia en sus Cuatro Lieder Op. 2 y su Cuarteto de cuerdas Op. 3.

Un concepto importante que es básico en la Sonata Op. 1 es lo que se conocería después como variación continua, que consiste en que la unidad de una pieza depende de que todos los aspectos de ella deriven de una sencilla idea básica. Berg también transmitió esta idea a sus alumnos, uno de los cuales, el filósofo y músico Theodor Adorno dijo: "El principio más importante que me enseñó es el de la variación: se asume que todo debe desarrollarse y ser además intrínsecamente diferente". La Sonata es un excelente ejemplo de trabajo en esta línea: toda la composición se deriva del motivo inicial de cuartas y de la frase inicial.

Por otra parte, la Sonata está escrita en Si bemol, en un solo movimiento, pero con una estructura formal clásica: la exposición, que se repite, consta de dos temas o sujetos y un tema conclusivo. Tras el desarrollo, llega la recapitulación, finalizando la obra con una coda.

La interpretación del pianista Glenn Gould está a la altura de la calidad de la obra.

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lunes, 13 de octubre de 2008



Anna Netrebko (soprano)
Rolando Villazón (tenor)
Festival de Salzburgo (2005)


Junto a Rigoletto(1.851) e Il Trovatore(1.853), La Traviata conforma una terna de óperas que terminaron de consagrar a Giusseppe Verdi tras muchos años en los que los encargos de las distintos teatros habían hecho sufrir el talento del compositor de Busseto. Los "anni di galera", como él los denominaba, habían acabado y ahora sus óperas podían ser más elaboradas, lo que se empezó a notar en Rigoletto. Sólo habría que esperar dos años para que La Traviata se estrenase en el mismo teatro donde había cosechado el gran éxito de Rigoletto... pero no resultó así.


El estreno de La Traviata resultó ser un fracaso, por cierto, esperado para el compositor que desde el primer momento mantuvo dudas sobre el elenco escogido por la dirección del Teatro de la Fenice en Venecia. Un año después volvió a la ciudad, pero a otro teatro, el de San Benedetto, y ahí es donde llegó el verdadero triunfo de esta ópera emblemática.

La ópera, basada en "La dama de las camelias" de Alejandro Dumas, comienza con una fiesta de alta sociedad en casa de Violetta a la que asisten los amigos de ésta entre los que figura Gastón, el Barón Douphol, el marqués o Flora. Gastón presenta de forma halagadora a Alfredo Germont ante Violetta que queda prendada ante aquel joven. Ya sentados en el banquete, empiezan a dialogar sobre el interés que sintió Alfredo por Violetta cuando llega el primer gran momento de la ópera y que le ha dado popularidad en el mundo, como es el célebre brindis (Libiamo!) que entona el tenor y que sigue la soprano posteriormente.


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domingo, 12 de octubre de 2008



Festival Strings Lucerne
Domingo Garcia Hindoyan, director
(Clases de dirección de Bernard Haitink)


Cuando se habla de Impresionismo musical vienen a la cabeza compositores como Ravel, Debussy, Albéniz o Satie. En sus obras, los citados artistas trataban de reproducir sensaciones y momentos concretos mediante los timbres de los instrumentos y las características de sus melodías, así como los cuadros de Pisarro o Manet tratan de captar un instante concreto de la realidad. Los impresionistas también eran en cierta forma simbolistas, ya que esa finalidad descriptiva era buscada por medio de figuras o “leitmotivs” melódicos; pero esta distinción nos llevaría hacia otros fines de los pretendidos en este artículo.

Como ejemplo de lo que eran capaces de sugerir estos compositores se puede analizar la suite de Ma mère l'oye” (Mi madre la oca), obra de Maurice Ravel que trata de recrear distintos personajes de los cuentos infantiles; en el caso del cuarto tiempo, se trata de la historia de la Bella y la Bestia (Les Entretiens de la Belle et de la Bête) . El movimiento arranca con el suave sonido del clarinete y la base de cuerdas y vientos que representa a la Bella, como si se estuviese dirigiendo al castillo de la Bestia. Pero en 1:06 irrumpe el contrafagot sobre pizzicatos disonantes  de la cuerda, representando así la rudeza y fealdad de la Bestia: mientras la armonía del tema que representaba a la Bella era suave y delicada, ahora es áspera y tiene un aire de intriga. A continuación la flauta, el oboe y el clarinete retoman el personaje de Bella utilizando para ello algunas partes del tema expuesto al inicio.

