sábado, 31 de enero de 2009
Orquesta Barroca de Friburgo

I: Andante moderato


II: Adagio


III: Allegro


El Concierto de Brandemburgo nº 3 está escrito para tres violines, tres violas, tres violonchelos y bajo continuo. Su bella música desprende un sentimiento de potencia y de plenitud. Los tres grupos, de la misma familia instrumental, se responden y mezclan en un perfecto equilibrio en el primer movimiento, no sin acentos dramáticos ni hábiles cambios rítmicos.

En lugar de precisar el movimiento lento, Bach únicamente anotó los dos acordes de una cadencia frigia, dejando a quien lo desee el cometido de improvisar. El finale está bajo el signo de la danza, como lo confirma su forma binaria y sus dos características repeticiones de la suite.

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viernes, 30 de enero de 2009




Orquesta de París
Christoph Eschenbach, director

En el otoño de 1901, Mahler se enamoró de Alma Schindler, una inteligente joven que estudiaba con el compositor Alexander von Zemlinsky. El matrimonio de ambos, realizado en marzo de 1902, causó bastante sorpresa entre los amigos de la pareja y su vida conyugal no estuvo exenta de dificultades debido a las malas actitudes y a la diferencia de edad (Alma era 19 años menor que Gustav), la relación se vería seriamente afectada y, por ende, la creación de Mahler, quien incluso llegó a requerir la asistencia de Freud y su tratamiento de psicoanálisis. Gracias a él su situación sentimental mejoró y en sus últimos años de vida manifestó un profundo amor por su esposa.
A pesar de todo, el apoyo sentimental de Alma, unido a la seguridad alcanzada con su puesto de director en Viena, proporcionó al músico una considerable tranquilidad como para dedicarse con gran ímpetu a sus actividades creativas. A partir de 1902 su producción se incrementó notoria y regularmente mientras que sus sinfonías se tornaron en construcciones cada vez más autobiográficas, como es el caso de la Quinta, cuya composición fue influida por la situación emocional que atravesaba en su matrimonio.

Aunque Mahler nunca tuvo aspiraciones como profesor o líder de un grupo, durante sus años en Viena se relacionó con un círculo de músicos jóvenes y radicales, entre ellos Schoenberg, Berg, Webern y Zemlinsky, quienes no sólo apreciaban su calidad artística sino también su importancia dentro del "establishment" musical vienés. No sin razón, estos compositores sintieron una gran fascinación por su trabajo creativo, sobre todo por obras como la Sexta Sinfonía, escrita entre 1903 y 1904 y considerada por Berg y Webern como el mejor ejemplo de equilibrio entre forma y drama.

La Sexta supuso, sin duda, el más ambicioso esfuerzo de Mahler por componer música dentro de las formas "clásicas", pero, al mismo tiempo, fue una de sus concepciones más personales y emotivas. Es una partitura predictiva de la guerra y el desorden, donde el héroe implícito en el programa está sujeto a un único destino, la muerte; la tragedia final del personaje anticipa un futuro convulsionado por las guerras mundiales y realiza un pesimista diagnóstico de la época que se está viviendo.

El tercer movimiento de la Sinfonía -Andante moderato,
en Mi bemol y en compás de 4/4- evoca un ambiente campestre, descanso momentáneo frente a la agitación turbulenta de los movimientos anteriores. Se trata de un rondó en el que Mahler incluye unos cencerros a fin de expresar la calma de la naturaleza, en la cual el compositor basa una gran parte de su energía creativa.

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jueves, 29 de enero de 2009
Orquesta Barroca de Friburgo
I: Allegro moderato


II: Andante


III: Allegro assai



El Concierto de Brandemburgo nº 2 en Fa mayor, BWV 1047 está compuesto para violín, oboe, flauta y trompeta solistas, cuerda y continuo. La trompeta para la que está escrito este concierto nº 2 no es la habitual (afinada en Si bemol), sino que se trata de una trompeta piccolo (afinada en Fa), cuyo sonido es más alto y brillante. La trompeta es utilizada en esta obra con un extremado virtuosismo hasta en su registro más agudo. No participa, sin embargo, en el Andante en Re menor, que es una invención monotemática para flauta, oboe, violín y bajo continuo. Enmarcan este movimiento una página inicial muy viva (Allegro moderato), en la que los solistas o concertino se oponen al tutti, y un Finale en el que, contrariamente a lo habitual, los episodios fugados se confían a los solistas.

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miércoles, 28 de enero de 2009


Ciclo Stravinski


"Oedipus Rex" y "Le rossignol" de Stravinski. A.Timchenko, O. Savanova, E. Nikitin, A. Tanovitski, A. Aopov, A. Emelyanov, O. Trifonova, A. Tanovitski, E. Tsanga, etc. Coro y Orquesta del Teatro Mariinsky de San Petersburgo. Teatro Real, 20 de enero.

Antonio Moral introdujo la acertada costumbre de rodear los poco numerosos títulos de la temporada oficial del Real con conciertos y otros actos que tengan relación con ellos. Se engrandece el pastel, se favorecen las visiones globales y se otorga coherencia a la programación. Quienes hayan presenciado "The Rake's Progress" y ahora "Oedipus Rex" y "Le rossignol" ya pueden hacerse una idea bastante cabal de lo que Stravinski dio de sí en el campo operístico y que, aunque seguro que habrá quien me tache de hereje, fue bastante menos que en el terreno de los ballets. Menos mal que el propio Gergiev dio muestras de compartir mi opinión cuando, tras los bastantes gélidos aplausos de compromiso a las dos breves óperas, alzó la batuta para echar el resto en unos cuantos fragmentos de "El pájaro de fuego" que, la verdad, no venían a cuento pero suponían la única forma de caldear el ambiente. Y el público también debió de pensar lo mismo, porque fue cuando reaccionó con bravos y verdaderos aplausos.

Una vez más el programa de mano mostraba errores, en esta ocasión sobre la duración de "Oedipus Rex", que no es de una hora y diecisiete minutos como en él se decía. ¿Para qué tanta pretensión de exactitud si el error es luego de bulto? "Le rossignol" apenas dura cuarenta y cinco minutos. Ambas, obras fáciles para el oyente, bien construidas pero menores en cualquier caso. Ni los más bien discretos solistas, ni la orquesta ni el poderoso coro del Mariinsky tuvieron mucha ocasión de lucimiento en ellas. Hubo detalles de buena factura, intervenciones solistas -la flauta, p.e.- de calidad, pero también algunas otras cortas de aliento -las del Edipo del tenor Timchenko, p.e.- y, en general, las voces graves reunieron mayor calidad que las agudas. Gergiev volvió a ser un director más hábil que inspirado, presentando ambas obras de forma excesivamente plana e incapaz de extraer todas las sutilezas de las partituras que, en algunos casos, rozan el impresionismo. Estas dos joyitas líricas no son lo más acorde con un temperamento mucho más tendente a la extroversión y al efectismo. "El pájaro de fuego" sí es su mundo y lo dejó claro. Sorprendentemente el espectáculo contó con la presencia oficial de SM el Rey, además sin la Reina.

Gonzalo Alonso


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Orquesta Filarmónica de Viena
Leonard Bernstein, director

Johannes Brahms (1833-1897) alcanzó la primera categoría en todas las ramas de la composición hacia las que dirigió sus energías. Sus actividades incluyen prácticamente toda clase de producciones musicales, excepto la composición dramática para la escena. Durante el verano de 1884 este genial creador, que por entonces tenía 51 años, pasó sus vacaciones en Mürzzuschlag, en una villa situada cerca de Viena. Allí comenzó a trabajar en su Cuarta Sinfonía, que concluyó el verano siguiente, en el mismo lugar. Esta Sinfonía, la más concisa y concentrada, representa el cénit de su vida creativa. Emplea todos los estilos que tiene a su disposición, sobre todo lo referente al período Clásico, prescindiendo de formas de danza. Pocas veces está ausente ese aire de tragedia monumental que envuelve a esta sinfonía, y la tonalidad de Mi menor se encarga de sugerirlo.

I. Allegro non troppo
La grandeza del primer movimiento ofrece un original planteamiento: los violines, con un juego simple en torno a un tema presentado en grupos de dos notas, provee la sutil apertura, dejando la impronta de que el mensaje ya había comenzado con anterioridad. La mano maestra de este gran genio transforma un material tan elemental, en un ejemplar y compacto arquetipo, auxiliado por la firme elaboración contrapuntística a la que siempre acude, con la asistencia de armonías enriquecidas y sugestivas acentuaciones.

II. Andante moderato
El estilo de balada elegíaca del movimiento que acaba de finalizar, contrasta con los elementos de armonías arcaicas, que aparecen en el segundo movimiento. Un tema clásico, expuesto por las trompas, anuncia la delicada nostalgia del Andante, con intervención posterior de las cuerdas, en uno de los vuelos líricos más inspirados del compositor.

III. Allegro giocoso - Poco meno presto - Tempo I
El tercer movimiento, marcado Allegro giocoso, es realmente el único scherzo ofrecido en las sinfonías de Brahms. Sin embargo, el extraño carácter de Marcha (aunque con armonías claras y bien coloreadas, que incluye toques de piccolo y triángulo), se contrapone de manera esencial, con el tipo de Scherzo presente generalmente en las sinfonías románticas.

IV. Allegro energico e passionato - Più Allegro
El movimiento final es, sin ninguna duda, el verdadero punto culminante de la obra. Introduce una antigua forma del Barroco: la Passacaglia, que le permite desarrollar expansivamente su inagotable vena contrapuntìstica. El Tema es presentado por medio de ocho imponentes acordes, a cargo de la sección de vientos. A continuación estos acordes (que corresponden a ocho compases) son tomados en 31 Variaciones, en las que Brahms muestra la transformación de su imaginario, y sin alterar la tonalidad (sólo el modo) hace circular el Tema en la pluralidad sonora de todo el campo sinfónico, sin apartarse y añadiéndolo inexorablemente al planteamiento formal de la Passacaglia. A modo de Coda, para finalizar, reproduce libremente parte del Tema, en la que podría ser indicada como Variación nº 32.

Esta sinfonía fue estrenada en Meiningen, bajo la dirección del autor, el 25 de Octubre de 1885. La primera ejecución en Viena tuvo lugar el 17 de Junio del año siguiente, actuando Hans Richter como director.


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martes, 27 de enero de 2009
Orquesta Barroca de Friburgo
I. Allegro moderato


II: Adagio

III: Allegro


IV: Menuetto alla polacca



El Concerto Grosso es una forma fugada instrumental, característica del Barroco, generalmente con tres o más tiempos, en la que se alternan un pequeño grupo de instrumentos solistas (el concertino) con el conjunto orquestal (tutti o ripieno), todo ello en el marco de una pequeña orquesta, u orquesta de cámara. Ejemplos clásicos de esta forma son los pertenecientes a Haendel o a Bach. Los ensayos de este último dentro de tal planteamiento -conocidos como Conciertos de Brandemburgo- emplean un concertino diferente para cada uno de los seis escritos. Es frecuente que al escuchar la textura contrapuntística de cualquiera de estas obras se tenga la impresión de una salud y vitalidad maravillosas.

Los Conciertos de Brandenburgo fueron dedicados por Bach a Christian Ludwig, Margrave de la corte de Brandemburgo y tío del rey de Prusia (aunque el Margrave al recibirlos los almacenaría en un cajón sin valorarlos). Bach comenzó a escribir estos conciertos en 1718, terminándolos en 1721. En principio estaban destinados a ser interpretados por los músicos de la orquesta de la corte del príncipe Leopoldo de Köthen, pero la complejidad en su instrumentación, demasiado rica para los efectivos de la pequeña orquesta de la corte, hizo que Bach no lograra inicialmente su propósito (como anécdota, la grabación del vídeo de este Concierto está realizada en la Sala de Espejos del Castillo de Anhald-Köthen). Esta cuestión de efectivos es esencial, pues los Conciertos de Brandemburgo sorprenden por su diversidad sonora y su brillante color instrumental, que no tiene nada de decorativo.

Mientras que primero, tercero y sexto emplean coros instrumentales, segundo, cuarto y quinto evocan una especie de pirámide de tres niveles que tiene como base o fundamento los instrumentos de cuerda (ripieno), por encima los solistas (concertino), y en su vértice, tomado entre los precedentes, hay un único solista aún más importante y virtuoso (trompeta en el segundo, violín en el cuarto, clave en el quinto). Aparecen aquí claramente los principios fundamentales de la disposición de los conjuntos instrumentales y vocales de la época barroca.

En estos conciertos Bach se presenta como un consumado maestro del contrapunto (canon del principio del sexto o fuga de los cuatro solistas en el final del segundo), como arquitecto (ninguna inútil repetición textual en el primer movimiento del quinto) y como alguien para quien la danza fuera razón existencial, al mismo tiempo que una formidable plataforma creativa. Se rinde homenaje a la polonesa y al minué (finale del primero), a la giga (finale del quinto y del sexto), a la zarabanda (andante del cuarto), todo ello envuelto en una atmósfera distendida, agradable.

