Concierto Voces para la Paz 2001
Teatro Monumental, Madrid 21 de enero de 2001
Director: Miguel Roa
El género chico brilló, indudablemente, en el estreno de La verbena de la Paloma, en
el Teatro Apolo la noche del 17 de febrero de 1894. Se sabe que sus autores
fueron Ricardo de la Vega y el maestro Bretón y que representa el
alcaloide del madrileñismo teatral del fin de siglo. Pero no como
sucede en otras obras, p intoresco y recargado de manera artificial,
sino fluyendo con naturalidad, con una finura y precisión
extraordinaria. Al lado de La verbena palidecen todas las demás.
No era de extrañar este resultado en Ricardo de la Vega, sainetero
excelente en la pintura de costumbres y tipos de la época. Con todo, en
La verbena se superó así mismo realizando su obra maestra. De Tomás
Bretón, la extrañeza persiste. No porque su capacidad musical no fuese
capaz de producir obras de mérito, sino porque su musa era
absolutamente seria, vertida hacia la ópera o el concierto, y parecía
imposible que, careciendo de la flexibilidad de un Chapí, pudiese
musicar un sainete madrileño con propiedad.
Pero el músico salmantino acertó por completo y produjo la mejor
partitura del género chico. No acertó más que una vez, porque aún
cuando el éxito de La verbena le animó a persistir, en el resto de sus
obras demostró que la musa del sainete no le había visitado plenamente
más que una vez. Sus obras restantes son frías, aunque bien compuestas.
Y de la Vega también se puede decir que después de La verbena ya no fue
el mismo de antes, como si en su mayor acierto volcase todas las
posibilidades.
Como era uso y costumbre en los sainetes de la Vega, La verbena
llevaba además del título principal, los de 'El boticario y las
chulapas y celos mal reprimidos'. No hay que decir que su éxito cara al
público fue apoteósico desde el estreno, sin embargo el éxito de
crítica fue menor de lo que ahora parece que mereció. Se juzgó como muy
buena obra y como la más destacada de la temporada, pero no hasta el
punto de ver en ella el apogeo del género.
La acción se desarrolla en Madrid, hacia fines del siglo XIX, al
atardecer y por la noche de un 14 de agosto. El boticario don Hilarión
se prepara para ir a la verbena. Informa a su amigo Sebastián que ha
conocido a dos bonitas hermanas, una morena y una rubia, y que no sabe
cuál de ambas le gusta más. Se escucha desde la taberna al joven
Julián; ama a Susana con ardor, pero ella juega con él dejándose
acompañar por un anciano.
La tía Antonia saliendo de su casa con sus dos sobrinas, Susana y
Casta, aguardan a don Hilarión. Aparece el boticario de muy buen
talante, al ser bienvenido por las mujeres ordena muchas bebidas en el
café y mucha música con la que el viejo baila una mazurca con las dos
hermanas a la vez. Julián se interpone airado y la tía Antonia azuza a
los perros contra él. Julián logra no obstante interpelar a Susana con
la desconsolada y furiosa habanera "¿Dónde vas con mantón de Manila?".
Don Hilarión llega a la plaza perturbado por la anterior disputa en
el café, se reconforta con un vaso de jerez. Poco más tarde llega
Julián con ira intensificada, toma erróneamente a una pareja de
bailarines por Hilarión y Susana y pretende echarle encima a la policía
a la tía Antonia, bajo acusación de alcahuetería. El escándalo del café
se repite, Susana aparece en medio de la confusión y confiesa su amor
por Julián. Seguidamente todos continúan el baile.
Los intérpretes de La verbena de la Paloma en su estreno fueron: Luisa Campos,
Leocadia e Irene Alba, Pilar Vidal, José y Emilio Mesejo y Manolo
Rodríguez.