Desde 2:00 hasta 2:12 se acumula una gran tensión, una incertidumbre, simbolizando el dolor agonizante de la Bestia por el abandono de su amada. Al resolverse la tensión, se entrelazan los dos temas anteriores, recordando el intento por parte de Bella de redimir a la Bestia. La tensión va a volver a presentarse en 3:00, pero esta vez la resolución va a ser más positiva: por medio de un glissando del arpa,  se describe la transformación de la Bestia en un bello Príncipe, simbolizado por los armónicos del violín solista. Al final del movimiento, las disonancias van a recordar la antigua naturaleza del Príncipe, pero finalmente el acorde perfecto mayor va a transmitir la seguridad de que la Bella y la Bestia han alcanzado su felicidad.


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sábado, 11 de octubre de 2008

Jorge Donn nació en Buenos Aires el 25 de febrero de 1947. Comenzó a bailar a los cuatro o cinco años. Estudió en la Escuela del Teatro Colón en Buenos Aires. Su maestra fue María Fux.

En 1963 Donn viajó a Bruselas para trabajar en la compañía de Maurice Béjart y pronto se convertiría en su bailarín principal. En 1979 interpretó por primera vez "Bolero", ballet que fue compuesto para la bailarina Ida Rubinstein. Es memorable la interpretación de "Bolero" que realizó Jorge Donn en el filme "Los Unos y Los Otros", del director Claude Lelouch.

Béjart creó muchas coreografías especialmente para Jorge Donn: "Bhakti" (1968), "Nijinski, clown de Dios" (1971), "Golestan: el jardín de las rosas" (1973), "Lo que el amor me dice" (1974), "Nuestro Fausto" (1975), "Leda" (1978), "Adagietto" (1981) y otras.

Donn fue desde 1976 director artístico del Ballet del Siglo XX. En 1988 formó su propia compañía, L'Europa Ballet, que existió corto tiempo.

En 1989, fue nominado por la fundación Konex como uno de los mejores bailarines.

Murió de sida el 30 de noviembre de 1992 en Lausanne. Fue homenajeado por muchos coreógrafos: Maurice Béjart con su "Ballet por la vida" (o "El presbiterio no ha perdido nada de su encanto ni el jardín de su esplendor"), Denys Ganio ("Tango... una rosa para Jorge Donn"), Carolyn Carlson ("Homenaje a Jorge Donn"), Grazia Galante ("Masticando Sueños").

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jueves, 09 de octubre de 2008

JAVIER PÉREZ SENZ

BABELIA -  EL PAÍS

 Más sabio, más sereno y lúcido que nunca, Claudio Abbado (Milán, 1933) celebra este año su 75º aniversario como sólo los viejos maestros saben hacerlo, al pie del cañón, contagiando su pasión por la música en cada concierto. Quienes le conocen de cerca dicen que sigue siendo una persona muy tímida y reservada, pero que se ha vuelto menos esquivo. Tras salir victorioso en su lucha contra un cáncer de estómago, muestra ahora una vitalidad extraordinaria y disfruta con contagiosa alegría el placer de hacer música.

Músico respetado en todo el mundo, Abbado ha sabido mantener a salvo su honestidad e integridad artística sin ceder a las tentaciones que rodean al negocio de la música. Sabe que el poder pasa su inevitable factura -en su larga carrera, iniciada en 1960, ha llevado las riendas de orquestas como la Sinfónica de Londres y la Filarmónica de Berlín, donde sucedió al todopoderoso Herbert von Karajan, y de teatros siempre convulsos, como la Ópera de Viena y la Scala de Milán- y ahora prefiere invertir sus energías en proyectos que mantienen viva su curiosidad como intérprete: por eso es tan feliz dirigiendo la Orquesta del Festival de Lucerna, que creó reuniendo a cotizados solistas internacionales que comparten el amor por la música sin divismos: o cuando trabaja con formaciones de jóvenes músicos dispuestos a dejarse la piel en cada concierto, como la Joven Orquesta Mahler o la Simón Bolívar de Venezuela.

 Músico comprometido socialmente, transformó la vida cultural milanesa en los setenta colaborando con Giorgio Strehler, Paolo Grassi, Luigi Nono y Maurizio Pollini, acercando la música a zonas deprimidas de Italia, como la Emilia Romagna, a través de ensayos públicos, talleres y conciertos en fábricas y escuelas. En plena madurez, vuelve a dejar constancia de su compromiso con el arte en su nueva aventura, la interpretación de la música barroca y clásica con instrumentos originales y criterios de época. Para explorar este territorio ha asumido la dirección de la Orquesta Mozart, fundada en 2004 en el seno de la Academia Filarmónica de Bolonia, con la colaboración como concertino del virtuoso e inquieto Giuliano Carmignola.

 Los frutos de su flamante pasión historicista con esta orquesta constituyen el regalo de aniversario que Deutsche Grammophon, donde graba desde 1967, brinda al maestro milanés con motivo de su 75º aniversario. Mozart copa el protagonismo en la edición con dos lanzamientos: un doble disco con los cinco conciertos para violín, con Carmignola, y la soberbia Sinfonía concertante para violín y viola, K. 364, con la violista Danuscha Waskiewickz compartiendo tareas solistas. El otro doble álbum reúne cinco sinfonías, entre ellas las conocidas Haffner, Praga y Júpiter.