Los Conciertos de Brandemburgo están siempre escritos en modo mayor. El nº 1 en Fa, BWV 1046, es para violín piccolo (afinado una tercera menor por encima del violín ordinario), fagot, tres oboes, dos trompas de caza, cuerda y continuo. El primer movimiento presenta forma de aria da capo (como se percibe con facilidad en las oposiciones de los coros). El adagio en re menor mezcla elementos del passacaglia (basso ostinato) y el rondó. El allegro tripartito da el papel protagónico al violín piccolo. El minué consta de tres secciones (la segunda es una polonesa) instrumentadas para dos oboes y fagot (la primera), la cuerda (la segunda) y un par de trompas y un par de oboes (la tercera y última).

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lunes, 26 de enero de 2009


Frédéric Chopin, compositor y pianista polaco adscrito al movimiento romántico, está considerado como uno de los más grandes compositores de música para piano. Nació el 4 de marzo de 1810 en Zelazowa Wola, cerca de Varsovia. Hijo de padre francés y madre polaca, comenzó a estudiar piano a los cuatro años; a los ocho ofrecía un concierto privado en Varsovia. Más tarde estudió armonía y contrapunto en el conservatorio de dicha ciudad. También fue precoz como compositor; su primera obra publicada data de 1817. Dio sus primeros conciertos como virtuoso el año 1829, en Viena, en la que viviría durante los dos años siguientes. Excepto durante breves ausencias, a partir de 1831 vivió en París, donde se convirtió en un prestigioso profesor, pianista y compositor. En 1837 inició una relación íntima con la escritora francesa George Sand. En 1838 enfermó de tuberculosis y se trasladó a Mallorca (Islas Baleares). Allí, en la cartuja de Valldemosa, Sand lo atendió en su enfermedad hasta que las continuas disputas entre ellos les llevaron a la ruptura el año 1847. A partir de entonces su actividad concertística se limitó a algunos recitales en Francia, Escocia y Gran Bretaña. Murió en París el 17 de octubre de 1849, víctima de la tuberculosis.

Prácticamente todas las composiciones de Chopin son para piano. Aunque expatriado, siempre fue leal a su patria polaca, un país desgarrado por las guerras; sus Mazurcas reflejan los ritmos y melodías del folclore de Polonia y las Polonesas están marcadas por el espíritu heroico de su patria. La influencia que sobre él ejerció el compositor de ópera italiano Vincenzo Bellini también se puede apreciar en sus melodías. Las Baladas, Scherzos y Estudios, cada uno de estos últimos centrado en un problema técnico específico, son muestra de su amplísima obra para piano solo. Su música, romántica y lírica, se caracteriza por las dulces y originales melodías, las refinadas armonías, los ritmos delicados y la belleza poética.

Chopin influyó notablemente sobre otros compositores, como el pianista y compositor Franz Liszt y el compositor francés Claude Debussy. Sus obras publicadas incluyen 55 Mazurcas, 27 Estudios, 24 Preludios, 19 Nocturnos, 13 Polonesas y 3 Sonatas para piano. Entre sus otras obras destacan los Conciertos de juventud, en Mi menor y Fa menor, opus 11 y opus 21, respectivamente, ambos para piano y orquesta (en ellos se aprecia la influencia, tanto en la forma como en la melodía, de los conciertos para piano de Johann Nepomuk Hummel), así como una Sonata para violonchelo y piano y 17 Canciones.

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domingo, 25 de enero de 2009






Krystian Zimerman
Orquesta Filarmónica de Viena
Leonard Bernstein, director

En su primera gran tentativa dentro del mundo orquestal (acababa de oír la Novena de Beethoven en Düsseldorf tan sólo un año antes de comenzar esta obra, de ahí que algunos señalen la afinidad tonal con la magna obra del maestro de Bonn), Brahms sentía aún el vértigo del imponente legado beethoveniano, a la vez que era sabedor de sus limitaciones para la escritura orquestal. Sin duda le condicionaba una juventud que, aunque ya madura, le alejaba de la seguridad necesaria para hacerle controlar todos y cada uno de los secretos sinfónicos.

Ello nos lleva a un doble planteamiento inicial en este concierto: por un lado, la obra nos acercará al Brahms primero, al joven músico de gran preparación, desde cuyos primeros trabajos ya se divisan las rutas que seguirá en su plena madurez, aunque para su plasmación en esta obra se aferre todavía a su reciente formación; y por otro lado, observamos ya la gran característica que define al hamburgués por encima de todas las demás, la que le llevará a respetar los moldes heredados de los clásicos, en los que siempre se sentirá cómodo, una vez convenientemente adaptados a su manera de entender las estructuras formales. Todavía siguen siendo esclarecedores los comentarios de Gerald Abraham a este respecto: "Brahms aceptó el convencionalismo de la forma sonata clásica, modificándola para ajustarla a sus propias necesidades; [...] sus ideas, a diferencia de las de Tchaikovsky, eran admirablemente adecuadas para ella". Cuanto tenía que decir podía expresarlo a través de los amplios cauces de la forma sonata, por la enorme elasticidad y potencialidad que ésta permite. Parecía querer demostrar que todavía "había cosas nuevas por hacer con el antiguo lenguaje diatónico", si oímos de nuevo a Abraham.

Apenas cumplidos los veinte años, en 1854, el joven Brahms, animado por su admirado Schumann, quiso tentar suerte en el difícil arte sinfónico, pero pronto advirtió que éste sobrepasaba sus posibilidades. Decidió así optar por una solución más cercana y segura para él: la que le proporcionaba la escritura de una Sonata para dos pianos, con la que intentaría un posterior acercamiento orquestal, aunque el sustrato pianístico era tan palpable que, junto al elemental manejo de la orquesta, le llevaron a preferir el concierto para piano. La práctica de una versión previa para dos pianos la llevaría a cabo también en el Quinteto para piano e instrumentos de cuerda o en las Variaciones sobre un tema de Haydn. Otras modificaciones incluían la supresión de un "un lento scherzo en tiempo de zarabanda", que pasaría a formar parte del Requiem alemán. El rondó final sería compuesto más tarde, por lo que no es de extrañar que las críticas de irregularidad vertidas desde su estreno no carezcan de razón; sin embargo, la belleza y la frescura de un Brahms en estado puro terminaron imponiéndose al público que, ya en su estreno en Hannover (1859), lo rechazó. En el siglo XX, fue la persistencia de Arturo Rubinstein la que terminó imponiendo el concierto en el repertorio pianístico habitual.

I. Maestoso
Tales presupuestos son necesarios antes de abordar un acercamiento más pormenorizado de la obra. Sólo así podemos entender que el comienzo de su extenso primer movimiento observe de cerca una estructura de concierto clásico, en la que la orquesta introduce un primer tema, con el que da comienzo el tradicional ritornello inicial -que se relaciona abiertamente con el barroco italianizate-, pero que Brahms hace saltar armónicamente al proyectar un acorde -y tonalidad- de partida en Si bemol mayor sobre la general del concierto, Re menor. Descenderá luego por La mayor (dominante) hacia, por fin, la tónica, pero sin duda, el planteamiento inaugural habría dejado desconcertados a los primeros oyentes. A la vista más adelante de la reexposición, podríamos considerar que más que comenzar en la tonalidad de la mediante, Brahms realiza una progresión desde Si bemol por semitono descendente a la dominante.

Además, una orquesta amenazante desde estos comienzos nos plantea también varias incógnitas. La más difundida y anecdótica quiere relacionar el movimiento entero con el comentario de Kalbeck, que a su vez recogió de Dietrich y Joachim, según el cual la idea de la obra surgiría ante el intento de suicidio de su admirado Schumann. Cuadraría con la lealtad y el afecto que siempre sintió Brahms por el músico, pero Gustav Ernest demostró lo inadecuado del planteamiento; y de cualquier forma, más nos inclinamos a pensar en ese carácter adusto y constructivamente sombrío del brumoso hamburgués para pensar en una introducción intempestiva , que pronto daría paso a un emotivo tema que descubriría un alma sensible y conmovedora. Y aún más, la batería de trinos que nos inquietan desde la cuerda al timbal, entre otros muchos recursos, no dejan de recordar el carácter pianístico que la obra no puede esconder.

Y aún más, ese acorde contundente es antecedido y luego apoyado por un Re desnudo, tercera de Si bemol y fundamental de la tonalidad principal, convertido en pedal en el contrabajo, clarinetes y fagotes, un procedimiento que apurará en la reexposición, dando muestras así de un sentido expansivo de la tonalidad muy acentuado ya desde sus primeros años (a la par que una sólida formación armónica). Tímbricamente, la melodía es expuesta por los violines y simplemente apoyada por la reducida orquesta, que se concentra en lo incisivo del planteamiento.

Algo parecido sucede con el siguiente tema, definitivamente en la tonalidad principal, y que clarinete y primeros violines se encargan de exponer expresivamente, sostenido en la cuerda grave por un suave y ondulante balanceo. También planteará desde ahora la confluencia de una multiplicidad de pequeños temas para conformar el tramado textural de su producción, si bien aún no con la densidad que podemos observar en sus obras de madurez. Advertimos esto porque tras los veinte compases que dura esta lírica idea (de los cuales la mitad es una repetición sin la nota inicial, aunque una quinta alta), surge otra igualmente inspirada -en la medida en que este concepto es adecuado en el concienzudo Brahms-, y en la que deja ver en la madera otra de sus características más reconocibles: el uso de sextas y terceras combinadas. Armónicamente, encontramos una nueva excursión hacia la mediántica Si bemol, esta vez menor. Se llega a esta tónica a través de una cadencia que arranca desde una novena menor de dominante, un acorde muy utilizado por Bach en apoyaturas, y que aquí en realidad "retrasa" un compás la llegada de la tónica: no olvidemos que por esta época Brahms estudia con denuedo al genio de Eisenach.

Con brusquedad schumanniana, se prepara la vuelta al tema inicial con el regreso de la tonalidad principal en un breve pero intenso pasaje que abandona por dos compases el 6/4 conductor por un 9/4. Luego, el tema introductorio parece llevarnos a una repetición sistemática; sin embargo, apenas expuesto el tema, dos nuevas ideas, tan breves (6 y 4 compases, respectivamente) como trascendentes concluirán este discurso inicial de la orquesta. Con respecto al primero de ellos nos llama la atención su disposición de silencio de corchea seguido de tres corcheas y una figura generalmente larga y/o acentuada que, junto a su importancia estructural, no deja de recordarnos el famoso motivo de la quinta beethoveniana, si bien con un tratamiento diferente. Efectivamente, sobre un mismo carácter anhelante, Brahms mueve las líneas melódicas en cromático sentido convergente y divergente, hasta confluir en el acorde deseado. La segunda de las ideas se basa en un salto de cuarta ascendente desde una corchea a una figura mucho más larga, que al final se convierte en quinta, en octava y en unísono finalmente, procedimiento separado por un alternante juego de quinta y cuarta.

Tras 90 compases, el piano surge como ensimismado en la belleza extensiva de la melodía que presenta. Es sin duda un tema nuevo, pero que parece resultarnos familiar. Tal sensación puede explicarla una rítmica similar a la de la referida idea "beethoveniana", donde el silencio que sucedía a la negra inicial es sustituido aquí por un puntillo. La mano izquierda continúa el arpegio de tónica (sin la tercera), sobre el que de manera descendente habían venido insistiendo los violonchelos. La melodía es presentada por Brahms en una académica segunda inversión de la tónica, cuya sexta caracterizará, una vez más en Brahms, toda esta primera exposición del tema. De igual manera podemos observar aquí, por un lado, la sencillez de la escritura pianística -ciertamente poco "virtuosa"-, a la vez que un evidente sentido de continuidad con el pasaje anterior, todo lo cual lo aleja del habitual carácter enfrentado entre orquesta y solista. Tras esta declaración de intenciones, el teclado no tardará en asumir el tema inicial de la orquesta y el tema lírico que lo seguía, apareciendo a continuación un pasaje cadencial antes de exponer el último gran tema.

