Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid
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Orquesta Filarmónica de Viena Nikolaus Harnoncourt, director Suntory Hall, Tokyo (2006)
I. Molto allegro
II. Andante III. Menuetto-Trio IV. Allegro assai
La Sinfonía nº 40 en Sol menor K. 550, fue compuesta por Wolfgang
Amadeus Mozart en 1788. Esta sinfonía se conoce como la "grande", para
distinguirla de la nº 25, la "pequeña", también escrita en Sol menor.
Se trata de las únicas sinfonías que compuso Mozart en una tonalidad
menor, quizás con la única excepción de una temprana sinfonía en La
menor, descubierta hace unos años y conocida como la Sinfonía "Odense".
Mozart escribió la sinfonía K. 550 en unas pocas semanas durante un
período de productividad excepcional, en el verano de 1788, en el que compuso
también sus sinfonías nº 39 y 41. Se ha especulado con la idea de que
Mozart preparaba estas obras para un futuro viaje a Inglaterra, que
nunca llegó a efectuar. No hay constancia documental que pruebe que la
obra fuera estrenada en vida del compositor. Una ligera indicación
afirmativa al respecto pudiera ser la existencia de dos versiones, la
original de 1788 y una segunda en la que Mozart agregó partes para dos
clarinetes y modificó la de flauta y oboes. Es probable que esta segunda versión
se preparara para una nueva presentación que tuviera Mozart en
proyecto.
La sinfonía está orquestada (en la segunda versión) para flauta,
dos oboes, dos clarinetes, fagot, dos trompas y cuerdas (primeros y
segundos violines, violas, chelos y contrabajos). Es notoria la
ausencia de trompetas y timbales.
La obra está estructurada de forma convencional según los cánones
del período clásico en cuatro movimientos, rápido, lento, minué y
rápido, respectivamente según el esquema:
1. Molto allegro
2. Andante
3. Menueto: Trio
4. Allegro assai
Todos los movimientos, con la excepción del tercero que es el típico Trío-minué, están escritos en forma sonata.
Esta
sinfonía fue muy apreciada por los músicos románticos a causa del sereno
equilibrio que se combina con su sombría expresión. Mozart, sirviéndose de
todos los recursos de la técnica musical y sin abandonar los medios propios del
estilo clásico, consiguió que su drama personal quedara patéticamente reflejado
en ésta obra. Aunque la escritura de la Sinfonía nº 40 no es particularmente
innovadora y su orquestación es incluso más reducida de lo habitual, la
compleja estructura de los movimientos corresponde a un deseo de profundidad en
los más íntimos sentimientos del alma humana.