 La edición incluye su segunda integral de las nueve sinfonías de Beethoven al frente de la Filarmónica de Berlín, grabada hace ocho años en la Academia Santa Cecilia de Roma y sólo disponible hasta la fecha en DVD (EuroArts), salvo la famosa Novena, que es la misma versión del ciclo berlinés grabado en 2000. Hay más Beethoven, pero éste es ya un clásico, los cinco conciertos para piano, con Maurizio Pollini, grabados en directo en 1992 y ahora reeditados en un triple álbum junto a una novedad, el Triple concierto para piano, violín y violonchelo, con Alexander Lonquich, Ilya Gringolts y Mario Brunello como solistas y la Joven Orquesta Simón Bolívar.

 El sello amarillo también ha editado Abbado in concert, un doble DVD que recoge dos chispeantes oberturas de Rossini -El barbero de Sevilla y La cenerentola- con la orquesta de la Scala, y, en una oportuna muestra de su intensa relación artística con la Filarmónica de Viena, tres piezas vocales de Mozart, la bellísima Misa número 6, D 950, de Schubert, y una fenomenal versión del Concierto para piano número 2, de Brahms, con el genial Pollini.


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Daniel Harding, el 'golden boy' por el que suspira el Teatro Real
DIARIO EL MUNDO 4-10-2008
El joven director de orquesta, protegido de Claudio Abbado, tiene una oferta firme para heredar la plaza de Jesús López Cobos. RUBEN AMON. Corresponsal

PARIS.- El patriarcado del Teatro Real ha encontrado sustituto a Jesús López Cobos. Nada menos que Daniel Harding, wonder boy del escalafón, 37 años más joven que el maestro zamorano y referencia estelar en las grandes orquestas del planeta a cuenta de su personalidad. El único problema es que Harding, nacido en Oxford (1975) y propietario de un domicilio postinero en la Rive Gauche de París, no ha otorgado todavía una respuesta afirmativa a la oferta en firme que le ha presentado el coliseo madrileño. De momento, están de acuerdo en los dineros. Incluso parecen haberse resuelto los engorrosos problemas de fechas.

Y es que Daniel Harding, ultra del Manchester y protegido de Abbado, es uno de los directores más requeridos de la temporada internacional. Compagina la titularidad de dos orquestas -la Mahler y la de la Radio Sueca-, trabaja como principal invitado en la Sinfónica de Londres y tiene una agenda de contratos bien surtida hasta 2013.

El Teatro Real lo necesita alistar para el ejercicio 2010-2011, que es cuando expira el contrato de Jesús López Cobos y cuando debería oficializarse el traspaso de poderes. Daniel Harding se avendría a aligerar sus compromisos internacionales en caso de aceptar la plaza madrileña, aunque el verdadero obstáculo que se interpone en su llegada al Real proviene de una cuestión bastante más esencial: la orquesta.

El prodigio británico no ha dirigido una sola vez en el teatro de la villa ni tampoco conoce a los maestros de la sinfónica. Dos escollos de compleja solución que se añaden a la interinidad de la propia agrupación orquestal.

El contrato de la sinfónica madrileña, como el del coro, expira en agosto de 2009, una vez cumplidos los primeros siete años de colaboración pactados. Miguel Muñiz, director general del Real, se había declarado partidario de prolongar el compromiso, aunque la eventualidad de un nuevo maestro, más aún tratándose de un alienígena, introduce al trámite de la renovación un suspense y un misterio que en absoluto estaban previstos.

Daniel Harding reflexiona y por momentos se acerca al no. Sería la primera vez en su carrera que aceptase la titularidad de un teatro de ópera. Un desafío profesional complejo, toda vez que el golden boy de Oxford no puede considerarse un especialista en el foso ni acredita un repertorio suficiente. De hecho, la mayor parte de su experiencia la ha cultivado de la mano de Stéphane Lissner, ex director del Festival de Aix y sobreintendente de La Scala. Es en ambos escenarios donde Harding ha intercalado los buenos resultados (Una vuelta de tuerca) con prestaciones más o menos decepcionantes (La flauta mágica, Idomeneo).

La llegada de Harding sería el revulsivo que prometía Gregorio Marañón, presidente del patronato del Real. Además, se podría intuir que Stéphane Lissner, padrino del maestro y director efímero en Madrid en otro tiempo, le acompañaría como director artístico del teatro. Era el binomio de recambio que buscaba la cúpula del coliseo, pero Lissner está ligado a la Scala -mínimo hasta 2013, máximo hasta 2015- y Harding no parece convencido de meterse en el foso material y político del templo madrileño.