Éste, con el piano de nuevo en solitario, se presenta sereno y majestuoso, cantado sin prisas en una suerte de coral, en la tonalidad de Fa mayor; y si armónicamente en esta ocasión Brahms no nos sorprende, no podríamos decir lo mismo al extasiarnos ante la belleza desnuda y emotiva de su nueva idea. Ésta comprende, en sentido estricto, tan sólo cuatro compases; sin embargo, Brahms la reitera con una breve extensión de la frase, en la que injiere sus ya también conocidas síncopas, cuyo deleite aprendió del magisterio delicado e inestable de Schumann. Aún no conforme, desarrollará la idea aprovechando el antedicho tema de cuartas y quintas, cuya anacrusa inicial se distancia del comienzo tético anterior. Además, el paso también mencionado de las quintas a las octavas se realizará ahora con los accesos intermedios a sextas y séptimas, sustentado todo por nerviosos seisillos y amplias arcadas de arpegios en la mano izquierda. Tras una breve evolución, la flauta parece recordar, distraída, la cuarta inicial, que el oboe convierte en tercera y, finalmente, junto a la flauta y el clarinete, pasa a ser un verdadero y beatífico coral de la madera de tan sólo dos compases.

Será ahora la orquesta la que repita el tema, mientras el piano evoluciona con rapidez, sobre otro recurso bien conocido de Brahms: la similitud de ambas manos, separadas tan sólo por una octava. Desde su primera exposición, la idea de las cuartas y las quintas parecía llamar, antes que nada, a la trompa. Junto al piano, al violín u otros instrumentos, el joven Brahms aprendió a tocar la trompa de su padre, también excelente contrabajista. De nuevo es Abraham quien nos apunta que "el único instrumento orquestal que por sí mismo y por su color parece haber encendido la imaginación de Brahms es la trompa", y de hecho nos recuerda algunos de los pasajes memorables en donde el instrumento deviene incluso estructural; sin llegar a tanto, el papel que le asigna el hamburgués en este movimiento, como se ve, no es desdeñable, además de insertarse en la tradición germana, que continuarían músicos como Richard Strauss (de padre también trompista, recordémoslo) o Mahler.

El desarrollo es breve y ordenado. Comienza con la referida cuarta inicial, de nuevo anacrúsica, que lleva al piano a exponer el que fuera el primer tema de la orquesta, por medio de paralelas octavas en ambas manos, conservando el conflictivo tono de Si bemol (lo que, en un desarrollo vuelve a ser sorprendente). El piano interrumpe la exposición con un amago de trino, que en realidad se convierte en un rugiente movimiento ondulante de corcheas, nuevamente al unísono. Por fin, el tema es completado, pero sólo cuando el mismo piano se decide a tocarlo. Inmediatamente, la viola inicia aquel movimiento sinuoso que servía de base al tema lírico inicial; sin embargo, serán ahora los violonchelos y contrabajos quienes lo expondrán, repetido -en final estratificado- por el piano. Siguiendo el orden de exposición, es ahora el tema que llamamos "evocador" el que aparece, aunque su naturaleza resulte ahora ruda y contundente, fortificada además por estratégicas síncopas. Liberado inmediatamente de su labor expositiva por la orquesta, el solista se entregará nuevamente a vertiginosas y serpenteantes sucesiones de octavas, tornándose desenfadadas y joviales cuando la orquesta vuelva a repetir insistentemente el tema. Solo la adusta expresividad del oboe y luego la flauta consiguen devolver la seriedad al pasaje, que el piano rematará encaminándose, mediante crecientes escalas de cierto carácter cromático, al tumultuoso final, basado por cierto en el motivo beethoveniano, ahora con las corcheas convertidas en tresillos, lo que no hace sino subrayar aún más la similitud. Paralelamente los cuatro compases que componen este cierre del desarrollo se basan en La como dominante de la próxima tónica, pero va cambiando su color con cuartas añadidas, o un breve cambio al modo menor, adición de novenas mayores y menores, sextas y, sobre la última de ellas, la supresión de la tercera, volviendo la quinta vacía, violentando así la cadencia. Todo este derroche de color se complementa -o quizá se supedita- a un descenso cromático desde una cuarta añadida aguda (Re), hasta la quinta de La.

La Reexposición nos prepara otro desconcierto: sobre el mismo pedal que abría el concierto -coincidente con el de tónica-, Brahms nos presenta ahora el tema en el piano, con el acorde de Mi mayor con séptima menor -que en la mano izquierda del piano figura invertida-, y que explica el Re como pedal. La repetición se mantiene en La mayor, también con la séptima en el bajo, en un auténtico despliegue imaginativo brahmsiano, hasta que cae en Re menor, esta vez no para exponer directamente el tema lírico, sino para repetir una vez más el principal en la tonalidad de base. Así pues, para el retraso en la aparición de la tónica ha recurrido esta vez a una progresión habitual (V7/V7, V7, I), pero que al presentarlo a comienzo de la reexposición, una vez que nos habíamos "hecho" al Si bemol, produce turbación. La repetición del tema se convierte sólo en murmullo en la cuerda grave y fagot (mf), a favor de un exultante piano (ff con forza), sobre una figuración que recuerda -y anticipa- el tema con que surgió en la exposición.

Éste no tarda en aparecer en la orquesta, también en Re menor (obsérvese que se intercambian las labores expositoras en estos dos temas), invirtiendo el pianissimo inicial por un fortissimo. Lo repetirá anacrúsicamente la madera más adelante en un dulce Mi menor, y luego el mismo piano en Fa sostenido menor. Entre ambas repeticiones Brahms intercala el motivo inicial breve y discretamente, primero en las trompas y luego en la cuerda, mientras que el piano parece pedir paso insistentemente para quedarse como protagonista. En realidad, lo conseguirá cuando se alcance el referido Fa sostenido, donde ahora sí se reexpone literalmente el tema en esta tonalidad mediántica, respetando su carácter menor. Le sigue en la misma tonalidad el tema "evocador", en otro de los rasgos típicos de Brahms: el tránsito del motivo -o parte de él- de un instrumento a otro, y no siempre fácil de oír por el nuevo desbordamiento del piano.

Suavemente éste nos conduce al último tema, que esta vez sí expone él directamente, como lo hiciera en la exposición, aunque ahora en el tono principal de Re mayor, como mandan los cánones, sin que haya más "sobresaltos".

La coda (Tempo I poco più animato) la inicia nuevamente el piano solo sobre el tema evocador (en un diseño muy parecido al usado en el desarrollo), al que sigue el introductorio de la orquesta en Re mayor, seguido de la idea "beethoveniana", de inestables armonías, aunque en metódicos grupos de cuatro compases, reducidos a dos cuando se aborda el tenso final, con un piano en vertiginosos tresillos descendentes sobre dicho motivo. Aunque la verdad es que esta relación con el famoso motivo de la Quinta beethoveniana sea sólo inventado por nuestro subconsciente. O por el de Brahms. 

Carlos Tarín


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viernes, 23 de enero de 2009
Orquesta Filarmónica de Munich/Zubin Mehta, director


Anton Webern recibió una esmerada educación universitaria y musical. Su tesis sobre los polifonistas del Renacimiento no permitía adivinar en él un músico de vanguardia, ni tampoco sus breves obras iniciales, como el "Passacaglia", op. 1; pero su contacto con Arnold Schoenberg (su maestro) y Alban Berg (discípulo de Schoenberg, a su vez) fue decisivo. Webern se convirtió en el más radical de los tres integrantes de la conocida como Segunda Escuela de Viena (Schoenberg, Berg y Webern).

La música de Webern tiende a la brevedad del aforismo, especialmente en el período de libre atonalidad. Ejemplos claros de ello son las Piezas, op. 9 y 11.

Su tendencia a la brevedad se extiende también a la obra musical como tal. No hay adornos, modulaciones, repeticiones ni una base armónica a la que se añadan otras notas secundarias: todo es esencial y está determinado por el carácter personal, el espíritu de la época y la situación histórica del material musical.

A partir del Trío de cuerda, op. 20 Webern adoptó la técnica serial de Schönberg. Pero sus series no son ya sólo el material para los temas y motivos, sino que ellas mismas adquieren carácter de motivo y determinan la obra.

Webern se adelantó a Schönberg y buscó un serialismo más depurado, más radical, aplicando la dinámica en forma de series y la alternancia de registros.

La música de Webern está presidida por una transparente claridad que reside no sólo en una elaboración racional, sino también en una especial intuición musical. Su constante búsqueda de relaciones muestra una contemplación casi mística y un gran poder de concentración.

Anton Webern compuso una música difícil de oír y no muy abordada en los repertorios. Algunos ven en sus ideas musicales el origen de lo que sería la música electrónica. Sus obras son un desafío para los intérpretes, por su compleja escritura melódica y rítmica.

Webern no fue un autor prolífico; sólo fueron publicadas en vida del compositor treinta y una de sus obras. Años más tarde Pierre Boulez emprendió un proyecto destinado a grabar todas las obras de Webern, incluyendo aquellas que carecían de número de opus. El resultado final sólo ocupó seis discos compactos. Sin embargo, se acepta plenamente que la influencia de Webern sobre otros compositores, particularmente los de la vanguardia de la posguerra, es inmensa. Sus obras de madurez, en las que se sirve del dodecafonismo de Schoenberg, tienen un claridad de texturas y una frialdad emocional que influyó profundamente a compositores como Pierre Boulez y Karlheinz Stockhausen.

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jueves, 22 de enero de 2009
Cuarteto Hagen








Hablar del ciclo de los 16 cuartetos de cuerda beethovenianos eshablar posiblemente del ciclo camerístico más trascendente de la historia musical. Hay algunos críticos musicales que incluso opinan que este género desarrollado por Beethoven es más representativo que el de las sonatas para piano y el de las sinfonías. Ciertamente, Beethoven murió componiendo cuartetos.Eterno perfeccionista, los seguía revisando en el lecho de muerte.

En los cuartetos hallamos una vez más el desarrollo de Beethoven através de sus "tres estilos": los primeros cuartetos son fieles a Haydn;el segundo período, "heroico", dominado por los llamados "Cuartetos Rusos", compuestos por encargo del aristócrata Razumovski; pero los más significativos son los seis finales, compuestos entre 1824 y 1827, es decir, correspondientes a la última etapa, la algunas veces llamada"esotérica". La importancia del género en Beethoven rebasa los límites del Romanticismo, hasta el punto de que sus últimas obras son una genial anticipación estilística y técnica que habrá de influir en Dmitri Shostakovich, Bela Bartók y en la escuela dodecafónica austríaca de inicios del siglo XX; los cuartetos muestran al Beethoven más profundo y original. Es obligado un estudio a fondo de dicho ciclo para comprender al Beethoven más revolucionario.

El cuarteto nº 16 (Op. 135), es uno de los más brillantes y expresivos que escribiera Beethoven. Sus movimientos, correlativos conlos vídeos de más arriba, son:

I. Allegretto
II. Vivace
III. Lento assai e cantante tranquillo
IV. Der schwer gefasste Entschluss

El Cuarteto Hagen penetra en el emboscado psicológico beethoveniano con una interpretación que se basa en la compenetración absoluta de los cuatro instrumentos.

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miércoles, 21 de enero de 2009
Orquesta Filarmónica de Viena
Nikolaus Harnoncourt, director
Suntory Hall, Tokyo (2006)

I. Molto allegro




II. Andante





III. Menuetto-Trio




IV. Allegro assai





La Sinfonía nº 40 en Sol menor K. 550, fue compuesta por Wolfgang Amadeus Mozart en 1788. Esta sinfonía se conoce como la "grande", para distinguirla de la nº 25, la "pequeña", también escrita en Sol menor. Se trata de las únicas sinfonías que compuso Mozart en una tonalidad menor, quizás con la única excepción de una temprana sinfonía en La menor, descubierta hace unos años y conocida como la Sinfonía "Odense".

Mozart escribió la sinfonía K. 550 en unas pocas semanas durante un período de productividad excepcional, en el verano de 1788, en el que compuso también sus sinfonías nº 39 y 41. Se ha especulado con la idea de que Mozart preparaba estas obras para un futuro viaje a Inglaterra, que nunca llegó a efectuar. No hay constancia documental que pruebe que la obra fuera estrenada en vida del compositor. Una ligera indicación afirmativa al respecto pudiera ser la existencia de dos versiones, la original de 1788 y una segunda en la que Mozart agregó partes para dos clarinetes y modificó la de flauta y oboes. Es probable que esta segunda versión se preparara para una nueva presentación que tuviera Mozart en proyecto.

La sinfonía está orquestada (en la segunda versión) para flauta, dos oboes, dos clarinetes, fagot, dos trompas y cuerdas (primeros y segundos violines, violas, chelos y contrabajos). Es notoria la ausencia de trompetas y timbales.

La obra está estructurada de forma convencional según los cánones del período clásico en cuatro movimientos, rápido, lento, minué y rápido, respectivamente según el esquema:

1. Molto allegro
2. Andante
3. Menueto: Trio
4. Allegro assai


Todos los movimientos, con la excepción del tercero que es el típico Trío-minué, están escritos en forma sonata.

