lunes, 12 de enero de 2009





Martha Argerich y Brigitte Meyer, piano

Asentadas en la tradición de las Variaciones Goldberg de Bach y las Variaciones Diabelli de Beethoven, las Variaciones sobre un tema de Haydn de Johannes Brahms ahondan en el concienzudo estudio que su autor hizo a lo largo de su vida de algunos de los grandes nombres de la música clásica, como Händel o Beethoven. También conocidas como Variaciones San Antonio, fueron compuestas durante una estancia veraniega de Brahms en el lago Starnberger, cerca de Múnich. El tema en el que están basadas pertenece al primero de una serie de seis Divertimentos que se creían escritos por Haydn aunque después se pensó que eran obra de su discípulo Ignace Pleyel, aspecto no del todo confirmado.

Brahms trabajó sobre el tema del segundo movimiento, inspirado a su vez en un antiguo cántico austríaco de nombre Coral San Antonio. Las Variaciones Haydn, en un principio escritas para dos pianos,  aunque después serían adaptadas también para la orquesta, están compuestas por diez piezas y significan un hito fundamental dentro de la carrera de Brahms, pues fueron su primero obra para gran orquesta.

La exposición del tema, en Si bemol mayor, es seguida por ocho variaciones y un final, compuestos por Brahms en el verano de 1873. Los diez números se suceden así:

  1. Tema. Coral S. Antonio (Andante)
  2. Variación I. Poco più animato (Andante con moto)
  3. Variación II. Più vivace (Vivace)
  4. Variación III. Con moto
  5. Variación IV. Andante con moto (Andante)
  6. Variación V. Vivace (Poco presto)
  7. Variación VI. Vivace
  8. Variación VII. Grazioso
  9. Variación VIII. Presto non troppo (Poco presto)
  10. Finale. Andante

El tema está dividido, como cada una de las 8 variaciones, en dos partes que se repiten (dos partes, con segunda vuelta: A-A/B-B). Se presenta como el supuesto original, en forma de coral (el confundido coral San Antonio).

Las ocho variaciones son ocho transformaciones del tema: en su ritmo, en su carácter, en su armonía. Insistimos: cada variación sigue el mismo esquema del tema. El finale es una passacaglia (o pasacalle, antigua danza lenta de origen hispánico). Se basa en una frase de cinco compases tomada del tema original. Esta frase se repite dieciséis veces en el bajo. Y sobre ese ostinato van apareciendo una serie de variadas líneas de contrapunto, construyendo, dicho en el sentido de la arquitectura, la textura polifónica, es decir una especie de entretejido con distintas voces. Y luego, poderoso, reaparece el coral. Una serie de escalas va impulsando la música hacia la conclusión o coda: la marcha del discurso se va deteniendo, nota a nota, reduciendo el caudal sonoro. Y desde allí, sin discontinuidad emerge impetuoso el accellerando que desemboca en los cinco últimos acordes, el último alargado (con calderón), clásico final brahmsiano.

El principio de la variación musical es muy antiguo. Pertenece al arte de manera tan natural que sería difícil imaginar alguna época en que no se haya utilizado. Ya en los días de Palestrina, y aun antes, cuando predominaba la música vocal, el principio de la variación melódica estaba firmemente establecido en la práctica musical. Las misas de los maestros del siglo XVI solían estar basadas por entero en una determinada melodía, la cual se utilizaba con variantes en cada una de las diversas partes de la obra. El principio de la variación se aplicó primero melódicamente, pero pronto los virginalistas ingleses lo adaptaron al estilo instrumental, variando la armazón armónica de una manera muy semejante a la que hoy día se sigue. En realidad, esos maestros primitivos ingleses utilizaron tanto este nuevo artificio, que acabó por hacerse un poco fastidioso; más que en un principio formal se convirtió en una mera fórmula. Cualquiera podía tomar un tema y escribir sobre él diez variaciones llenas de veloces pasajes escalísticos, trinos y profusión de florituras que en sí no tenían mayor interés. Naturalmente, eso no es cierto en lo que atañe a los mejores ejemplares de la época, como, por ejemplo, las variaciones de Byrd sobre The Carman's Whistle.

A partir de aquellos tiempos no ha habido una época en la que los compositores no hayan utilizado la forma variación. Como molde básico la emplearon reiteradamente los clásicos Haydn y Mozart, los primeros románticos Beethoven y Schubert y los posteriores, como Schumann y el propio Brahms. Y más recientemente ha continuado floreciendo igual que siempre, como lo atestiguan el famoso Don Quijote de Strauss, las Variaciones Enigma de Elgar, las Variaciones de Istar de D'Indy, el Octeto de Stravinsky, el Schwanendreher de Hindemith o el Cuarteto de cuerda (Tres variaciones sobre un tema) de Roy Harris. Eso probará -si alguna prueba fuera necesaria- que las formas de variación son fundamentales en la historia de la música; y no es probable que los compositores lleguen a abandonarlas del todo.


Publicado por jrtapia @ 8:00  | Formas musicales
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