Quizá sea porque todavía no se ha resuelto la crisis que ha traído consigo el descabezamiento prematuro de López Cobos (director musical) y Antonio Moral (director artístico). Ambos expresaron al teatro su voluntad de abtenerse de renovar sus respectivos más allá de 2010. No tanto porque les faltaran proyectos, solvencia ni ideas, como por el intrusismo político y ejecutivo que ha caracterizado la atmósfera del teatro a raíz de la llegada de Juan Carlos Marset (INAEM) y del propio Gregorio Marañón.

El enrarecimiento también concierne al patronato del Real. Muchos de sus miembros se reconocen marginados de los nuevos planes del Teatro y acusan a la comisión ejecutiva -formada por Marañón, Marset, el representante de la Comunidad y Miguel Muñiz- de haberse desenvuelto hermética y unilateralmente. Un problema de envergadura considerando que es el patronato donde reside la última palabra de las decisiones. Presuntamente.



Como Beckham: mediático pero con sustancia
Daniel Harding (Oxford, 1975) acostumbra a llevar puesta la camiseta del Manchester. No sólo en los momentos de reposo laboral. También cuando dirige un ensayo delante de los maestros cincuentones de turno.

La lealtad al equipo británico es el enésimo paralelismo que el 'enfant terrible' de la música clásica comparte con David Beckham. Ambos tienen 33 años, frecuentan cuando pueden el estadio de Old Trafford, se reconocen en la fábula del niño prodigio, mantienen una estrecha amistad y representan un nuevo orden mediático.

De hecho, la crítica futbolística y la musical coinciden en reprocharles haber conquistado una reputación superior a sus méritos profesionales. No importa: Beckham ha entrado en el olimpo de Hollywood y Harding ha madurado en su escalafón -personalidad, carisma, autoridad- tomando distancia con sus mentores.

Uno de ellos, Claudio Abbado, le dio la oportunidad de ponerse al frente de la Filarmónica de Berlín con 21 años. El otro, Simon Rattle, fue el primero en advertir su talento y en cederle el podio de la Sinfónica de Birmingham.

Fue el preámbulo de una carrera ubicua, versátil y valiente. No tuvo miedo en afrontar 'Don Giovanni' con 23 años ni ha puesto obstáculos para emplearse en el repertorio que muchos colegas consideran envenenado: la 'Jenufa' de Janacek en la Opera de Gales, 'Una vuelta de tuerca' (Britten) en el Covent Garden de Londres, incluso el desafío de 'Wozzeck' (Berg) en el festival de Aix-en-Provence.

La agenda se ha complicado tanto que Harding apenas tiene tiempo de seguir la temporada del United. Daniel Harding lleva en el equipaje el número siete de los 'reds', como si fuera un talismán o un modo de romper el hielo ante los maestros. No debe ser fácil entablar relaciones con los profesores, pero Harding se sabe el método de Alex Ferguson: «Hablar, discutir, negociar y, aunque sea sutilmente, recordar quién manda».




LA CRISIS DEL REAL
El abandono. Jesús López Cobos, director musical, decide a primeros de septiembre renunciar a la renovación de su contrato, que expiraba en 2010.

La desbandada. Dos semanas más tarde, hace lo mismo Antonio Moral, director artístico del coliseo. Reprocha a la dirección general la falta de confianza en el proyecto que había iniciado.

El vacío de poder
. La ausencia de recambios lleva al teatro a una nueva crisis de su joven historia, que se añade al malestar del patronato, marginado de las grandes decisiones
.

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El vídeo muestra una adaptación libre de Aragón, una de las piezas que componen la Suite Española, op. 47 de Isaac Albéniz.
Miguel Angel Berna y María Fernández, bailan acompañados por la Orquesta de Plecto de Córdoba y los Músicos del Centro Aragonés de Danza.


TITULO ORIGINAL    Iberia

AÑO   2005

DURACIÓN  99 min.

DIRECTOR   Carlos Saura

GUIÓN          Carlos Saura

MÚSICA        Isaac Albéniz. Arreglos de Roque Baños

FOTOGRAFÍA         José Luis López-Linares

REPARTO     Sara Baras, Manolo Sanlúcar, Antonio Canales, Aída Gómez, Enrique    Morente, Estrella Morente, Gerardo Núñez, José Antonio Ruiz, Miguel Ángel Berna

PRODUCTORA        Coproducción España-Portugal; Morena Films / Wild Bunch / Telemadrid

 

Iberia es un documental de Carlos Saura que gira alrededor del mundo del flamenco. La historia narrada nace de la propia música y de quienes la interpretan: los músicos y bailarines. El ritmo sonoro y el tempo interno de la ejecución de la danza marcan el desarrollo de esta adaptación filmada de la suite «Iberia», considerada por la crítica como la obra maestra de Isaac Albéniz, en el el primer centenario de su composición. La cámara baila al ritmo de la melodía mientras la película recrea y reinventa piezas musicales y fusiona ballet clásico, danza contemporánea y española, y flamenco. El cineasta capta el trabajo de artistas consagrados como Sara Baras, Antonio Canales, Manolo Sanlúcar, Miguel Ángel Berna o José Antonio Ruiz. La filmación de los ensayos muestra cómo la obra cobra vida, cuando los pasos se tornan más sonoros, el espacio se ordena, las luces cambian y los ritmos invaden todo.

