viernes, 30 de enero de 2009




Orquesta de París
Christoph Eschenbach, director

En el otoño de 1901, Mahler se enamoró de Alma Schindler, una inteligente joven que estudiaba con el compositor Alexander von Zemlinsky. El matrimonio de ambos, realizado en marzo de 1902, causó bastante sorpresa entre los amigos de la pareja y su vida conyugal no estuvo exenta de dificultades debido a las malas actitudes y a la diferencia de edad (Alma era 19 años menor que Gustav), la relación se vería seriamente afectada y, por ende, la creación de Mahler, quien incluso llegó a requerir la asistencia de Freud y su tratamiento de psicoanálisis. Gracias a él su situación sentimental mejoró y en sus últimos años de vida manifestó un profundo amor por su esposa.
A pesar de todo, el apoyo sentimental de Alma, unido a la seguridad alcanzada con su puesto de director en Viena, proporcionó al músico una considerable tranquilidad como para dedicarse con gran ímpetu a sus actividades creativas. A partir de 1902 su producción se incrementó notoria y regularmente mientras que sus sinfonías se tornaron en construcciones cada vez más autobiográficas, como es el caso de la Quinta, cuya composición fue influida por la situación emocional que atravesaba en su matrimonio.

Aunque Mahler nunca tuvo aspiraciones como profesor o líder de un grupo, durante sus años en Viena se relacionó con un círculo de músicos jóvenes y radicales, entre ellos Schoenberg, Berg, Webern y Zemlinsky, quienes no sólo apreciaban su calidad artística sino también su importancia dentro del "establishment" musical vienés. No sin razón, estos compositores sintieron una gran fascinación por su trabajo creativo, sobre todo por obras como la Sexta Sinfonía, escrita entre 1903 y 1904 y considerada por Berg y Webern como el mejor ejemplo de equilibrio entre forma y drama.

La Sexta supuso, sin duda, el más ambicioso esfuerzo de Mahler por componer música dentro de las formas "clásicas", pero, al mismo tiempo, fue una de sus concepciones más personales y emotivas. Es una partitura predictiva de la guerra y el desorden, donde el héroe implícito en el programa está sujeto a un único destino, la muerte; la tragedia final del personaje anticipa un futuro convulsionado por las guerras mundiales y realiza un pesimista diagnóstico de la época que se está viviendo.

El tercer movimiento de la Sinfonía -Andante moderato,
en Mi bemol y en compás de 4/4- evoca un ambiente campestre, descanso momentáneo frente a la agitación turbulenta de los movimientos anteriores. Se trata de un rondó en el que Mahler incluye unos cencerros a fin de expresar la calma de la naturaleza, en la cual el compositor basa una gran parte de su energía creativa.

Publicado por jrtapia @ 8:00  | La Sinfonía
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