Anna Netrebko, soprano
Elina Garanča, mezzosoprano
Orquesta de la Deutsche Oper Berlín
Marco Armiliato, director
El nombre de Léo Delibes (1836- 1891) está directa y casi exclusivamente ligado a la música escénica, siendo más recordado por sus ballets que por sus óperas. Su más célebre contribución es la partitura del ballet “Coppélia”. Otros ballets menos conocidos con música de Delibes son “Sylvia” y “La fuente”, este último de autoría compartida con Ludwig Minkus. En el campo de la ópera, la más famosa creación de Léo Delibes es “Lakmé”, que se presenta en el vídeo adjunto. Su música se caracteriza por sus melodías delicadas y
sutiles, aunque no siempre pegadizas, y por el refinamiento de
una orquestación cargada de un exotismo muy decimonónico.
Cultivó, al igual que otros compositores franceses de la época,
una versión muy particular del belcantismo italiano matizado con
finos toques galos.
“Lakmé” cuenta con un libreto escrito por Edmond Gondinet y Philippe Gille basado en la pieza teatral “La boda de Loti” escrita por Julian Viaud un oficial naval que usaba el nombre de Pierre Loti. Esta obra, si bien no ofrecía un contenido dramático de peso, presentaba buenos ingredientes que el público francés de la época gustaba paladear.
Se señala que Delibes escribió esta ópera casi sin proponérselo. Primero le llamó la atención la voz ligera y muy flexible de la soprano de origen holandés Marie van Zandt. Al mismo tiempo cayo en sus manos la novela de Gondinet, que leyó más de una vez en un viaje a Viena. El ambiente exótico de la narración haría el resto.
Con “Lakmé”, Léo Delibes explora pues en la corriente del exotismo y el orientalismo, fenómeno que marcó con singular intensidad a muchos compositores del siglo XIX que hizo
que se inspirasen en lugares lejanos más
intuidos que conocidos (Africa, La India, e incluso España). Pasando una rápida revista a la cosecha de obras relevantes aparecidas bajo este movimiento, hay claros ejemplos en “Los pescadores de perlas” de Bizet, algunas óperas de Massenet, como “El Rey de Lahore” y “La Africana”, “Aida” de Verdi y el ballet “La Bayadera” de Marius Petipá, con música de Ludwig Minkus. El momento cúlmine de esta corriente exótica vendría con las óperas “Madama Butterfly” y “Turandot” de Puccini, ambientadas respectivamente en Japón y la China legendaria, estrenadas ya en el siglo XX.
Con
su falta de pretensiones, su refinado gusto por la orquestación
descriptiva y su delicadeza, Delibes contó en "Lakmé" una triste historia
de amor. Su estreno tuvo lugar el 14 de abril de 1883 en el Teatro de la Opera Cómica de París, con enorme triunfo.
“Lakmé”
tiene tres actos, con lugar de acción en la India, durante la
dominación inglesa del siglo XIX en la que los nativos se veían
obligados a practicar su religión en secreto. La obra tiene buenos números, todos concebidos según
las normas clásicas de las formas vocales vigentes en la segunda
mitad del siglo XIX: el dúo "de las flores" del acto I; la original y difícil
aria de Lakmé, llamada "de las campanas" del acto
II; la melancólica nana del actoIII; los diversos coros, etc.
En el acto I la acción
tiene lugar en el jardín de la casa del proscrito Brahmin Nilakantha,
sitio que éste ha convertido en sagrado y cuyo acceso controla con el
más estricto celo. Allí Nilakantha celebra un rito prohibido en el cual manifiesta sueños de venganza contra los opresores.
Terminada
esta ceremonia, parte a la ciudad, donde una gran fiesta tendrá lugar
al día siguiente. Su hija, la sacerdotisa Lakmé, se queda en la casa
recogiendo flores junto a la criada Malika.