miércoles, 26 de noviembre de 2008


Acto I: "Il fait sombre dans les jardins" & "Hoe! Hissé, hoe!"

Orquesta y Coro de la Welsh National Opera.
Dirección musical: Pierre Boulez.
Escenografía y dirección escénica: Peter Stein.

Pelléas....... Neill Archer
Mélisande..... Alison Hagley
Geneviève..... Penelope Walker


Pélleas y Mélisande es una ópera en cinco actos con música de Claude Debussy (1862 - 1918) con libreto según la obra de Maurice Maeterlinck (ligramente adaptada por el compositor y estrenada en la Opera Cómica de París el 30 de abril de 1902.

 

La acción tiene lugar en el reino imaginario de Allemonde, en la época medieval. En el Acto I, Mélisande aparece sola junto a una fuente en un bosque. Golaud, que se ha perdido en la selva durante una partida de caza, aparece en el lugar. Encuentra a Mélisande llorando y temblorosa incluso de que la toquen ("Ne me touchez pas"). Dice ahora que ha sido herida, aunque no sabe por quién. Aparece ahora, bien visible, una corona de oro que se sitúa sobre la cabeza de la heroína, mientras está llorando. Mélisande insiste en quedarse sola en el bosque, pero Golaud la lleva con él.


Algunos meses más tarde, en el castillo real, Genevieve está leyendo a su suegro, el rey Arkel, una carta de su hijo Golaud a su otro hijo Pelléas, en la que aquél cuenta a su hermanastro cómo se encontró con Mélisande y se casó con ella. Y ha pedido a Pelléas que interceda cerca de su padre, que proyectaba otro matrimonio diferente para Golaud, si le perdona, y Arkel accede. Entra Pelléas, pidiendo permiso a su padre para visitar a un amigo que ha muerto, pero como el Rey está enfermo y su hermano Golaud no ha regresado aún, Arkel dice a Pelléas que espere y que encienda la lámpara indicadora de que el barco de Golaud tiene permiso para atracar.


Golaud y Mélisande ya están en tierra. Ante el castillo, Genevieve discute con Mélisande. Entra Pelléas y habla con ellas. Se escuchan a lo lejos los ruidos de remeros, y a través de la niebla se ve que el barco que trajo a los recién llegados se hace de nuevo a la mar. Se marcha Genevieve, que deja que Pelléas lleve a Mélisande al castillo. En los breves momentos en que quedan solos se manifiesta el amor que ha brotado entre ellos.

Se insiste, tal vez con excesiva frecuencia, en considerar Pelléas et Mélisande como algo excepcional y aislado de la realidad artística colindante, exento de arraigos en el pasado y sin proyección en el devenir de la música. Como una especie de álter ego de la enigmática e inaprensible Mélisande, ella sí fuera de cualquier medida y ubicación. A esta confusión ha contribuido la fuerte impronta personal que imprime Debussy a su única ópera concluida y la deliberada renuncia que en ella se produce de algunos de los moldes establecidos como arquetípicos del género lírico, por mucho que aún dentro del estatismo que caracteriza esta insólita obra maestra se hallen ingredientes escénicos tan recurridos como amor, sangre, celos, dolor, engaño, asesinato...

 

En Pelléas no hay arias que aprovechen el magnetismo visceral de la voz humana, ni números de conjunto, ni caracterización dramática, ni grandes expansiones orquestales... Hay, en cambio, un trabajo creativo de exquisita sutilidad, diseñado a base de pequeñas y bien calibradas pinceladas, en el que los breves desarrollos nunca llegan a cristalizar en algo más que sugerencia e impresión, dentro siempre de una estructura musical acusadamente ambigua en la que se desarrolla una línea vocal plana y uniforme, que originó que un personaje tan solvente y poco sospechoso como el gran Richard Strauss dijera, tras asistir a una representación de Pelléas, tener "la sensación de haber asistido a un ensayo en el que los cantantes se estaban reservando la voz".

 

Sin embargo, ya en los primeros compases del preludio de la ópera aparece nada menos que el revolucionario acorde de Tristán. No es aventurado apuntar que la armonía a pinceladas del supuestamente aislado Pelléas es heredera por línea directa -y por ello deudora- del genio wagneriano, concretamente del cromatismo del por Debussy admirado Tristán y de la uniforme línea melódica de Parsifal, considerado por el creador de Pelléas como "uno de los más hermosos monumentos sonoros que se hayan levantado a la gloria imperturbable de la música". La influencia del muy místico festival sacro-escénico wagneriano toma ribetes de omnipresencia en la suntuosa orquestación de los seis interludios que Debussy agregó tardíamente al objeto de posibilitar los imprescindibles cambios de decorados para el estreno de "Pelléas et Mélisande".


Publicado por jrtapia @ 8:00  | La Ópera
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