miércoles, 07 de enero de 2009



Participan Cecilia Bartoli como Donna Elvira, Rodney Gilfry (Don Giovanni) y László Polgár (Leporello). Don Giovanni, Zürich 2001, dirigido por Nicolaus Harnoncourt y Jürgen Flimm.

No se sabe con certeza si Mozart conocía el drama de Tirso de Molina, pero en su música está la más alta representación del mito de Don Juan. Sólo la intuición de un genio como el de Mozart podía conseguirlo. Moliere y Goldoni se habían alejado de la auténtica esencia del mito, el primero negándolo al hacer de Don Juan un ateo, el segundo destruyéndolo estúpidamente al castigar los desmanes del disoluto con una «muerte natural»; el rayo de una tormenta.

Don Juan no niega lo sobrenatural; pretende, con su exuberante sensualidad, dar una dimensión a la vida también sobrenatural, que desafíe a la muerte, que la haga imposible en su despectivo «¡Qué largo me lo fiáis!». Esto es lo que Mozart recupera y ensalza en su Don Giovanni; no hace falta llegar a la escena final; en la obertura misma está representado lo trascendente, y el carácter del héroe, su arrogancia desafiante, en una célula rítmica con la voz de los instrumentos de viento. Luego, en la acción dramática, desde que el Comendador, herido por Don Juan, se extingue como una llama vacilante, hasta que aparece para hundir a su matador en el fuego del infierno, en la escena hay un aliento sobrehumano, esté o no esté el burlador presente. Cierto que aparte estos dos personajes, el resto de las figuras son humanas, sobre todo las tres mujeres, pero Doña Ana y Doña Elvira van siguiendo siempre esa estela de dolor que ha dejado a su paso el burlador.

Publicado por jrtapia @ 8:00  | La Ópera
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