Esta sinfonía fue muy apreciada por los músicos románticos a causa del sereno equilibrio que se combina con su sombría expresión. Mozart, sirviéndose de todos los recursos de la técnica musical y sin abandonar los medios propios del estilo clásico, consiguió que su drama personal quedara patéticamente reflejado en ésta obra. Aunque la escritura de la Sinfonía nº 40 no es particularmente innovadora y su orquestación es incluso más reducida de lo habitual, la compleja estructura de los movimientos corresponde a un deseo de profundidad en los más íntimos sentimientos del alma humana.


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martes, 20 de enero de 2009





Joven Orquesta Gustav Mahler
Philippe Jordan, director

Strauss fue contemporáneo de Mahler y Debussy, pero su música es aparentemente más tradicional, por lo que pasó de moda tras la Primera Guerra Mundial.Pero el permaneció fiel a su estilohasta el final de sus días En su segundo periodo compositivo (1887-1904), en el que consiguió una gran maestría en el arte de la orquestación, Strauss creó una serie de obras que figuran en el repertorio habitual. Perfeccionó el Poema Sinfónico y utilizó el sistema del leitmotiv (uso de temas recurrentes con asociaciones extramusicales específicas) que había sido desarrollado principalmente por Richard Wagner. También introdujo innovaciones de tipo armónico y de instrumentación, ampliando así las posibilidades expresivas de la orquesta sinfónica moderna. Entre las obras de este periodo se encuentran Don JuanMacbeth (1890), Muerte y transfiguración (1890), Till Eulenspiegel (1895), Así habló Zaratustra (1896), Don Quijote (1897) y Vida de héroe (1898).

Don Juan es una magnífica obra inspirada por el amor que sentía su autor por la soprano Pauline de Ahna -quien más tarde se convertiría en su esposa-, basada en un poema de Landau. Según Rafael Frühbeck de Burgos "se trata de una importante obra que ha revolucionado la música de aquella época. Las cuerdas en la orquesta ya no son las mismas después del Don Juan"
.

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lunes, 19 de enero de 2009


Orquesta Sinfónica de Londres
Valery Gergiev, director

Shostakovich formó parte de la primera generación de compositores rusos formados bajo el régimen comunista soviético, al cual se mantuvo fiel aunque no fue indiferente a la opresión del estado y en algunos momentos sufrió en carne propia la censura oficial. Para Peter Laki, Shostakovich hizo en su momento lo que tenía que hacer para poder sobrevivir. Quizás en parte debido a ello, en su producción musical este compositor se muestra como un continuador de la tradición, sobre todo por la utilización de un lenguaje tonal y su preferencia por géneros y formatos asociados con lo clásico, tales como la sonata, la sinfonía y el cuarteto. No obstante, en su música a veces aparecen recursos más modernos como la disonancia y la atonalidad.

En concepto de los estudiosos, el principal aporte de Shostakovich lo constituye su obra sinfónica, caracterizada por su colorido y la originalidad en el empleo de los timbres orquestales. Su música se caracteriza por una vitalidad rítmica y una riqueza melódica que recuerdan el folclore gitano del este de Europa. La mayor parte de sus obras son tradicionales en la forma y su lenguaje armónico suele ser sencillo y directo. Sus composiciones destacan por el dominio técnico de la orquesta.

A pesar de que en sus primeras obras experimentó con la atonalidad, la obra global de Shostakovich puede ser considerada como una importante contribución a la música tonal en un momento en el que sus contemporáneos más influyentes estaban experimentando con el serialismo o el neoclasicismo. Esta tendencia tonal se aprecia principalmente en sus sinfonías, que continúan la tradición de Gustav Mahler tanto en la forma como en el lenguaje armónico.

Shostakovich compuso 15 sinfonías que se sitúan en un lugar de importancia en el repertorio orquestal del siglo XX. La Sinfonía nº 1 era el trabajo de graduación en el Conservatorio de Leningrado. La partitura fue terminada en diciembre de 1925 y escuchada por primera vez el 12 de mayo del año siguiente. Aunque esta sinfonía fue compuesta cuando Shostakovich apenas contaba con 19 años, varios autores coinciden en afirmar que se trata de una obra madura en la que ya se distingue el sello personal de su autor, sobre todo por la presencia del sarcasmo que es característico en Shostakovich. Según subraya Richard Freed, en un lapso de dos años a partir de su estreno, la obra ya había sido escuchada en importantes salas de concierto en Europa y América, permitiendo al compositor alcanzar renombre internacional.


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domingo, 18 de enero de 2009







Leila Josefowicz, violín
Orquesta Filarmónica de Los Ángeles
David Alan Miller, director

Henri Vieuxtemps (1820-1881) fue un violinista y compositor belga cuyas obras, como estudios, sonatas, caprichos y conciertos, son muy estimadas por los violinistas por su gran virtuosismo. Nació en Verviers y fue discípulo del famoso violinista belga Charles Auguste de Beriot. Vieuxtemps fue un interprete extraordinario que realizó numerosas giras por Europa y Estados Unidos, trabajó como violinista en la corte de Nicolás I de Rusia y fue profesor del conservatorio de Bruselas. En 1871 una parálisis  parcial de su brazo izquierdo interrumpió su extraordinaria carrera de virtuoso y el resto de su vida vivió retirado. Murió en 1881 en Mustapha, cerca de Argel.

Entre sus obras más interpretadas destaca el Concierto
para violín y orquesta nº 5 (1858), de gran sensibilidad y tono romántico. El vídeo es de una interpretación de la excelente violinista norteamericana Leila Josefowicz en 1990,
cuando tenía tan sólo 12 años.

Los tiempos de este concierto son:
I. Allegro non troppo-cadenza-moderato
II. Adagio
III. Allegro con fuoco


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sábado, 17 de enero de 2009




Orquesta del Festival de Budapest
Iván Fischer, director


Entre 1912 y 1914 Bartók dejó casi por completo de componer y se dedicó a la recopilación, arreglo y estudio de la música folclórica centroeuropea, hasta que la Primera Guerra Mundial puso fin a sus expediciones. Retornó a la actividad creativa con el Cuarteto para cuerdas nº 2 (1917) y el ballet El Príncipe de Madera, cuyo estreno en 1917 en la capital húngara le devolvería el favor del público.

Al año siguiente inició la composición de un segundo ballet, El Mandarín Maravilloso, que no fue presentado hasta 1926 (hubo problemas con el contenido que trata de la consumación de una pasión sexual). Rica y gráfica en invención, la partitura es prácticamente una ópera sin palabras.

Mientras componía este ballet, Bartók cayó bajo la influencia de Stravinsky y de Schoenberg. Como resultado produjo algunas de sus obras más complejas, incluyendo sus dos Sonatas para violín de 1920 y 1921. Al mismo tiempo estaba obteniendo el reconocimiento internacional. Sus partituras eran publicadas por la editorial vienesa Universal Edition y era invitado a tocar en todo Europa. También estaba bien establecido en su propia patria y como respuesta a un encargo escribió en 1923 la Suite de Danzas,
para conmemorar la unión de las ciudades de Buda y Pest en lo que es la actual capital húngara.

La Suite de danzas se consolidó de inmediato entre las obras más populares de Bartók. Dos años más tarde, Emil Hertzka, director de Universal Edition, sugirió que el compositor realizara un arreglo para piano "no demasiado difícil". La transcripción resultante, sin embargo, apenas cede en exigencias técnicas respecto a sus obras originales para piano. Resulta interesante que Bartók nunca la incluyera en un recital y fue György Sándor quien ofreció el estreno público en fecha tan tardía como 1945.

La Suite de danzas se divide en seis secciones, enlazadas por un ritornello de un carácter nostálgico y de origen húngaro. La cada vez más animada primera danza y la impetuosa segunda son también de origen magiar, mientras que la enérgica tercera danza se inspira en la música tradicional rumana de la región de Walachia. La sensual cuarta tiene una marcada inflexión árabe, en contraste con el primitivo arquetipo campesino de la quinta danza. El finale aúna características temáticas y rítmicas de las danzas precedentes en una tonificante síntesis que refleja adecuadamente lo que Bartók describió como "...la hermandad de los pueblos ... a pesar de todas las guerras y conflictos".


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viernes, 16 de enero de 2009




Orquesta Sinfónica de Londres
Sergiu Celibidache, director


En 1874, el compositor ruso Modest Musorgski compuso la suite para piano "Cuadros de una exposición", orquestada por Maurice Ravel a solicitud de Serge Koussevitzki, quie la estrenaría en París el 19 de octubre de 1922. La obra está inspirada en una exposición póstuma de diez pinturas y escritos de su amigo Víctor Hartmann, pintor fallecido en 1873 con sólo 39 años. Es una obra maestra, del tipo de música romántica conocida como música programática. Musorgski realizó un conjunto de piezas descriptivas que adquieren unidad con un tema titulado Promenade (paseo) el cual se oye desde el inicio, y después reaparece variado a lo largo de la pieza, mientras el visitante de la exposición va de cuadro en cuadro.

Los títulos de las secciones (los  cuadros de Hartmann que conformaban la exposición) son los siguientes:

 Gnomus: un gnomo alargando con pasos torpes sus piernecillas torcidas, con aullidos y convulsiones.

El viejo castillo: un castillo de la Edad Media ante el cual canta un trovador.

Tullerías: en la alameda de un jardín, algarabía de unos niños jugando.

Bidlo: una carreta con enormes ruedas tirada por dos bueyes. Con un gran dominio de la dinámica, Mussorgski refleja la llegada y el alejamiento de la carreta.

Ballet de los polluelos en sus cascarones: imagen humorística de dos alegres polluelos. Este dibujo a tinta china fue realizado para el decorado del ballet Trilbi.

Dos judíos polacos: uno rico y arrogante, el otro pobre y plañidero. Este cuadro refleja el antisemitismo ruso de la época.

El mercado de Limoges: unas mujeres discutiendo animadamente en el mercado.

Catacumbas: se ve allí a Hartmann y dos sombras, visitando las catacumbas a la luz de una antorcha.

La cabaña sobre patas de gallina: una cabaña con forma de reloj, donde vive la bruja Baba-Yaga, conocido personaje de la literatura infantil.

La Gran Puerta de Kiev: proyecto de construcción arquitectónica, en el estilo ruso antiguo, rematado por una gran cúpula.


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jueves, 15 de enero de 2009



Royal Philharmonic Orchestra
Vladimir Ashkenazy, director


Esta pequeña obra maestra, escrita en 1880, es un Poema Sinfónico dedicado a Liszt que sirvió para acompañar una representación viviente en conmemoración de los veinticinco años de reinado del zar Alejandro II. Se estrenó en 1882 con extraordinario éxito y se puede afirmar, sin ningún género de dudas, que cada una de sus notas pertenece enteramente a Borodin, quien describía en el programa de mano del estreno una caravana que atraviesa la estepa "bajo la supervisión del victorioso y terrible Ejército Ruso". Más tarde, la obra sería "desmilitarizada", si bien es cierto que su atmósfera no sugiere con demasiada vehemencia la idea de la guerra.

La forma del Poema Sinfónico En las Estepas de Asia Central es libre y se basa en la hábil combinación de tres temas o motivos: una nota pedal que evoca la línea del horizonte y dos melodías: la primera, extraída de una canción popular rusa y la segunda, tomada de un tema del folclore de Uzbekistán (melodía uzbeka o melodía oriental). En el silencio de las estepas arenosas del Asia Central suena el primer estribillo de una apacible canción rusa. Se pueden oír también los misteriosos y melancólicos sonidos de los cantos orientales, los pasos de los caballos y camellos que se acercan.


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miércoles, 14 de enero de 2009
Barbara Bonney (soprano)/Anne Sofie Von Otter (mezzosoprano)


"El Caballero de la Rosa", ópera en tres actos con música de Richard Strauss (1864-1949), cuyo libreto, como ya sucediera con el de 'Electra' y otras obras posteriores, es obra de Hugo von Hofmannsthal (1874-1929) en colaboración con "su ayudante" el conde Harry Kessler, fue estrenada en Dresde, el 26 de enero de 1911. Strauss, había roto moldes con sus óperas "Salomé" (1905) y "Electra" (1909), llegando casi al borde del atonalismo, tras lo cual dio un cambio de rumbo a su estilo y estrenó "El Caballero de la Rosa" (Der Rosenkavalier) en 1911. En su nueva ópera Strauss regresa a la tradición mozartiana, pero no es ni una remota imitación de lo producido en el siglo XVIII. Strauss logró gracias a su talento, sentido teatral y categoría como compositor, que "Der Rosenkavalier" fuera considerada como su obra más completa.

El Acto II se desarrolla en un salón en casa de los Faninal. El propietario de la mansión, un nuevo rico, muy nervioso ya que su hija se va a casar con un noble de alta alcurnia, cuyas deudas pagará la dote de Sophie (soprano), da los últimos toques para la recepción del portador de la rosa de plata, mientras su hija y el aya miran por las ventanas la llegada de Octavian (mezzosoprano): Ein ernster Tag! (¡Un día solemne!).

