Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid
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Hélène Grimaud, piano/Orquesta de París/Christoph Eschenbach, director
La obra está escrita para piano y una orquesta que consta de flauta, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas, timbales y cuerdas. Como es usual en el concierto clásico, tiene tres movimientos:
Allegro moderato Andante con moto Rondo (Vivace)
Cada concierto de Beethoven es distinto, y en ello radica gran
parte de su encanto y atractivo para intérpretes y público. Beethoven
desarrolla una escritura pianística de gran virtuosismo (recordemos que
él mismo fue un gran virtuoso en su juventud). Quizá su concierto más
famoso sea el Concierto para piano nº 5 “Emperador”, de 1809, en donde
el virtuosismo y el sinfonismo se combinan a la perfección. Es una
composición épica ("sinfonía con piano" la han llamado algunos) que
tiene un originalísimo arranque y soberbias cadencias.
El Primer y Segundo Conciertos para piano destacan por su
concepción alegre, mientras que el Concierto para piano nº 3, de 1801,
de tono serio, es de una amplitud y calidad incomparables. Por su
parte, el Concierto para piano nº 4, de 1808, apuesta por la
profundidad lírica, en especial su Segundo Movimiento ("Andante con moto"), en el
que orquesta y solista rivalizan sin llegar a tocar nunca juntos. La mayor
originalidad del Concierto nº 4 reside en este brevísimo movimiento de 72 compases
(aunque podríamos mirar otra vez el K. 271 de Mozart, Lento), un tiempo
sustentado en el relativo 'mi', que presenta un acentuado contraste entre la
cuerda abrupta y seca, de único discurso, y la dulzura del piano -de vocación
acórdica-, una ternura que se va filtrando por los lacerantes pentagramas
del tutti, hasta que, tras convincente cadenza, consigue fundirse con
la cuerda (que abandona su alegato al unísono por un progresivo seguimiento
armónico). Apenas estrenada la obra, fueron muchos los estudiosos que buscaron
referencias extramusicales para explicar musicalmente esta confrontación
inusualmente dramática (esposa sumisa frente a marido violento, Orfeo y las
Furias, etc.), verdadero golpe de genio y emoción.
El Concierto nº 4 fue estrenado por Beethoven como solista en un
concierto privado dado en marzo de 1807 en el palacio de su mecenas, el
príncipe Lobkowitz. Sin embargo, el estreno público no aconteció hasta el 22
de diciembre de 1808 en el Theater an der Wien de Viena, de nuevo con
Beethoven al piano. Fue un concierto "maratón" y la
última aparición pública de Beethoven como solista con orquesta, y
además también fue el estreno de su Fantasía para piano, coro y orquesta, Op. 80 y las Sinfonías Quinta y Sexta. En el mismo concierto se presentaron el aria para soprano
Ah, perfido! y tres movimientos de la Misa en Do mayor, Op. 86.
Beethoven dedicó el concierto a su amigo, alumno y patrón el
arichiduque Rodolfo. Un comentario en el Allgemeine Musikalische
Zeitung de mayo de 1809 decía que " [este concierto] es el más
admirable, singular, artístico y complejo concierto que Beethoven haya
escrito". Empero, después de su estreno la obra fue olvidada hasta
1836, cuando fue recuperada por Felix Mendelssohn.