Asumiendo el planteamiento de partida: tema y variaciones contemporáneas sobre una obra fundamental de la música clásica española, la película ofrece un despliegue preciosista y totalmente "afinado" entre música, danza, rodaje y medios escénicos desplegados.

La manera en que el carácter de cada interpretación musical y coreográfica de las piezas de la suite de Albéniz impregna y da sentido igualmente a los medios cinematográficos utilizados para cada caso, es única.



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miércoles, 08 de octubre de 2008
Orquesta Sinfónica de Chicago. Director: Daniel Barenboim
IV. Finale: Allegro Con Fuoco




Poco antes de conocer a la que luego sería su esposa, Antonina Miliukova, Chaikovski conoció a una mujer muy diferente, que más adelante sería su segundo amor platónico. En 1876, el compositor inició una relación epistolar con Nadiezhda von Meck, “mayor que él, viuda rica, madre de doce hijos y mujer culta”. Cierta vez, ella asistió a un concierto donde se tocaban obras de Chaikovski y quedó enamorada de su música. Nadiezhda le propuso donarle sumas de dinero para que él pudiera dedicarse a componer sin preocupaciones económicas. Chaikovski aceptó la proposición, estableciéndose entre ambos una relación platónica a la vez que económica, pero únicamente por carta. Uno de los frutos de la relación fue la Sinfonía nº 4, que el compositor dedicó a su benefactora.

Imagen
Piotr Ilich Chaikovski

Todo marchó bien hasta diciembre de 1890, fecha en que ella rompería bruscamente la relación arguyendo que estaba en bancarrota, lo que sin embargo no era cierto. Se dice que Nadezhda creía ser amada por Chaikovski; sin embargo, escuchó murmuraciones sobre una supuesta homosexualidad que le disuadieron de continuar. Lo verídico es que la ruptura fue un duro golpe para el músico. La relación epistolar se había prolongado durante 13 años, tiempo en el cual jamás llegaron a hablar en persona. A pesar de la ruptura, Nadezhda siguió con interés la carrera de Chaikovski. Curiosamente, ella murió apenas dos meses después de la muerte del compositor.

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martes, 07 de octubre de 2008


Martha Argerich, James Levine, Evgeni Kissin, Mikhail Pletnev (pianos)
Verbier Festival Orchestra


El Concierto para cuatro claves y orquestra en La menor, BWV 1065 de Bach, es una adaptación del Concierto para cuatro violines y orquesta en Si menor RV 580 de Antonio Vivaldi, nº 10 del opus 3 correspondiente a su colección de doce conciertos publicada como L'Estro Armonico ('La inspiración armónica') en Amsterdam en 1711.
L' Estro armonico sintetizó las investigaciones llevadas a cabo por Vivaldi sobre las relaciones entre la orquesta de cuerdas y el solista instrumental. Con este acto fundador, el compositor liberaba definitivamente al solista del cuarteto de cuerdas y firmaba el acta de defunción del viejo concerto grosso. Un nuevo lenguaje musical había nacido. Estos conciertos aumentaron en gran parte la reputación de Vivaldi  como “Il Prete Rosso” (el cura rojo).


Bach tuvo conocimiento del concierto de Vivaldi cuando era organista en Weimar, período en el que transcribió diez piezas para clave solo y seis más para órgano pero lo compuso más tarde, en Leipzig, aproximadamente entre 1730 y 1733. La adaptación del Concierto para cuatro violines es por tanto posterior y por ello mucho más ambiciosa. Aquí Bach refuerza y amplia el contrapunto, enriquece las armonías con otras más exuberantes y dota a las partes del solo de una mayor complejidad y claridad. El resultado no es sólo un trabajo con el que se evita la crítica de estar demasiado ceñido al manuscrito original, sino que en realidad se mejora la partitura vivaldiana. Escrito en la forma habitual del concierto barroco en tres movimientos, el Concierto para cuatro claves de Bach es una obra de brillante virtuosismo para los solistas.


Los tiempos de este concierto son:

I.                   Allegro

II.                Largo e spiccato

III.             Allegro




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lunes, 06 de octubre de 2008







Il Giardino Armonico

Giovanni Antonini, director


I. Allegro di molto

II. Poco Adagio

III. Presto



Carl Philipp Emanuel Bach (1714 – 1788) está considerado uno de los fundadores del estilo clásico y uno de los compositores más importantes del periodo galante, aparte de ser el último gran maestro del clave hasta el siglo XX.