Aparece el muchacho vestido con un traje plateado portando la rosa en la mano. Al verse, los jóvenes quedan prendados uno del otro. Luego Sophie le cuenta al noble que conoce todos los pormenores de su vida por las gacetillas de sociedad, lo que halaga y enamora aún más a Octavian (Dúo: Mir ist die Ehre widerfahren: En mi vida he recibido el honor; Ich Kenn' Ibn schon recht wohl: Ya os conocía). El vídeo corresponde a la famosa producción dirigida por Carlos Kleiber en la Ópera del Estado de Viena en 1994.

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martes, 13 de enero de 2009

Hélène Grimaud, piano/Orquesta de París/Christoph Eschenbach, director

La obra está escrita para piano y una orquesta que consta de flauta, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas, timbales y cuerdas. Como es usual en el concierto clásico, tiene tres movimientos:

Allegro moderato
Andante con moto
Rondo (Vivace)


Cada concierto de Beethoven es distinto, y en ello radica gran parte de su encanto y atractivo para intérpretes y público. Beethoven desarrolla una escritura pianística de gran virtuosismo (recordemos que él mismo fue un gran virtuoso en su juventud). Quizá su concierto más famoso sea el Concierto para piano nº 5 “Emperador”, de 1809, en donde el virtuosismo y el sinfonismo se combinan a la perfección. Es una composición épica ("sinfonía con piano" la han llamado algunos) que tiene un originalísimo arranque y soberbias cadencias.

El Primer y Segundo Conciertos para piano destacan por su concepción alegre, mientras que el Concierto para piano nº 3, de 1801, de tono serio, es de una amplitud y calidad incomparables. Por su parte, el Concierto para piano nº 4, de 1808, apuesta por la profundidad lírica, en especial su Segundo Movimiento ("Andante con moto"), en el que orquesta y solista rivalizan sin llegar a tocar nunca juntos.
La mayor originalidad del Concierto nº 4  reside en este brevísimo movimiento de 72 compases (aunque podríamos mirar otra vez el K. 271 de Mozart, Lento), un tiempo sustentado en el relativo 'mi', que presenta un acentuado contraste entre la cuerda abrupta y seca, de único discurso, y la dulzura del piano -de vocación acórdica-, una ternura que se va filtrando por los lacerantes pentagramas del tutti, hasta que, tras convincente cadenza, consigue fundirse con la cuerda (que abandona su alegato al unísono por un progresivo seguimiento armónico). Apenas estrenada la obra, fueron muchos los estudiosos que buscaron referencias extramusicales para explicar musicalmente esta confrontación inusualmente dramática (esposa sumisa frente a marido violento, Orfeo y las Furias, etc.), verdadero golpe de genio y emoción.

El Concierto nº 4 fue estrenado por Beethoven como solista en un concierto privado dado en marzo de 1807 en el palacio de su mecenas, el príncipe Lobkowitz. Sin embargo, el estreno público no aconteció hasta el 22 de diciembre de 1808 en el Theater an der Wien de Viena, de nuevo con Beethoven al piano. Fue un concierto "maratón" y la última aparición pública de Beethoven como solista con orquesta, y además también fue el estreno de su Fantasía para piano, coro y orquesta, Op. 80 y las Sinfonías  Quinta y Sexta. En el mismo concierto se presentaron el aria para soprano Ah, perfido! y tres movimientos de la Misa en Do mayor, Op. 86. Beethoven dedicó el concierto a su amigo, alumno y patrón el arichiduque Rodolfo. Un comentario en el Allgemeine Musikalische Zeitung de mayo de 1809 decía que " [este concierto] es el más admirable, singular, artístico y complejo concierto que Beethoven haya escrito". Empero, después de su estreno la obra fue olvidada hasta 1836, cuando fue recuperada por Felix Mendelssohn.

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lunes, 12 de enero de 2009





Martha Argerich y Brigitte Meyer, piano

Asentadas en la tradición de las Variaciones Goldberg de Bach y las Variaciones Diabelli de Beethoven, las Variaciones sobre un tema de Haydn de Johannes Brahms ahondan en el concienzudo estudio que su autor hizo a lo largo de su vida de algunos de los grandes nombres de la música clásica, como Händel o Beethoven. También conocidas como Variaciones San Antonio, fueron compuestas durante una estancia veraniega de Brahms en el lago Starnberger, cerca de Múnich. El tema en el que están basadas pertenece al primero de una serie de seis Divertimentos que se creían escritos por Haydn aunque después se pensó que eran obra de su discípulo Ignace Pleyel, aspecto no del todo confirmado.

Brahms trabajó sobre el tema del segundo movimiento, inspirado a su vez en un antiguo cántico austríaco de nombre Coral San Antonio. Las Variaciones Haydn, en un principio escritas para dos pianos,  aunque después serían adaptadas también para la orquesta, están compuestas por diez piezas y significan un hito fundamental dentro de la carrera de Brahms, pues fueron su primero obra para gran orquesta.

La exposición del tema, en Si bemol mayor, es seguida por ocho variaciones y un final, compuestos por Brahms en el verano de 1873. Los diez números se suceden así:

  1. Tema. Coral S. Antonio (Andante)
  2. Variación I. Poco più animato (Andante con moto)
  3. Variación II. Più vivace (Vivace)
  4. Variación III. Con moto
  5. Variación IV. Andante con moto (Andante)
  6. Variación V. Vivace (Poco presto)
  7. Variación VI. Vivace
  8. Variación VII. Grazioso
  9. Variación VIII. Presto non troppo (Poco presto)
  10. Finale. Andante

El tema está dividido, como cada una de las 8 variaciones, en dos partes que se repiten (dos partes, con segunda vuelta: A-A/B-B). Se presenta como el supuesto original, en forma de coral (el confundido coral San Antonio).

Las ocho variaciones son ocho transformaciones del tema: en su ritmo, en su carácter, en su armonía. Insistimos: cada variación sigue el mismo esquema del tema. El finale es una passacaglia (o pasacalle, antigua danza lenta de origen hispánico). Se basa en una frase de cinco compases tomada del tema original. Esta frase se repite dieciséis veces en el bajo. Y sobre ese ostinato van apareciendo una serie de variadas líneas de contrapunto, construyendo, dicho en el sentido de la arquitectura, la textura polifónica, es decir una especie de entretejido con distintas voces. Y luego, poderoso, reaparece el coral. Una serie de escalas va impulsando la música hacia la conclusión o coda: la marcha del discurso se va deteniendo, nota a nota, reduciendo el caudal sonoro. Y desde allí, sin discontinuidad emerge impetuoso el accellerando que desemboca en los cinco últimos acordes, el último alargado (con calderón), clásico final brahmsiano.

El principio de la variación musical es muy antiguo. Pertenece al arte de manera tan natural que sería difícil imaginar alguna época en que no se haya utilizado. Ya en los días de Palestrina, y aun antes, cuando predominaba la música vocal, el principio de la variación melódica estaba firmemente establecido en la práctica musical. Las misas de los maestros del siglo XVI solían estar basadas por entero en una determinada melodía, la cual se utilizaba con variantes en cada una de las diversas partes de la obra. El principio de la variación se aplicó primero melódicamente, pero pronto los virginalistas ingleses lo adaptaron al estilo instrumental, variando la armazón armónica de una manera muy semejante a la que hoy día se sigue. En realidad, esos maestros primitivos ingleses utilizaron tanto este nuevo artificio, que acabó por hacerse un poco fastidioso; más que en un principio formal se convirtió en una mera fórmula. Cualquiera podía tomar un tema y escribir sobre él diez variaciones llenas de veloces pasajes escalísticos, trinos y profusión de florituras que en sí no tenían mayor interés. Naturalmente, eso no es cierto en lo que atañe a los mejores ejemplares de la época, como, por ejemplo, las variaciones de Byrd sobre The Carman's Whistle.

A partir de aquellos tiempos no ha habido una época en la que los compositores no hayan utilizado la forma variación. Como molde básico la emplearon reiteradamente los clásicos Haydn y Mozart, los primeros románticos Beethoven y Schubert y los posteriores, como Schumann y el propio Brahms. Y más recientemente ha continuado floreciendo igual que siempre, como lo atestiguan el famoso Don Quijote de Strauss, las Variaciones Enigma de Elgar, las Variaciones de Istar de D'Indy, el Octeto de Stravinsky, el Schwanendreher de Hindemith o el Cuarteto de cuerda (Tres variaciones sobre un tema) de Roy Harris. Eso probará -si alguna prueba fuera necesaria- que las formas de variación son fundamentales en la historia de la música; y no es probable que los compositores lleguen a abandonarlas del todo.


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domingo, 11 de enero de 2009





Orquesta Filarmónica de Nueva York
Leonard Bernstein, director

Josef Haydn (1732-1809) es una de las figuras más influyentes en el desarrollo de la música del Clasicismo (c. 1750-1809). De origen humilde, nació el 31 de marzo de 1732 en Rohrau an der Leitha, cerca de Viena. Era el mayor de los dos músicos hijos de un carretero. Se supone que su familia tenía raíces croatas. A los ocho años entró en la escuela coral de la Catedral de San Esteban de Viena, donde recibió su única formación académica. A los diecisiete años abandonó el coro y pasó varios años trabajando como músico independiente. Estudió tratados de contrapunto y recibió algunas lecciones del prestigioso maestro de canto y compositor italiano Nicola Porpora. En 1755 trabajó para el barón Karl Josef von Fürnberg, época en que compuso sus primeros cuartetos de cuerda. En 1759 fue nombrado director musical del conde Fernando Maximilian von Morzin. En 1760 contrajo matrimonio con Maria Anna Keller, unión que fracasó y de la que no hubo descendencia.

La suerte de Haydn cambió en 1761, año en que fue nombrado Vicekapellmeister del príncipe Pál Antal Esterházy; en 1762 fue nombrado Kapellmeister. Trabajó para tres príncipes de la familia Esterházy. El segundo de ellos, el príncipe Nikolaus Esterházy, fue un gran amante de la música. En Esterháza (Hungría), su lugar de veraneo, Nikolaus disponía de una orquesta que era dirigida por Haydn. Además de las sinfonías, óperas, misas, obras de cámara y música de danza que el príncipe le encargaba, Haydn también ensayaba y dirigía obras de otros compositores. Debía enseñar a los cantantes, mantener la colección de instrumentos y el archivo musical, trabajar como organista, violista y violinista cuando fuera necesario, amén de solventar las disputas de los músicos que estaban a su cargo. Aunque con frecuencia se quejó del peso de su trabajo y del aislamiento que sentía en Esterháza, su posición era envidiable para un músico del siglo XVIII. Un aspecto importante de la revisión de su contrato en 1779 fue la libertad de poder vender su música a los editores y aceptar comisiones por ello. Como resultado, durante la década de 1780 su obra empezó a conocerse más allá de los límites de Esterházy y su fama se extendió por toda Europa. Tras la muerte del príncipe Nikolaus en 1790, su hijo, el príncipe Antal, redujo las actividades musicales en Esterháza.

Aunque Haydn mantuvo el puesto de maestro de capilla, pudo realizar algunos viajes fuera de Viena. El violinista y empresario británico Johann Peter Salomon lo contrató para sus conciertos en Londres. Las dos estancias que mantuvo en la capital británica para dirigir estos conciertos (1791-1792 y 1794-1795), fueron las ocasiones perfectas para disfrutar el éxito de sus últimas sinfonías. Conocidas como las Sinfonías Salomon o Sinfonías de Londres (de la 93 a la 104), en ellas se incluyen algunas de sus obras más famosas: Sorpresa (nº 94), Militar (nº 100), El reloj (nº 101), El redoble de timbal (nº 103) y Londres (nº 104).

La Sinfonía nº 97 es la quinta de las Sinfonías de Londres. Fue completada en 1792 dentro de la serie de las estrenadas en la capital británica en el primero de los viajes que allí efectuara Joseph Haydn. Consta de cuatro movimientos y su orquestación dispone dos flautas, dos oboes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas, timbales y cuerdas. Tras una introducción lenta que evita deliberadamente establecer la tonalidad, el tema principal de su primer movimiento resalta las tres notas de la tríada de Do mayor. El segundo tema es presentado con un pizzicato en las cuerdas graves. 

Durante sus últimos años en Viena, Haydn se dedicó a componer misas y grandes oratorios como La Creación (1798) y Las Estaciones (1801, basado en el poema del mismo nombre del escocés James Thomson). También de este periodo es El himno del Emperador (1797), que más tarde se convirtió en el himno nacional de Alemania. Tras conseguir fama y riqueza, Haydn murió en Viena el 31 de mayo de 1809.


