Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid
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J. L. PÉREZ DE ARTEAGA DIARIO LA RAZÓN, 26 Noviembre 08
En 1997, Mortier era más importante que Lissner. Hoy no. Hace una década larga, Mortier cruzaba el ecuador de su «década prodigiosa» en Salzburgo, estaba en la cresta de la ola y habían re-enderezado en plena etapa post-Karajan el festival más importante de Europa. Desde hitos como el «San Francisco de Asís» de Messiaen en el montaje de Peter Sellars hasta la contratación de la Fura dels Baus. Renovó programación, escenarios y hasta público. Pero las aguas se enturbiaron desde que en 2002 se despidió del festival. La aventura de un certamen de nueva planta, el de Baden-Baden; después la llegada a una ópera de segunda al lado de una de primera, pronúnciese la New York City Opera de Nueva York. En este verano, remate de un extraño descenso a las simas del fracaso, su postulación «in extremis», junto a Nike Wagner para suceder al hermano de éste en Bayreuth, muestra artística contra la que Mortier se despachó a gusto durante su etapa de gloria salzburguesa. Y casi ayer, el último batacazo, la salida a traspiés de la City Opera. Éste es, pues, el caballo ganador que el Teatro Real presenta a bombo y platillo… porque Stephane Lissner ha dado calabazas a sus amigos de Madrid, los que ahora han recurrido a Mortier para dar blanqueo a una situación extraña y molesta: provocar una crisis –fuera López Cobos, fuera Moral– sin tener una solución. Hoy Lissner es más caballo ganador que su colega. Sigue teledirigiendo festivales franceses, con Aix a la cabeza, y es el amo de la Scala. Mortier, en fin, ya ha dicho que no habrá director musical estable, pero se pasará el año aquí su inefable «alter ego», Cambreling, buen traductor de cierto repertorio contemporáneo y depredador de lo clásico-romántico. Y un importante rotativo y su crítico musical, íntimo amigo del nuevo gerente, se esforzarán en incansable campaña mediática para persuadirnos de que el mayor acontecimiento cultural español desde el nacimiento de Cervantes es, será, el desembarco de Gerard Mortier. Al tiempo.