 

Carl Philipp Emanuel fue el segundo de los siete hijos de Johann Sebastian Bach y Maria Barbara Bach,  el cuarto de los veinte que tuvo en total. Georg Philipp Telemann fue su padrino. A los diez años entró en la escuela de Santo Tomás de Leipzig, de la que su padre era Cantor desde 1723. En 1731 comenzó los estudios de Derecho en la Universidad de Leipzig y, a partir de 1734 en la Universidad Viadrina de Fráncfort del Oder. Se licenció en 1738, pero no desarrolló la carrera jurídica, sino que se dedicó plenamente a la música. Ya había empezado a componer en 1731.

 

En 1738 fue nombrado clavecinista de la corte del príncipe heredero Federico de Prusia (Federico El Grande). Al ascender al trono en 1740, Carl Philipp Emanuel se convirtió en miembro de su corte. Era por entonces uno de los clavecinistas más importantes de Europa. Su reputación quedó definitivamente establecida al componer dos series de sonatas, dedicadas respectivamente a Federico “El Grande” (Preußische Sonaten, 1742) y al Gran Duque de Würtemberg (Württembergische Sonaten, 1744).

 

En 1744 Carl Philipp Emanuel se casó con Johanna Maria Dannemann, que le dio tres hijos. En 1746 fue nombrado músico de cámara, y durante veintidós años compartió el favor real con músicos como Carl Heinrich Graun, Johann Joachim Quantz y Johann Gottlieb Naumann. En el tiempo que residió en Berlín compuso principalmente obras para teclado y para flauta, instrumento favorito de Federico II y del que el rey era un buen intérprete.

 

A la muerte de su padre en 1750 Carl Philipp Emanuel pretendió el cargo de Cantor de Santo Tomás, pero no se le concedió el puesto, probablemente porque el Concejo había quedado cansado de los Bach. Carl Philipp Emanuel asumió como heredero una parte de los bienes familiares, especialmente gran cantidad de partituras. Acogió en su casa a su hermano Johann Christian, del que fue profesor entre 1750 y 1755. Se alejó de la corte, donde se encontraba poco considerado y se fue a residir a Zittau y después a Leipzig.

 

En 1753 publicó su Versuch über die wahre Art das Clavier zu spielen (Ensayo sobre el verdadero arte de tocar los instrumentos de tecla), un tratado sistemático y magistral que tuvo enorme éxito. En el año 1780 había alcanzado su tercera edición. Esta publicación fue la base para los métodos de Muzio Clementi y Johann Baptist Cramer y sigue siendo todavía válido.

 

Al morir Georg Philipp Telemann en 1768, Carl Philipp Emanuel Bach le sucede en el cargo de director musical (Kapellmeister) en Hamburgo, lo que hizo que se le conociese como el “Bach de Hamburgo”, para diferenciarlo de su hermano Johann Christian, conocido como el “Bach de Londres”. En este nuevo cargo, tuvo que prestar mayor atención a la música sacra. Al mismo tiempo, la carrera de Joseph Haydn estimuló sus propias composiciones instrumentales.

 

Carl Philipp Emanuel Bach murió en Hamburgo, el 14 de diciembre de 1788. En 1805, su viuda quiso sacar a la venta parte del material que Carl Philipp Emanuel había heredado de su padre. El catálogo de su legado musical apareció impreso en 1790.

 

La obra de C.P.E. Bach se sitúa entre el Barroco y el Clasicismo, como principal representante del Empfindsamkeit, movimiento musical análogo al Sturm und Drang literario, que presenta los primeros elementos del Romanticismo. Destaca sobre todo por haber contribuido al desarrollo de la sonata en sentido moderno, siendo precursor en este punto de la obra de Haydn, Mozart y Beethoven.

Su obra está llena de invención, es sincera en su pensamiento y se caracteriza por un acertado fraseo; no obstante, resulta algo limitada en cuanto a su expresión emocional. Probablemente sea el primer compositor eminente que usó libremente el color armónico, valorándolo por sí mismo, desde los tiempos de Orlando di Lasso, Monteverdi, y Gesualdo. Constituye un pionero de la obra de la Primera Escuela de Viena, del estilo clásico.

 

En la segunda mitad del siglo XVIII, C.P.E. Bach llego a tener gran reputación. Wolfgang Amadeus Mozart, que tuvo una estrecha relación con su hermano Johann Christian Bach, dijo de Carl Philipp: "Él es el padre, nosotros somos los niños." Estudiar su obra le proporcionó a Haydn la mejor parte de su formación. Tanto Haydn como Mozart adoptaron elementos de su lenguaje en sus obras instrumentales. Beethoven expresó la más cordial admiración y respeto por su genio. Esta alta consideración se debe, sobre todo, a sus sonatas para clave, que marcaron un hito en la evolución de esta forma musical. El estilo es lúcido, su expresión delicada y tierna. Las sonatas destacan por su libertad y la variedad de su diseño estructural. Sus composiciones para teclado están llenas de extraños contrastes, rompiendo con el rígido esquema que habían impuesto los compositores de la escuela italiana. Con ello favoreció la llegada de los grandes maestros vieneses, que llevaron la sonata a un desarrollo casi infinito.