La música de Haydn abarca prácticamente todos los géneros: música vocal, instrumental, religiosa y profana. Muchas de sus obras no eran conocidas fuera de Esterháza, especialmente los 125 tríos y demás piezas compuestas para baryton, una viola barítono o instrumento híbrido de cuerda que el príncipe Nikolaus tocaba. La mayoría de sus óperas las compuso según el gusto y las directrices de su patrón y protector. Haydn admitió la superioridad de las óperas de su joven amigo Wolfgang Amadeus Mozart. No obstante, en otros géneros, sus obras tuvieron buena acogida y su influencia fue importante. Sus107 sinfonías (104 es el número tradicional; otras tres se han incluido posteriormente) y sus 83 cuartetos para cuerda, que revolucionaron la música, son pruebas fehacientes de su original aproximación a nuevos materiales temáticos y formas musicales, así como de su maestría en la instrumentación. Sus 62 sonatas y 43 tríos para piano despliegan un amplio abanico de complejidad técnica, desde aquellos compuestos para aficionados hasta los destinados a virtuosos del teclado, estos últimos pertenecientes a sus obras de madurez.

La influencia que Haydn ejerció en el desarrollo de la sonata fue decisiva. La forma musical  predominante en el Clasicismo, que han continuado empleando los compositores hasta el siglo XX para crear estructuras musicales cada vez más extensas, fue utilizada por Haydn de dos maneras diferentes: en primer lugar, desarrollando lo que hasta entonces había sido una simple exposición de temas en distintas tonalidades, con lo que creó una sofisticada interacción entre distintos grupos temáticos, cuyas diferentes tonalidades definían la estructura de los movimientos; en segundo lugar, economizando el material temático, muchas veces con el empleo de un único tema, de manera que sólo las tonalidades diferenciaban las distintas partes. Esta tendencia hacia la austeridad temática se puede apreciar así mismo
ciento veinte años más tarde en las últimas sinfonías de Jean Sibelius. La productividad de Haydn se vio reforzada por su originalidad. La forma innovadora en que transformaba una simple melodía o motivo en complejos desarrollos fascinó a sus contemporáneos. Son característicos de su estilo los cambios repentinos de atmosféras dramáticas a situaciones humorísticas, así como su inclinación por las melodías de tipo popular. Cierto escritor de su época describió la música de Haydn como “arte popular”. De hecho, su equilibrio entre la música directa y los experimentos innovadores supuso la transformación de la expresividad instrumental en la música dieciochesca.
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sábado, 10 de enero de 2009

Más de 100 propuestas
El programa reúne 105 propuestas en total (la mayoría en el Centro Cultural Moncloa), una de las cuales fue un añadido de última hora. «Hemos sido muy ágiles —afirmó ayer el concejal presidente del distrito, Álvaro Ballarín—, y hemos incluido un homenaje a Harold Pinter, que falleció recientemente, con la puesta en escena de “El amante”» (lunes 2 de febrero). Otras de las actividades destacadas es el ciclo en torno a la obra del escritor y cineasta Pier Paolo Pasolini, en colaboración con el festival Escena Contemporánea. Además, el ciclo «Ópera Moncloa» contará con los estrenos de «Lucía de Lamermoor» (24 de enero), de Donizetti, y «Dido y Eneas» (22 de febrero), de Purcell. Entre las apuestas musicales destacan las actuaciones de Spunkfool y Mate(5 de febrero y 22 de enero respectivamente, en el Centro Cultural Julio Cortázar).
Con motivo del centenario de su muerte, el distrito Moncloa-Aravaca ha escogido a Isaac Albéniz como protagonista de su programa cultural «Distrito 9: Espacio de Creación». Entre el 16 de marzo y el 6 de abril, las obras más destacadas del compositor gerundense -fallecido el 18 de mayo de 1909- serán representadas en conciertos, óperas y obras de teatro, con la participación de intérpretes consagrados y de nuevos valores de la música y el canto.
Álvaro Ballarín, concejal presidente de la Junta Municipal de Moncloa-Aravaca, presentó ayer esta propuesta en el Centro Cultural de Moncloa asegurando que «a pesar de que nuestro programa siempre pone el énfasis en los artistas emergentes, no podíamos dejar pasar esta oportunidad porque el centenario de la muerte de Albéniz son palabras mayores. Esta es una gran ocasión para recuperar su legado y documentarnos mejor, reuniendo a un elenco de artistas que sepan interpretar la obra de este magnífico compositor lírico».
«Iberia», el primer plato
La pianista madrileña Rosa Torres Pardo será la encargada de abrir la celebración de este centenario nada menos que con «Iberia», testamento musical de Albéniz y, a la vez, una de las obras cumbre del piano español. Como complemento de este concierto, el Centro Cultural exhibirá una exposición de cuadros de la pintora Myriam Flórez, que se ha inspirado en las doce piezas que componen la suite.
Durante este ciclo monográfico dedicado a Albéniz también se representarán algunas de sus obras líricas más reconocidas, como «Merlín», la ópera basada en la leyenda del Rey Arturo (esta fue la primera parte de una trilogía inacabada), «Pepita Jiménez», la comedia basada en la novela homónima de Juan Valera, y «San Antonio de la Florida», a la cual Ballarín se refirió bromeando: «Hubiera sido todo un atropello no incluirla, sobre todo teniendo en cuenta que la Iglesia de San Antonio de la Florida está en nuestro distrito».
La mezzosoprano Elena Gragera, acompañada de Antón Cardó, interpretará algunas de las canciones más conocidas que Albéniz firmó para voz y piano; y el director de orquesta José de Eusebio presentará los Poemas de Amor de Armand Silvestre, para los que el autor español compuso un vistoso acompañamiento musical.
Al margen de la programación especial en torno a la figura de Albéniz, la temporada de invierno del distrito Moncloa-Aravaca incluye más de cien propuestas musicales, escénicas y artísticas -que reunirán a más de 2.000 artistas-, en algunas de las cuales, recordó Ballarín, «participarán los grupos de teatro de la Universidad Complutense de Madrid, con la que mantenemos una relación muy fluida». El vicerrector de Cultura y Deportes de la misma, Juan Manuel Álvarez Junco, presente en la rueda de prensa, afirmó que para el ente educativo «es un placer mantener esta nutritiva colaboración con el distrito en el que nos encontramos», y explicó la necesidad «de establecer caminos para que las actividades lleguen a toda la ciudad». Siguiendo esta argumentación, Ballarín quiso dejar claro que «la programación cultural de Moncloa-Aravaca está abierta a todos los madrileños, no sólo a los que viven en nuestro distrito».
Objetivo, 100.000 visitas
El programa «Distrito 9: Espacio de Creación», que recibió 10.000 visitas en su primera edición, ha experimentado una notable evolución y espera superar las 100.000 en este su sexto año, «algo que sería un éxito enorme, teniendo en cuenta que en el distrito viven 140.000», dijo Ballarín. Para este primer trimestre de 2009, la oferta cultural de Moncloa-Aravaca ha contado con un presupuesto de 300.000 euros.

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viernes, 09 de enero de 2009

El belga asegura que no abandonará sus métodos transgresores al llegar a Madrid

Diario LA RAZÓN, MADRID- En diciembre, cuando fue presentado en el Teatro Real como nuevo director artístico del coliseo, cargo que ocupará a partir de 2010, Gerard Mortier dejó claro cuáles eran sus objetivos y cuáles sus prioridades. Ayer, la edición vespertina de «Le Monde» recogía una larga entrevista en la que se despachaba sobre el coso madrileño. Genio y figura, el todavía director de la Ópera Nacional de París adelantaba, por si aún quedaban dudas, que no está en su pensamiento abandonar la etiqueta de inconformista que ha acompañado su larga trayectoria, aunque eso le granjee recelos con el público español. «Establo de vacas» «Un público que aplaude un montaje como el de Katia Kabanova no puede ser conservador», declaraba a este diario el mes pasado. Ayer daba un paso más en las páginas del diario galo: «En Madrid existe una juventud que tiene curiosidad, y el público de arte lírico no es franquista. De hecho, Franco detestaba la ópera, que había transformado en establo para las vacas», declaró Mortier. Aseguró, también, que «en España el escollo es la educación musical», y explicó que eso hace que «las orquestas españolas estén llenas de músicos extranjeros». También lo adelantó en Madrid: quiere situar al Real en la órbita internacional para que «juegue en la liga europea de primera» porque no lo considera un teatro de referencia y es un reto, explicó, que le seduce: «Hay cosas que construir y esa perspectiva me encanta», dijo en las páginas de «Le Monde», informa Efe. Al hacer balance de su etapa parisina, el belga, de 65 años, subrayó, asimismo, que la Ópera que dirige desde 2003 se llena «al 92 por ciento» pese a que más de un tercio de la programación está dedicada a obras del siglo XX.Llegó a París con el objetivo de rejuvenecer el público de la Ópera y afirma haber hecho pasar la edad media de los abonados de 56 a 48 años y haber logrado «uno de los públicos de ópera más jóvenes del mundo». Destacó, asimismo, que el presupuesto del Real, de 58 millones de euros para un centenar de representaciones, «corresponde al que tenía la Ópera de París», que es de 162 millones para 350 representaciones y recordó que prefirió abandonar su proyecto de dirigir la New York City Opera al perder, debido a la crisis, buena parte del presupuesto inicial de 60 millones de dólares (casi 44 millones de euros) acordado.
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Orquesta Filarmónica de Berlín
Simon Rattle, director


De las composiciones de John Adams las más conocidas y discutidas han sido la ópera Nixon in China, estrenada en la Opera de Houston en 1987 y ganadora del Grammy 1989 mención Mejor Composición Contemporánea. Con Nixon in China, el compositor, junto con el director Peter Sellars, la libretista Alice Goodman y el coreógrafo Mark Morris, llevó la historia contemporánea a la ópera, aventurando un naciente género de teatro musical post-moderno.

La segunda ópera de Adams, The Death of Klinghoffer, nuevamente en colaboración con Sellars, Goodman y Morris, tuvo su estreno en la Ópera de Bruselas en 1991. Su siguiente obra escénica fue una colaboración con Peter Sellars y June Jordan, se tituló I Was Looking at the Ceiling and then I Saw the Sky. Descrita por sus creadores como “una obra cantada”, está concebida para seis cantantes con una banda de ocho instrumentistas en escena. Ceiling/Sky fue estrenada en Berkley en mayo de 1995 y presentada en Montreal, Nueva York, Edimburgo, Helsinki, París y Hamburgo.

Inicialmente considerado como minimalista, John Adams ha incorporado en su lenguaje maduro la fuerza rítmica característica del minimalismo con las armonías y los colores orquestales del romanticismo tardío. Normalmente introduce en sus obras referencias de una variada gama de idiomas musicales contemporáneos, tanto populares como serios, incluso en sus óperas o en aquella obra orquestal Fearful Symmetries que posee toques de Stravinsky, Honegger y música de grandes bandas de swing. En una tendencia similar, la Sinfonía de Cámara, estrenada en enero de 1993, funde el virtuoso expresionismo de Schoenberg con el maniático mundo de la música incidental de los dibujos animados. Concebida para quince instrumentos, la Sinfonía de Cámara ha logrado un extraordinario éxito y muchas orquesta, incluyendo el Ensemble Modern, la London Sinfonietta y el Ensemble InterContemporain, la interpretan con regularidad. Además, la Sinfonía de Cámara fue galardonada en 1994 con el Premio de la Royal Philharmonic Society Music como mejor composición de cámara. Otra partitura más reciente para conjunto es Scratchband que fue estrenada en abril de 1996 durante una gira del Ensemble Modern por los Estados Unidos.

Entre las obras orquestales de Adams aparecen las muy conocidas fanfarrias Short Ride in a Fast Machine y Tromba Lontana, su aclamada partitura con texto de Whitman llamada The Wound-Dresser y un encargo de la Sinfónica de San Francisco titulada El Dorado. Gracias a su Concierto para Violín, escrito como respuesta a una inusual comisión tripartita de la Orquesta de Minnesota, la Sinfónica de Londres y el New York City Ballet, Adams fue premiado en 1995 con el Grawemeyer Award for Music. Otras obras orquestales son Slominsky’s Earbox (1996), el concierto para clarinete Gnarly Buttons (1996) escrito para Michael Collins y la London Sinfonietta, el concierto para piano Century Rolls, que
fue concebido para Emmanuel Ax y estrenado por este artista junto a Christoph von Dohnanyi y la Orquesta de Cleveland, y Naive and Sentimental Music (1999).

En palabras del propio compositor, su breve obra para gran orquesta sinfónica Short Ride in a Fast Machine "rebosa energía y exige un gran virtuosismo de la orquesta". Por cierto, que la indicación de tempo que añade Adams es bastante significativa, ya que clarifica el carácter de la obra: Delirante. (Más claro, agua).

