Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid
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El Concerto Grosso es una forma fugada instrumental,
característica del Barroco, generalmente con tres o más tiempos, en la
que se alternan un pequeño grupo de instrumentos solistas (el concertino) con el conjunto orquestal (tutti o ripieno),
todo ello en el marco de una pequeña orquesta, u orquesta de cámara.
Ejemplos clásicos de esta forma son los pertenecientes a Haendel o a
Bach. Los ensayos de este último dentro de tal planteamiento -conocidos
como Conciertos de Brandemburgo- emplean un concertino diferente
para cada uno de los seis escritos. Es frecuente que al escuchar la
textura contrapuntística de cualquiera de estas obras se tenga la
impresión de una salud y vitalidad maravillosas.
Los Conciertos de Brandenburgo fueron dedicados por Bach a
Christian Ludwig, Margrave de la corte de Brandemburgo y tío del rey de
Prusia (aunque el Margrave al recibirlos los almacenaría en un cajón
sin valorarlos). Bach comenzó a escribir estos conciertos en 1718,
terminándolos en 1721. En principio estaban destinados a ser
interpretados por los músicos de la orquesta de la corte del príncipe
Leopoldo de Köthen, pero la complejidad en su instrumentación,
demasiado rica para los efectivos de la pequeña orquesta de la corte,
hizo que Bach no lograra inicialmente su propósito (como anécdota, la
grabación del vídeo de este Concierto está realizada en la Sala de
Espejos del Castillo de Anhald-Köthen). Esta cuestión de efectivos es
esencial, pues los Conciertos de Brandemburgo sorprenden por su
diversidad sonora y su brillante color instrumental, que no tiene nada
de decorativo.
Mientras que primero, tercero y sexto emplean coros instrumentales,
segundo, cuarto y quinto evocan una especie de pirámide de tres niveles
que tiene como base o fundamento los instrumentos de cuerda (ripieno), por encima los solistas (concertino),
y en su vértice, tomado entre los precedentes, hay un único solista aún
más importante y virtuoso (trompeta en el segundo, violín en el cuarto,
clave en el quinto). Aparecen aquí claramente los principios
fundamentales de la disposición de los conjuntos instrumentales y
vocales de la época barroca.
En estos conciertos Bach se presenta como un consumado maestro del
contrapunto (canon del principio del sexto o fuga de los cuatro
solistas en el final del segundo), como arquitecto (ninguna inútil
repetición textual en el primer movimiento del quinto) y como alguien
para quien la danza fuera razón existencial, al mismo tiempo que una
formidable plataforma creativa. Se rinde homenaje a la polonesa y al
minué (finale del primero), a la giga (finale del quinto y del sexto), a la zarabanda (andante del cuarto), todo ello envuelto en una atmósfera distendida, agradable.
Los Conciertos de Brandemburgo están siempre escritos en modo mayor. El nº 1 en Fa, BWV 1046, es para violín piccolo (afinado
una tercera menor por encima del violín ordinario), fagot, tres oboes,
dos trompas de caza, cuerda y continuo. El primer movimiento presenta
forma de aria da capo (como se percibe con facilidad en las oposiciones de los coros). El adagio en re menor mezcla elementos del passacaglia (basso ostinato) y el rondó. El allegro tripartito da el papel protagónico al violín piccolo.
El minué consta de tres secciones (la segunda es una polonesa)
instrumentadas para dos oboes y fagot (la primera), la cuerda (la
segunda) y un par de trompas y un par de oboes (la tercera y última).