 

Su nombre cayó en cierto olvido en el siglo XIX. Robert Schumann consideró que "como músico creador quedaba muy lejos de su padre"; por el contrario, Johannes Brahms le tuvo en gran estima y editó algunas de sus obras.


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domingo, 05 de octubre de 2008




Margot Fonteyn y Rudolf Nureyev

 

No había bailarines más distintos que ellos. Rudolf Nureyev tenía 23 años y acababa de desertar de la Unión Soviética. Fonteyn tenía 40, era la prima ballerina del Royal Ballet y estaba en un momento en que muchas ya piensan en la retirada. Nureyev creció en un hogar muy pobre y con un padre que le prohibía bailar. Margot provenía de una familia de clase media que hubo de esforzarse para financiar sus estudios de ballet. Cuando le sugirieron que hiciera pareja con Nureyev, Fonteyn temió hacer el ridículo por la diferencia de edad. Pero comprendió que si no aceptaba terminaría viendo al ruso bailar con otra, y la idea le pareció insoportable.

 

Su primera obra juntos fue "Giselle": las entradas para todas las funciones se vendieron en un día y la ovación del estreno duró más que el espectáculo. Pero no era fácil trabajar juntos. Nureyev era famoso por su mal carácter. Se indignaba con Margot cuando los ensayos no salían como esperaba. Solía estar irritado por las peleas con su pareja, el bailarín Erik Bruhn. En esos momentos, Margot era su refugio y lo acompañaba: en 1967 fueron arrestados en una fiesta gay en San Francisco.


El coreógrafo del Royal Ballet, Frederick Ashton, creó en 1963 "Marguerite y Armand", especialmente para ellos, e insistió en que el ballet no debía ser interpretado por ninguna otra pareja, nunca. En la primera presentación, el público aplaudió tanto que debieron levantar el telón veintiuna veces. Fonteyn y Nureyev reinaron en el ballet durante más de una década, interpretando  una treintena de títulos juntos. "Son conscientes uno del otro. Cuando sus ojos se encuentran, parecen hablar", explicaba Alexander Bland en su libro "Fonteyn and Nureyev: the story of a partnership".


Sus últimas actuaciones en el Royal Ballet tuvieron lugar en 1976. Pocas semanas antes de cumplir 60, Fonteyn bailó por última vez con él.

 

 

Meredith Daneman, biógrafa de la bailarina, asegura que ella y Nureyev vivían juntos cuando el marido de Margot estaba lejos. Y siguieron hablando una vez a la semana por teléfono cuando ella se fue a vivir a Panamá. Cuando ella enfermó de cáncer, Nureyev pagó sus gastos médicos y la visitaba constantemente. Y al enterarse Margot de que Nureyev tenía sida, le insistió en que comenzara una carrera como director. Ella murió en 1991 y él, en 1993. Pero su historia conjunta no terminó allí. Hace algunos años, en "The Times" una ex bailarina del Royal Ballet aseguró que Fonteyn estuvo embarazada de Nureyev. Joan Thring, la asistente del ruso, explicó que no conocía tal hecho, pero sí la pasión del bailarín por su compañera, y afirmó: "Nureyev se habría casado con ella".



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sábado, 04 de octubre de 2008
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El compositor Edgard Varèse



Ensemble Intercontemporaine
Pierre Boulez, director

Edgard Varèse fue uno de los compositores más influyentes del siglo XX, famoso por su concepto de la música como conjunto de entidades móviles de sonido no dependientes de la melodía o de la armonía, sino del timbre (color), de la masa y de la relación espacial. Fue uno de los pioneros del desarrollo de la música electrónica. Nació en París, se educó en Francia e Italia. Estudió ingeniería, pero se dedicó posteriormente a la música en contra de la voluntad de su padre. Entre 1907 y 1915 vivió en Berlín y a continuación se estableció en la ciudad de Nueva York. En 1918 comenzó su principal creación, "Amériques" para gran orquesta, obra que muestra cierta influencia de Claude Debussy y de Ígor Stravinski pero que al tiempo crea un universo sonoro sin precedentes,  donde los acordes y las sonoridades (incluidas sirenas y erupciones explosivas de sonido) son tratados como entidades independientes más que como parte de una secuencia melódica o armónica.