Short Ride in a Fast Machine es una pieza corta (entre 4 y 5 minutos) ideal para servir de inicio de un concierto. Extrovertida y accesible para todo el público, es un ejemplo de que, a pesar de sus detractores, el minimalismo puede ser tan atractivo como cualquier otra técnica compositiva si se sabe aplicar bien y se tiene oficio, talento e inspiración suficientes.

El que iba a ser el estreno de esta obra en los Proms londinenses (uno de los festivales de música clásica más populares), coincidió con el fallecimiento de la Princesa Diana (1997). Resultado: se suspendió el estreno ya que la obra era excesivamente alegre para aquel momento. El segundo intento tampoco llegaría a buen puerto: Short ride fue retirada por idéntico motivo, en esta oportunidad, debido al ataque terrorista del 11-S a las Torres Gemelas (2001). En definitiva, hubo que esperar al año 2004 -siete años más tarde de haber sido programada por primera vez- para que finalmente pudiera escucharse la obra. En los Proms Short ride (corta vuelta) se acabó convirtiendo en un viaje (temporal) bastante largo.

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jueves, 08 de enero de 2009
Orquesta del Teatro Mariinsky/Valery Gergiev, director


La polémica de si se debe dirigir la orquesta con o sin batuta es casi eterna, pero Valery Gergiev bate todos los records: más que batuta este gran director emplea un palillo (¡o bien se la han lavado accidentalmente con la camisa y le ha encogido!).

Mikhail Glinka nació en 1804, en Novospasskoye (Rusia) y se educó musicalmente en San Petersburgo. Antes había podido escuchar música folclórica durante las estancias en las posesiones rurales que tenía su padre. Estudió con varios maestros en Rusia, Italia y Alemania, donde el irlandés John Field le dió lecciones de piano. En Italia conoció a Vincenzo Bellini y a Gaetano Donizetti; en Alemania fue alumno de Dehn. Hasta 1835 compuso sobre todo canciones. Su ópera "Una vida para el zar" (1836) fue fruto de sus estudios sobre cuentos tradicionales y canciones populares rusas. El argumento gira sobre la invasión de Rusia por los polacos en 1613. Se trata de la primera ópera rusa de carácter nacionalista. La música de su segunda ópera, "Ruslan y Ludmilla" (1842), basada en un poema del escritor Aleksandr Pushkin, está repleta de hermosas melodías extraídas de la música folclórica de su país.

Glinka está considerado como el fundador de la escuela de música nacionalista rusa, a la que luego se sumarían los integrantes del llamado 'Grupo de los Cinco' (Borodin, Musorgski, Rimski-Kórsakov, Balakirev y Cui), continuadores de su obra y defensores de la estética de inspiración nacional. Glinka también se interesó por la música popular y las danzas de España, donde vivió entre 1845 y 1847; nuestro país le inspiró sus oberturas "Jota aragonesa" y "Noche en Madrid" (1851). Del resto de su producción cabe destacar la fantasía orquestal "Kamarinskaya" (1848), música de cámara, obras para piano y canciones. Glinka murió en Berlín en 1857.


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miércoles, 07 de enero de 2009



Participan Cecilia Bartoli como Donna Elvira, Rodney Gilfry (Don Giovanni) y László Polgár (Leporello). Don Giovanni, Zürich 2001, dirigido por Nicolaus Harnoncourt y Jürgen Flimm.

No se sabe con certeza si Mozart conocía el drama de Tirso de Molina, pero en su música está la más alta representación del mito de Don Juan. Sólo la intuición de un genio como el de Mozart podía conseguirlo. Moliere y Goldoni se habían alejado de la auténtica esencia del mito, el primero negándolo al hacer de Don Juan un ateo, el segundo destruyéndolo estúpidamente al castigar los desmanes del disoluto con una «muerte natural»; el rayo de una tormenta.

Don Juan no niega lo sobrenatural; pretende, con su exuberante sensualidad, dar una dimensión a la vida también sobrenatural, que desafíe a la muerte, que la haga imposible en su despectivo «¡Qué largo me lo fiáis!». Esto es lo que Mozart recupera y ensalza en su Don Giovanni; no hace falta llegar a la escena final; en la obertura misma está representado lo trascendente, y el carácter del héroe, su arrogancia desafiante, en una célula rítmica con la voz de los instrumentos de viento. Luego, en la acción dramática, desde que el Comendador, herido por Don Juan, se extingue como una llama vacilante, hasta que aparece para hundir a su matador en el fuego del infierno, en la escena hay un aliento sobrehumano, esté o no esté el burlador presente. Cierto que aparte estos dos personajes, el resto de las figuras son humanas, sobre todo las tres mujeres, pero Doña Ana y Doña Elvira van siguiendo siempre esa estela de dolor que ha dejado a su paso el burlador.

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martes, 06 de enero de 2009









Orquesta Sinfónica de la NDR de Hamburgo
Christoph von Dohnányi, director



Junto a su compatriota Zoltán Kodály, Béla Bartók es el compositor más destacado que ha dado Hungría a lo largo de su historia y una de las figuras imprescindibles en las que se fundamenta la música contemporánea.

Aunque los primeros pasos de Bartók en el mundo de la música se decantaron hacia la interpretación pianística (en 1905 llegó a presentarse al prestigioso Concurso Rubinstein de piano, en el que fue superado por un joven Wilhelm Backhaus), pronto se inclinó decididamente por la composición musical. De trascendental importancia en ello fue el descubrimiento del folclore húngaro que Bartók, junto al mencionado Kodály, estudió de manera apasionada de pueblo en pueblo y de aldea en aldea, con la única ayuda de un rudimentario fonógrafo y papel pautado.


La influencia del estudio del folclore centroeuropeo en su propia labor creadora sería determinante, hasta convertirse en la principal característica del estilo de Bartók y permitirle desvincularse de la tradición romántica –en especial de la representada por autores como Liszt, Brahms y Richard Strauss– que aún se aprecia en sus primeras composiciones, entre las que figura el poema sinfónico Kossuth.

Si bien algunas de sus obras conservan total o parcialmente el concepto de melodía tradicional (Cuarenta y cuatro dúos para dos violines), en otras, sobre todo en las más maduras, se asiste a la total absorción de los ritmos y las formas populares, de manera tal que, pese a no existir referencias directas, se advierte en todo momento su presencia. Páginas como las de El castillo de Barbazul, única ópera escrita por Bartók; los ballets El príncipe de madera y El mandarín maravilloso; el Concierto para piano nº 1 y el Allegro bárbaro para piano contribuyeron a hacer de él un autor conocido dentro y fuera de las fronteras de su patria, a pesar del escándalo que suscitaron algunas de ellas por lo atrevido de su lenguaje armónico, rítmico y tímbrico.


El estallido de la Segunda Guerra Mundial obligó a Bartók, como a tantos otros de sus colegas, a buscar refugio en Estados Unidos. Allí, a pesar de algunos encargos puntuales como la Sonata para violín solo o el Concierto para orquesta, Bartok pasó por serias dificultades económicas, agravadas por su precario estado de salud. A su muerte, a causa de una leucemia, dejó inacabadas algunas composiciones, como el Concierto para piano nº 3 y el Concierto para viola, ambas culminadas por su discípulo Tibor Serly.


La Música para cuerda, percusión y celesta fue un encargo de  Paul Sacher para celebrar el décimo aniversario de la Orquesta de Cámara de Basilea, la partitura está fechada del 7 de septiembre de 1936. El estreno tuvo lugar en Basilea, el 21 de enero de 1937 por la Orquesta de Cámara de Basilea dirigida por Sacher, y fue publicado el mismo año por la Editora Universal. Es una síntesis entre lo establecido y las corrientes modernas. En su plantilla figuran las cuerdas (dos cuartetos y arpa), la percusión (xilófono, tambor, platillos, gong, bombo, timbales) y la celesta. También incluye piano, instrumento que puede clasificarse dentro de los de cuerda o los de percusión. La Música para cuerda, percusión y celesta tiene una sólida estructura, basada en conceptos matemáticos, como el número áureo y las series de Fibonacci.


La obra consta de cuatro movimientos:


I. Andante tranquillo: Es una fuga lenta sobre un sujeto cromático que está basada sobre la nota La, que la inicia y concluye. El comienzo presenta secuencias de la cuerda con sordina. Se van incorporando más voces a la textura que se espesa. La intensidad aumenta hasta alcanzarse el clímax. En ese momento se eliminan las sordinas y la música adquiere un tono más íntimo sobre los apacibles acordes de la celesta. El movimiento termina con el tema de la fuga tocado suavemente sobre su inversión. El material de este primer movimiento se puede considerar como básico para los posteriores. El tema de la fuga se repetirá en diversas formas en los movimientos restantes.


II. Allegro: Este segundo movimiento es rápido, en compás variable de 2/4 a 3/8. Aparecen en él la percusión y el piano. Este fragmento se caracteriza por el tratamiento libre de temas recurrentes, por presentar más color y dinámica que en el Andante inicial y no estar  tan estructurado como éste.


III. Adagio: Tiempo más lento en el que la celesta tiene protagonismo, Bartók se refería a él como "Música nocturna". Son sus principales características el glissando de los timbales, sus timbres oscuros,  y la lentitud y la referencia a temas previos.


IV Allegro molto: Esta vibrante conclusión se inicia con enérgicos golpes de timbal y acordes rasgueados en pizzicatto de las cuerdas. En general, tiene un carácter de alegre danza popular. Reaparece aquí el sujeto del Andante, pero ahora es diatónico y también es modificado dinámicamente.


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lunes, 05 de enero de 2009

Artur Rubinstein, piano

Frédéric Chopin (1810-1849) compuso cuatro "Scherzos" bien definidos y cuatro veces creó un contenido totalmente nuevo para una forma musical ya bien establecida. Se trata de una música que difícilmente podría acompañar a un minué de una sinfonía o sonata, y está aún más lejos del significado original de la palabra "scherzo", broma.

Más allá de las texturas deslumbrantes y de las líneas melódicas de profundo desarrollo, estas composiciones, sin embargo, son impactantes porque Chopin tenía un gran conocimiento de la tradición. Por ejemplo, organiza la progresión hacia intensos puntos culminantes utilizando la relación dominante-tónica que es el principal componente de la forma clásica de la Sonata.

El primer Scherzo, Op. 20, se publicó en Londres bajo el título de "Banquete infernal". Las primeras notas de la melodía del trío las tomó Chopin de un villancico polaco "Lulajze Jezuniu, lulajze, lulaj" (Duerme, Niño Jesús, duerme).

En Inglaterra, el segundo Scherzo, Op. 31, fue denominado "La meditación". (Wessel, editor londinense de Chopin, pensaba que tales títulos eran indispensables para vender sus obras). Es el Scherzo del cual se dice que fue "profanado y refrenado por la mano de una ama de llaves".

El tercer Scherzo, Op. 39, está dedicado al pianista alemán Adolf Gutmann, alumno de Chopin desde los quince años. Según cuenta otro alumno del maestro, Gutmann tenía suficiente fuerza como para romper una mesa con el acorde de la mano izquierda del sexto compás: un acorde que muchos pianistas no pueden tocar. Cuando Moscheles lo visitó en 1840, Frédéric Chopin se sentía muy débil y fue Gutmann quien ejecutó el Op. 39 recién terminado.

El cuarto Scherzo, Op. 54, lleva la polifonía del segundo scherzo a un nivel que el público del siglo XIX no parecía apreciar con plenitud. Saint-Saëns (que no se perdonó nunca haber obedecido a su maestro, que le prohibía escuchar a Chopin) citó el tema principal de este Scherzo en el segundo movimiento de su Concierto para piano Nº 2.

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domingo, 04 de enero de 2009


Orquesta Filarmónica de Berlín
Claudio Abbado, director


De las nueve partituras para ballet escritas por Prokofiev, Romeo y Julieta, compuesta en 1935, es su primer ballet del llamado "período soviético" (vale la pena recordar que Prokofiev permaneció fuera de su país a partir de 1918, regresando definitivamente a su patria en 1936). En concepto de André Lischké, se trata de la "primera adaptación coreográfica duradera, en la historia de la música, de una pieza de Shakespeare". Al parecer, la obra del célebre dramaturgo inglés era uno de los temas de interés de la cultura soviética durante este período. El ballet fue encargado por el Teatro de Moscú. Según escribe Claude Samuel, fue concebido como una extensa ópera muda en la que resultaba muy importante traducir la verdad psicológica de los protagonistas de la tragedia. Desde 1935, el escenógrafo Radlov había planeado con Prokofiev la realización escénica del ballet. Sin embargo, hubo que esperar cinco años para su presentación pública, la cual tuvo lugar en Leningrado, el 11 de enero de 1940.

