Piano: Lang Lang
Orquesta Filarmónica de Berlín/Simon Rattle.
Los tiempos de este concierto son:
I. Allegro non troppo e molto maestoso
II. Andantino semplice
III. Allegro con fuoco
Tal vez el ejemplo más claro de la popularidad ininterrumpida de la
obra de Chaikovski sea el aprecio del cual aún goza su Concierto para
piano en Si bemol menor. Pese a que el concierto no cumplió los
requisitos académicos exigidos en su momento en el Conservatorio de
Moscú, contó con el respaldo inmediato y continuado del público y los
pianistas. Mientras críticos e historiadores se debaten clasificando la
obra de Chaikovski en las esferas del romanticismo, el romanticismo
clásico, o el nacionalismo ruso, los músicos y el público, indiferentes
a estas deliberaciones, se deleitan continuamente con la ejecución y
audición de sus obras, profusamente melódicas y anímicamente
conmovedoras. Chaikovski combinó magistralmente la tradición académica
europea con los logros de músicos rusos anteriores a él
(primordialmente Glinka). Paralelamente escribió algunos de los pasajes
melódicos más hermosos del repertorio musical europeo.
Chaikovski fue uno de los grandes sinfonistas rusos de fin de
siglo, se destacó como pianista de gran envergadura y también descolló
en el ámbito de la ópera. Su aprecio por la música y la obra poética
rusas le permitió trabajar en torno a temas nacionales. Su vida
personal, compleja, llena de altibajos y escándalos por sus amoríos de
índole homosexual, refuerza la visión romántica que se tiene del
compositor y la importancia de la vívida expresión musical de su mundo
íntimo, la cual todavía se experimenta al escuchar sus composiciones.
El tema con que se inicia el concierto es el más conocido de todos
y, paradójicamente, el menos importante dentro de la estructura formal
de la obra, pues figura únicamente como tema de introducción y no se
vuelve a escuchar a lo largo del concierto. Sin embargo, no se pierde
por completo ya que a través de los tres movimientos aparecen melodías
afines que dan a la pieza una gran unidad y coherencia formal. El
sentido orgánico de la obra se afianza con otros temas y motivos como
el que se escucha una vez finalizada la introducción al primer
movimiento: allí aparece un tema de ritmo entrecortado, de origen
ucraniano, que figura en todos los movimientos en un primer plano o
como parte del acompañamiento.
De por sí el Concierto se ciñe a las convenciones formales del
clasicismo dieciochesco. El primer movimiento, de temas, melodías y
motivos contrastantes está en forma sonata; el segundo, organizado en
tres secciones, se inspira en el lirismo de la canción y la intimidad
de la pieza de salón. El último movimiento es un rondó de espíritu
despreocupado y ambiente ligero. El hecho más llamativo, que poco tiene
que ver con la tradición clásica, sino que se inspira directamente en
la práctica romántica, es el virtuosismo desmedido que se exige del
solista; otros elementos evidentes, tomados de la práctica del siglo
XIX son la integración del piano en la sonoridad de la orquesta y la
primacía de la melodía sobre los otros elementos de la composición.