En los años veinte y treinta Varèse exploró esos mismos conceptos en otras obras suyas como "Hyperprisme" (1922) para viento y percusión, "Arcanes" (1927) para gran orquesta, "Ionisation" (1929-1931) para 13 percusionistas y "Densité 21,5" (1935) para flauta sola compuesta para Georges Barrère. Su obra "Déserts" (1954, revisada 1961) integra sonidos grabados en cinta con instrumentos de viento, percusión y piano. En la exposición mundial de Bruselas se presentó la grabación de "Poème électronique" (1958) que fue retransmitida a través de 425 altavoces situados en diferentes puntos del Philips Pavilion (diseñado por el arquitecto Le Corbusier), utilizando así la arquitectura del edificio como parte integrante del diseño espacial de la música. Varèse también participó en la fundación del Gremio Internacional de Compositores en 1921 y la Asociación Panamericana de Compositores en 1927. Ambas organizaciones tuvieron un papel crucial en la difusión de la obra de Aaron Copland, Charles Ives, Carl Ruggles, Carlos Chávez y del propio Varèse. Este compositor entendía el arte musical como simple organización de sonidos y los resultados de sus teorías y de su práctica fueron extraordinariamente nuevos.

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viernes, 03 de octubre de 2008




Orquesta Filarmónica de Berlín

Gustavo Dudamel, director

Descendiente de indios mexicanos, Carlos Chávez Ramírez nace en Calzada de Tacuba (México) el 13 de junio de 1899 comenzando desde muy joven sus estudios de piano con Asunción Parra.

Poco después -a los once años- continúa sus estudios con Pedro Ogazón, y en 1915, después de un viaje por Europa y USA, con Manuel Ponce. Por contra, en la materia compositiva es eminentemente autodidacta.

En su amplia producción sinfónica y camerística adopta ocasionalmente ritmos y melodías de la música popular de los indios y en alguna página evoca la música azteca recuperando antiguos instrumentos precolombinos.

Después de su matrimonio con Otilia Ortiz en 1922, regresa nuevamente a Europa, donde descubre todo un Viejo Mundo de posibilidades musicales, que reflejará desde su columna crítico-musical en El Universal de México (1924).

Pese a ello, siente especial atracción por los ritmos de su país y por la música del norteamericano Aaron Copland y del francés Edgar Varese, que conoció durante su estancia en Nueva York en 1926.

De vuelta a México en 1928, es nombrado Director de la recién fundada Orquesta Sinfónica de México. Ese mismo año accede a la dirección del Conservatorio Nacional, a lo que seguirán en años posteriores la Dirección General (1933) y la Dirección del Instituto Nacional de Bellas Artes en 1947. Un año después abandona la Sinfónica de México para dedicarse por completo a la composición.

Chávez muere en la Ciudad de México el 2 de agosto de 1978 a los 79 años de edad.

La producción de Chávez en las tres primeras décadas del siglo XX está orientada (en gran medida) a resaltar los valores de la música folclórica de su país. En este sentido, la segunda Sinfonía que escribiera (llamada India), rescata de forma excitante y valiente el poderío artístico de sus ancestros, así como constituye –al paso de los años- la más alta cima del nacionalismo musical que, como se sabe, también tuvo frutos en otras áreas del arte.

La Sinfonía India tiene como columna vertebral diversas melodías provenientes de los indios yaquis y los seris de Sonora, así como de los huicholes nayaritas. Pero no sólo las melodías de estos grupos están presentes, sino también sus instrumentos, que encuentran su lugar en medio de una rica y colorida orquestación cuya factura es impresionante en cuanto a su confección rítmica y cohesión de los temas indígenas. La idea de escribir esta obra le vino a Chávez al momento de ser invitado para una serie de conciertos radiofónicos con la Orquesta de la CBS. Chávez puso manos a la obra a fines de 1935 para terminar la partitura unos meses después y estrenarla en la ciudad de Nueva York el 23 de enero de 1936 bajo su propia batuta.


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miércoles, 01 de octubre de 2008







Natalia Gutman, violonchelo
English Chamber Orchestra
Ralf Gothon, director


El Concierto para violonchelo y orquesta nº 1 en Do mayor, Hob. VIIb:1 fue compuesto por Joseph Haydn entre 1761 y 1765 para Joseph Weigl, destacado violonchelista de la orquesta del Príncipe Esterházy que dirigía el propio Haydn. Este concierto se creía perdido hasta el año 1961, cuando apareció en el Museo Nacional de Praga, entre diversos documentos pertenecientes al Castillo Radenin. Desde esa fecha se ha convertido en uno de los conciertos más populares para el instrumento.

Como en otras obras compuestas para Weigl, al solista se le exige un gran virtuosismo. Las cadenzas del primer y segundo movimientos no son originales del compositor; normalmente, el chelista toca las de compositores anónimos del siglo XVIII u otras compuestas después de 1961.

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