Orquesta Filarmónica de Berlín
Claudio Abbado
La orquestación no es la tradicional, debida a Rimski-Korsakov, sino la original de Musorgski, a la que se ha vuelto en los últimos tiempos
Desde el punto de vista musical Musorgski fue un autodidacta,
excepción hecha de las enseñanzas que recibió de Mili Balakirev y
Nikolai Rimski-Korsakov. Su armonía, atrevida y poco ortodoxa para su época, que se basaba en
las escalas típicas de la música folclórica rusa, influyó en otros compositores. Sus canciones, consideradas entre las más bellas escritas en el siglo
XIX, y su ópera "Borís Godunov", obra maestra sobre el drama del
poeta Alexandr Pushkin, reflejan el deseo de reproducir los
ritmos y la sonoridad de la lengua rusa.
"Borís Godunov", monumental obra completada en 1868 y estrenada en
1874 después de innumerables modificaciones, presenta un tratamiento de
los coros muy original desde el punto de vista musical y dramático.
Esta obra es también admirada por su enfoque psicológico y su evocación
del alma del pueblo ruso.
Otras obras de este compositor son la Suite para piano "Cuadros de
una exposición" (1874, orquestada en 1922 por Maurice Ravel), el Poema
Sinfónico "Una noche en el Monte Pelado" (1867, orquestada tras la muerte del compositor por su amigo, Rimski-Korsakov), los ciclos de "Canciones Infantiles" (1872) y "Cantos
y danzas de la muerte" (1877) así como las óperas inacabadas
"Khovanchina" (también completada por Rimski) y "La feria de
Sorochinski" (terminada en esta ocasión por César Cui).
El Poema Sinfónico es un género de música de programa para orquesta que nació en el siglo XIX. Suele constar de un único movimiento y su esencia está relacionada con ideas poéticas, pictóricas, teatrales, y algunas otras fuentes no musicales. Su contenido puede ir desde el retrato literal, como el de una locomotora en "Pacific 231" (1923) de Arthur Honegger, hasta formas poéticas como en "Los Preludios" (1854) de Franz Liszt, basado en un poema de Lamartin.
Los primeros autores de Poemas Sinfónicos fueron Berlioz y Liszt. Este último fue quien propuso la denominación para este tipo de obras. A diferencia de lo que sucedía con la Sonata del Clasicismo, basada en una secuencia de exposición, desarrollo y recapitulación, la forma del Poema Sinfónico suele derivar del personaje o trama del programa extramusical seguido.
Otros compositores como Antonin Dvorák ("La bruja del mediodía" y "La paloma del bosque", ambas de 1896, entre otras), Jean Sibelius ("El cisne de Tuonela" de 1895, y "Finlandia", 1899), Bedrich Smetana ("Mi Patria", 1874-1879, un ciclo de seis poemas sinfónicos), Richard Strauss ("Don Juan", 1899, y "Así habló Zaratustra", además de muchas otras) y Piotr Chaikovski ("Francesca da Rimini", 1876, y la "Obertura 1812", 1880), dieron continuidad y cohesión a sus poemas sinfónicos al utilizar uno o más temas recurrentes (con frecuencia de significado simbólico), que iban transformándose progresivamente durante el discurso, en la medida que lo requerían las necesidades narrativas y evocativas del programa. La utilización de la armonía y del color instrumental con fines expresivos conllevó innovaciones en las progresiones armónicas y en el uso y las combinaciones de los instrumentos.
En el siglo XX se han escrito relativamente pocos Poemas Sinfónicos al haberse preferido las formas musicales concisas y abstractas, así como el empleo de conjuntos instrumentales más reducidos. Sin embargo, algunos compositores han dotado de sólidas estructuras formales a sus obras programáticas. Así, por ejemplo, Sibelius en "Tapiola" (1926) emplea la misma compresión del desarrollo temático que se puede hallar en su "Sinfonía nº 7", escrita en un único movimiento. En cierto sentido, el Poema Sinfónico ha logrado sobrevivir entre los numerosos ejemplos de obras escritas en el siglo XX fuera de cualquier género formal específico.