Vladimir Horowitz, piano
Orquesta Filarmónica de Nueva York
Zubin Mehta, director
En el otoño de 1909 Rachmaninov se embarcó en su primera gira concertística americana, ofreciendo, como el mismo señaló, "casi un concierto diario durante tres meses enteros... Fue una paliza." De hecho, había estado en vilo si los arreglos contractuales para la gira serian completados satisfactoriamente a tiempo para que pudiera ir a América, pero, incluso con estas incertidumbres, trabajó regularmente (y con la discreción característica) en la principal composición nueva que planeaba dar a conocer en Nueva York: su Tercer concierto para piano. Lo escribió en la paz y la tranquilidad de la residencia campestre de la familia, Ivanovka, y fechó el manuscrito completo "Moscú, 23 septiembre 1909" 15 octubre, nuevo estilo). A partir de entonces contaba únicamente con nueve días para cruzar el Atlántico y ensayó la parte solista a bordo del barco, utilizando un teclado mudo.
La gira comenzó con un recital en Northampton, Massachusetts, el 4 de noviembre; continuó con conciertos a solo, como solista y como director por toda la costa este, antes de que Rachmaninov se uniera a la Orquesta Sinfónica de Nueva York en el estreno del Tercer concierto, ofrecido el 28 de noviembre en el New Theatre de Nueva York bajo la dirección de Walter Damrosch. En enero de 1910 lo repitió en el Carnegie Hall, esta vez con la Filarmónica de Nueva York bajo la dirección de Gustav Mahler, que impresionó enormemente a Rachmaninov como director. La opinión de los críticos sobre la música fue muy diversa. El New York Herald, a la vez que lo situaba entre "los conciertos para piano más interesantes de los últimos años", comentaba que "su amplia duración y sus extremas dificultades permiten que sea interpretado únicamente por pianistas de un poderío técnico excepcional". El New York Daily Tribune resaltó "la dignidad y belleza esenciales de la música", pero criticaba de nuevo su extensión: "Un acortamiento juicioso contribuiría a que el concierto tenga una vida merecidamente larga".
Rachmaninov realizó algunas ligeras correcciones en el manuscrito, pero todas estaban relacionadas con detalles nimios. La partitura se publicó completa y el proceso de "acortamiento" que llevó a cabo más tarde en algunas interpretaciones y en su propia grabación del concierto estuvo de hecho lejos de ser acertado. Se ha acordado desde hace mucho tiempo que los cortes que aprobó socavan la grandeza arquitectónica de la música; al igual que en la Segunda sinfonía, una estructura a gran escala de este tipo necesita tiempo para desarrollarse con naturalidad, partiendo en la práctica de la melodía en re menor engañosamente sencilla hasta convertirse en una obra de una coherencia impresionante, con sutiles referencias temáticas cruzadas y con un diseño espacioso y de gran variedad.
La escritura para piano se encuentra entre las más coloristas e inventivas jamás concebidas por Rachmaninov, que en el primer movimiento alcanza su clímax en la cadencia. Rachmaninov escribió dos versiones de esta cadencia: su idea original fue la versión audaz, acórdica; la alternativa es más ligera, afiligranada, scherzante. En su propia grabación, Rachmaninov tocó la segunda, pero la elección queda abierta a la preferencia individual de cada pianista.