Un dì all'azzurro spazio guardai profondo, e ai prati colmi di viole, pioveva loro il sole, e folgorava d'oro il mondo: parea la terra un immane tesor, e a lei serviva di scrigno il firmamento. Su dalla terra a la mia fronte veniva una carezza viva, un bacio. Gridai vinto d'amor: T'amo tu che mi baci, divinamente bella, o patria mia! E volli pien d'amore pregar! Varcai d'una chiesa la soglia; là un prete ne le nicchie dei santi e della Vergine, accumulava doni e al sordo orecchio un tremulo vegliardo invan chiedeva pane e invano stendea la mano.
(L'Abate con lui altri abatini si levano scandalizzati)
Varcai degli abituri l'uscio; un uom vi calunniava bestemmiando il suolo che l'erario a pena sazia e contro a Dio scagliava e contro agli uomini le lagrime dei figli.
(Tutti si sono arrabbiati contro Chénier. Gérard solo lo ascolta dal fondo della serra, agitatissimo. Gli altri fingono non udirlo.)
In cotanta miseria la patrizia prole che fa?
(a Maddalena)
Sol l'occhio vostro esprime umanamente qui un guardo di pietà, ond'io guardato ho a voi si come a un angelo. E dissi: Ecco la bellezza della vita! Ma, poi, a le vostre parole, un novello dolor m'ha colto in pieno petto. O giovinetta bella, d'un poeta non disprezzate il detto: Udite! Non conoscete amor, amor, divino dono, non lo schernir, del mondo anima e vita è l'Amor
|
Un día miré el profundo espacio azul, y sobre los prados llenos de violetas llovía el oro del sol y brillaba de oro el mundo; la Tierra parecía un inmenso tesoro, y el firmamento le servía de cofre. De la tierra a mi frente llegó una caricia, un beso. ¡Grité, ganado por el amor: Te amo, a ti que me besas, patria mía divinamente hermosa! ¡Y, lleno de amor, quise rezar! Crucé el umbral de una iglesia; un cura, en las hornacinas de los santos y de la Virgen, acumulaba dones y a su sordo oído un viejo tembloroso pedía pan en vano, y en vano tendía la mano!
(El abate y con él otros abates se levantan escandalizados)
¡Crucé el umbral de las viviendas. Un hombre, blasfemando, maldecía la tierra que apenas le daba para el erario, y contra Dios y los hombres arrojaba las lágrimas de sus hijos!
(Todos gesticulan vivamente rojos de ira contra Chénier. Sólo Gérard lo escucha desde el fondo del invernadero, muy agitado. Los demás fingen no escucharlo)
Entre tanta miseria, ¿qué hace la gente distinguida?
(a Magdalena)
Sólo vuestros ojos expresan humanamente una mirada de piedad, en la que os he visto como a un ángel. Y he dicho: "¡Ésta es la belleza de la vida!" Pero luego, con vuestras palabras, un nuevo dolor me ha golpeado en pleno pecho. ¡Oh jovencita hermosa, no despreciéis lo que os dice un poeta. ¡Oíd! ¡No conocéis el amor, el amor, don divino, no lo escarnezcáis, alma y vida del mundo es el amor!
|