Orquesta Filarmónica de Berlín/Herbert von Karajan
I. Allegro vivace e con brio
II. Allegretto scherzando
III. Tempo di menuetto
IV. Allegro vivace
En una época de su vida en que se vio obligado a enfrentarse a
verdades muy penosas acerca de sí mismo, cuando tuvo que renunciar al
único amor profundo que había conocido, cuando sufrió un alejamiento de
su hermano, cuando contemplaba la posibilidad del suicidio, en esa
época Beethoven compuso su sinfonía más alegre, más despreocupada, una
obra totalmente desprovista de las emociones sombrías de su vida.
La Octava Sinfonía fue comenzada a finales de 1811 y terminada en
octubre de 1812. Su estreno se realizó bajo la dirección del compositor
el 27 de febrero de 1814, en Viena.
Johann Nepomuk Mälzel era inventor de aparatos musicales. En 1812
perfeccionó su panarmónicon, una combinación mecánica de los
instrumentos de una banda militar, y su cronómetro, antecedente del
metrónomo. Beethoven visitaba con frecuencia el taller de Mälzel y su
amistad se vio fortalecida cuando el inventor fabricó una trompetilla
para el oído del compositor, ya parcialmente sordo.
Mälzel se reunió con otros amigos de Beethoven en una cena de
despedida del compositor, quien estaba a punto de salir de viaje
hacia fines de la primavera de 1812. Beethoven se encontraba en un
estado de ánimo alegre y divertido, que él mismo describía como
"desabotonado". Durante la fiesta, Mälzel describió su cronómetro, con
el cual esperaba proporcionarles a los compositores una forma de
indicar el tempo con exactitud y proporcionar a los intérpretes
una ayuda para una ejecución regular. Beethoven aplaudió la idea
alegremente y de inmediato se lanzó a componer una canción
aparentemente espontánea basada en el "ta ta ta" del instrumento de
Mälzel. Los demás asistentes se unieron para convertir la canción en un
rondó. Esta tonada intrascendente pasó a formar parte del segundo
movimiento de la Octava Sinfonía, en la que Beethoven estaba trabajando
en ese momento. La melodía cuenta con un acompañamiento acompasado que
sugiere el ritmo del metrónomo.
La inclusión de este tema metronómico no es el único ejemplo de
humor en la sinfonía. La obra abunda en pausas inesperadas, notas
sorprendentes y gestos no preparados. Los súbitos estallidos en compás
de 2/4 dentro del primer movimiento en 3/4 son un ejemplo del bien
intencionado humor de la sinfonía. También es ingeniosa la forma en la
que finaliza el primer movimiento, con el corte repentino de lo que
parece ser una nueva expresión del tema principal.
Las notas repetidas incesantes que impregnan el segundo movimiento,
incluso hasta su compás final, constituyen otra instancia del humor de
la sinfonía. Cualquier pieza que carezca de un movimiento lento, pero
que en cambio tenga un scherzo y un minué, necesariamente demostrará
buen humor. El ingenio continúa en el minué, que comienza con una
deliciosa ambigüedad acerca de qué tiempo es realmente el primero de
cada compás.
El final comienza con una ambigüedad similar y con un tema
intencionadamente intrascendente. Continuamente nos sorprendemos por el
desarrollo sofisticado que crece a partir de un comienzo tan poco
prometedor. La falsa recapitulación haydiniana, prácticamente en cuanto
comienza la sección del desarrollo, es un "non sequitur" delicioso. El
cierre excesivamente grandioso constituye una última broma.