Siguiendo su costumbre, Prokofiev resolvió el obstáculo de las presentaciones escénicas componiendo tres suites sinfónicas con música del ballet, las dos primeras en 1935 y la tercera, diez años más tarde. Las primeras dos suites se estrenaron en Moscú y Leningrado, respectivamente, en 1935 y 1937. De todas, la Segunda Suite es la más popular.


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sábado, 03 de enero de 2009


Coro y Orquesta de la Ópera de Dresde
Giuseppe Sinopoli, director

Si hay una escena que ha encumbrado a "Il Trovatore" como ópera de gran popularidad, es ésta: el coro de gitanos "Vedi, le fosche notturne spoglie". El uso de la percusión - el martillo golpeando el yunque- y el más que célebre "Chi del gitano i giorni abella? La zingarella" - ¿Quién embellece los días del gitano?¡La gitanilla!- han alcanzado importantes cotas de difusión fuera del mundo operístico.

Con "Il Trovatore" Verdi "volvía" a España tras "Ernani" y lo hacía con una obra de un dramaturgo español, "El trovador" (1.835) de Antonio García Gutiérrez. Verdi volvería a basarse en un drama del gaditano con el célebre "Simón Boccanegra". Para su Trovador, confió la elaboración del libreto a Salvatore Cammarano, famoso libretista de 'Lucia di Lammermoor', pero su muerte obligó al de Busetto a contar con el joven Leon E. Bardare para finalizarlo. La ópera se estrenó con bastante éxito unas semanas antes del fracaso de "La Traviata". Tras la llamada trilogía popular ("Rigoletto", "Trovatore" y "Traviata" llegarían óperas cada vez más elaboradas: "Simón Boccanegra" (1855), "I Vespri sicciliani" (1855) "Un ballo in maschera" (1859), "La forza del destino" (1862) y "Don Carlo" (1867), antes de llegar a "Aida", uno de los grandes referentes de la ópera.

El estreno de "Il Trovatore" tuvo lugar el 19 de enero de 1853 en el Teatro Apollo de Roma.

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viernes, 02 de enero de 2009


City of Birmingham Symphony Orchestra

Directores:
Orquesta Roja: Simon Rattle
Orquesta Azul: John Carewe
Orquesta Verde: Daniel Harding





Gruppen ("Grupos") para tres orquestas fue escrita en dos etapas. Las series de alturas y de tempo, el rango de altura de cada grupo, un esquema rítmico preciso para el principio de la obra y una demostración de como las orquestas se superponen fueron planeados en julio y agosto de 1955 en Paspels bei Chur, Suiza. Stockhausen se detenía a veces en esta etapa de diseño, y presentaba alguna pieza para ser ejecutada; aquí, durante todo el año 1957 en Colonia, escribió en extremo detalle, sin dejar librada ninguna cosa al azar, ni ritmos imprecisos ni alturas aproximadas. (...) Con respecto a la música seguiremos el itinerario de Stockhausen y diremos algo acerca de la etapa preliminar de planificación. Un grupo de 109 músicos se divide en tres orquestas iguales con las familias componentes relativamente convencionales situadas en tres lados de la sala. De esta manera, fue un renacimiento de la música instrumental espacial, el equivalente de los parlantes ampliamente espaciados en Gesang der Jünglinge (compuesta en el medio de la composición de Gruppen), y una continuación de aquellas obras como las composiciones antifonales de Giovanni Gabrieli para San Marcos de Venecia, el Requiem de Berlioz, los cuatro niveles espaciales de "El templo del Grial" en Parsifal, Die Jakobsleiter, etc. Como Schoenberg escribe pintorescamente acerca del final proyectado de su Jakobsleiter "la música está fluyendo de todos lados de la sala". Schoenberg también estaba concibiendo cuatro ensembles separados espacialmente, dos a diferentes alturas y dos a diferentes distancias (pero en adición al ensemble principal). Esto fue alrededor de 1917, pero en 1944 prefiguró otra idea fija de Stockhausen, sugiriendo que el efecto podía ser mejor conseguido con micrófonos y parlantes bien distribuidos. El pensamiento acerca de la música espacial también se remonta a los conciertos de Pierre Schaeffer en París de 1951-2, en los que su grupo (el mismo con el que Stockhausen trabajóGuiño compuso cintas para tres circuitos de sonido móviles espacialmente. Son et Lumière y el cinerama estereofónico también datan de esa época. Es interesante que los primeros bocetos de Stockhausen para Gruppen incluyan partes para parlantes (una idea que guardó para más tarde, así como también aquella de tener tempos "libres", como en Zeitmasze).

El uso de la dimensión espacial no sólo tiene la obvia justificación dramática, sino también una estructural. Si, por ejemplo, una flauta está tocando un SI piano en la orquesta I, y otra flauta toca LA en la orquesta III, y luego la primera toca un LA y la segunda un SI, el oyente será capaz de separar las líneas porque están "allá" y "acá", además de "tocadas por flauta", "piano", etc. Es decir, dos argumentos pueden percibirse en una situación en la que de otra manera sólo uno hubiera sido perceptible. En esta obra Stockhausen puede usar tres argumentos a la vez, a pesar de que prefiere la "fusión" en vez del "contrapunto", arrojando texturas-tempo alrededor de la sala, más que ideas con una identidad diferenciada. (...) La obra consta de 174 "grupos", cada uno con duración promedio de unos pocos segundos, y distribuídos alrededor de una orquesta u otra, o, más a menudo, dos o tres a la vez. Además, por mucho tiempo diferentes grupos se superponen, al comenzar uno en una orquesta antes de que el grupo anterior haya terminado en otra. A causa de que casi todos los grupos tienen diferentes indicaciones de tempo, frecuentemente se obtienen tres tempos ocurriendo simultáneamente (esto se logra al disponer tres directores para las orquestas, que tienen que sincronizarse mutuamente, y tomar indicios sonoros especiales de las otras orquestas).

 (...) (Además de la serie, sus transposiciones y retrogradaciones, que determinan en gran medida la obra), hay glissandos que representan pasajes de tempo continuamente fluctuante, de los que las notas impresas son sólo lo puntos de partida y de llegada, y no son más importantes que todos los puntos intermedios. Además no están incluidos en el esquema serial, porque incluyen todas las notas; son como tres grandes "interludios". Debo llamarlos "interludios", lo que es correcto en un sentido estricto, a pesar de que este término no debe ser interpretado como si ellos tuvieran menos énfasis en la estructura, de hecho sucede todo lo contrario. Tienen un carácter muy distinto de las otras secciones. El primero (grupos 16-22) es dominado por una línea de violín solo compartida entre los líderes de las tres orquestas, acompañada principalmente por tricordios (...). El segundo (71-76) es un pasaje de sonidos punteados y percutidos que culminan en el grupo 77 en una "orgía" de sonidos anotados fff (klingen lassen: "permitir que reverberen"). El tercero (114-122) constituye el clímax de la obra. Posee cinco subdivisiones: primero, en los metales "dejar que los salvajes ecos vuelen", con sordina (distantes) y sin ella; en segundo lugar hexacordios sostenidos de metales giran continuamente alrededor en el espacio; tercero, el piano toca una cadenza mientras que los hexacordios de metales se desvanecen en una bruma distante; en cuarto lugar, la percusión de las tres orquestas se intensifica (crescendo y accelerando) en instrumentos de metal y parches; y finalmente toda la percusión y los metales se unen en una gran sección culminante, uno de los clímax más densos en la música moderna. (...)

EXTRAIDO DE "LA MÚSICA DE STOCKHAUSEN", de Jonathan Harvey,  (Traducción de Martín Matus)

 


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jueves, 01 de enero de 2009




Obertura, Bourrée, La Paix, La Rejouissance, Menuet 1 and 2
BBC Symphony Orchestra
Robert King, director


Haendel concluyó la Música para los Reales Fuegos Artificiales el 21 de abril de 1749 y la estrenó en el Green Park, u
n bello parque situado en el corazón de Londres, seis días más tarde. El 7 de octubre de 1748 el Tratado de Aix-la-Chapelle puso fin a la guerra por la sucesión de la Corona de Austria y la paz volvió momentáneamente a Inglaterra, Francia y Holanda. Varios meses más tarde el rey Jorge II ordenó que se realizara una gran celebración, ostensiblemente en honor de la paz pero en realidad para distraer a sus súbditos. La celebración se concentró en torno de la terminación de un edificio, comenzado inmediatamente después de haberse firmado el tratado, cuyo objeto era servir como montaje para una gran exhibición de fuegos de artificio.

El edificio se terminó el 26 de abril de 1749. Tenía 125 metros de largo y 34,75 metros de alto. El duque de Montagu, que estuvo a cargo de la celebración y que también pagó la mayor parte de la misma, estaba representado, al igual que lo estaban los dioses griegos y el mismo rey Jorge, en la fachada del edificio. En la cima de un poste de 61 metros había un enorme sol artificial. También había escalones, pilares, pasadizos, columnatas arqueadas y amplias pasarelas.

El rey encargó a Haendel que escribiera la música para la ocasión. El compositor aceptó con desgana el pedido del rey de que sólo utilizara instrumentos militares. Handel arregló parte de la música de dos conciertos anteriores, escribió también algo de música original para acompañarla y orquestó la pieza para una gran banda militar: 24 oboes, 12 fagotes, 9 trompetas, 9 cornos, 3 pares de timbales, un contrafagot, un serpentón y tambores de bordones (que no están indicados en la partitura). Las cuerdas que se había visto obligado a omitir permanecieron en su mente para futuras interpretaciones.

Este enorme conjunto excitó la curiosidad del público. El mismo día que quedó terminado el edificio, un ensayo al aire libre reunió a una multitud de 12.000 espectadores, que produjo un atasco de tres horas en el Puente de Londres y casi provocó un tumulto. Al día siguiente asistió a los festejos aún mayor número de espectadores.

El evento empezó muy bien, pero pronto se convirtió en un fiasco. La obertura de Haendel, la pieza más elaborada de la suite, dio comienzo a la velada. A su término hubo una atronadora salva de 101 cañones. Luego el edificio apareció súbitamente iluminado por los fuegos artificiales. Se escuchó la bourrée de Haendel. Un diseño de fuegos artificiales que describía la paz fue acompañado por el movimiento lento, seguido por la sección denominada "Réjouissance" (Regocijo). Para entonces se había perdido el control de los fuegos artificiales, que salían en el momento equivocado. Varios operarios subieron al edificio para tratar de arreglar las cosas, por lo que hubo demoras. Finalmente, todo el edificio se encendió en llamas. La multitud empezó a sentir pánico a medida que el calor se iba haciendo más intenso. Un fuerte viento arrastró las llamas a través del parque. Los ánimos también se encendieron y se tuvieron que efectuar algunos arrestos. Varias personas resultaron heridas, dos fatalmente. Se interpretaron los restantes movimientos de la Música Para los Reales Fuegos Artificiales, pero nadie pudo oírlos. La imagen del rey se incendió y cayó ignominiosamente en una caldera de fuego.

La música de Haendel proporcionó el único vestigio de dignidad y de este modo creció considerablemente la estimación del rey Jorge II por él. Cuando el compositor repitió la ejecución de la "Música Para los Reales Fuegos Artificiales" el 27 de mayo, en un concierto a beneficio de la Casa de Expósitos, el rey donó una gran suma. En ese concierto, de paso, Haendel usó la instrumentación que siempre había preferido: una banda de vientos de tamaño normal más el complemento habitual de cuerdas.

La suite ha sido arreglada en distintas ocasiones para su interpretación por parte de conjuntos modernos. Durante algún tiempo la versión más popular fue la de sir Hamilton Harty, quien omitió el "Regocijo" e hizo la orquestación para una orquesta contemporánea normal. Recientemente los directores han preferido volver a la concepción original de Haendel, con o sin cuerdas.

La forma musical concebida por Haendel para festejar tal evento fue una suite en seis movimientos. La obra sigue el patrón de la suite de danzas barroca. La obra se inicia con una larga obertura, que es el movimiento más sustancial y recuerda con su aire marcial a las sinfonías de batalla. La introducción pomposa y completamente orquestada termina con un adagio de acordes que conduce a la parte más veloz y con más carácter militar del movimiento. Esta sección contrasta diferentes coros instrumentales. La música en ella se intensifica, llegando al increíble sonido de una masa de oboes, todos interpretando semicorcheas. Una gran cadencia conduce directamente a un interludio marcado lentamente, después del cual se repite la parte principal de la pieza.

El segundo movimiento es una bourrée, danza elegante de origen francés. El tercero, movimiento alegórico titulado "La paz", se basa en ritmos punteados de 12/8 que se desarrollan hasta conformar figuras de trinos. El allegro del "Regocijo" añade tambores de bordones al conjunto, a fin de aumentar la atmósfera militar. El minué final, con su opuesta sección media en menor, comienza con un canon. Cada sección de este último movimiento está orquestada de un modo diferente.


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