Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid
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Participan Cecilia Bartoli como Donna Elvira, Rodney Gilfry (Don Giovanni) y László
Polgár (Leporello). Don Giovanni, Zürich 2001, dirigido por
Nicolaus Harnoncourt y Jürgen Flimm.
No se sabe con certeza si Mozart conocía el drama de Tirso de Molina, pero en su música está
la más alta representación del mito de Don Juan. Sólo la intuición de
un genio como el de Mozart podía conseguirlo. Moliere y Goldoni se
habían alejado de la auténtica esencia del mito, el primero negándolo
al hacer de Don Juan un ateo, el segundo destruyéndolo estúpidamente al
castigar los desmanes del disoluto con una «muerte natural»; el rayo de
una tormenta.
Don Juan no niega lo sobrenatural; pretende, con
su exuberante sensualidad, dar una dimensión a la vida también
sobrenatural, que desafíe a la muerte, que la haga imposible en su
despectivo «¡Qué largo me lo fiáis!». Esto es lo que Mozart recupera y
ensalza en su Don Giovanni; no hace falta llegar a la escena final; en
la obertura misma está representado lo trascendente, y el carácter del
héroe, su arrogancia desafiante, en una célula rítmica con la voz de
los instrumentos de viento. Luego, en la acción dramática, desde que el
Comendador, herido por Don Juan, se extingue como una llama vacilante,
hasta que aparece para hundir a su matador en el fuego del infierno, en
la escena hay un aliento sobrehumano, esté o no esté el burlador
presente. Cierto que aparte estos dos personajes, el resto de las
figuras son humanas, sobre todo las tres mujeres, pero Doña Ana y Doña
Elvira van siguiendo siempre esa estela de dolor que ha dejado a su
paso el burlador.