Daniel Barenboim, Itzhak Perlman y Dale Clevenger
I. Andante - Poco più animato
II. Scherzo: Allegro - Molto meno allegro
III. Adagio mesto
IV. Finale: Allegro con brio
Comenzada durante el verano de 1864, durante una estancia en
Baden-Baden, esta partitura no fue terminada hasta la primavera del año
siguiente, cuando el compositor (entonces de treinta y un años de edad)
acababa de perder a su madre: sin embargo, es inexacto alegar que la
obra fue escrita en memoria de este ser querido, por más que Brahms
reuniera aquí los tres instrumentos que practicó en su muy primera
juventud. En realidad, los paisajes de la Selva Negra, frecuentados en
1864, son los que le inspiraron; él mismo lo confirmaría a su amigo
Dietrich durante un paseo por los alrededores de Baden en 1867:
«Caminaba una mañana y, en el momento en que llegué allí, el sol se
puso a brillar entre los troncos de los árboles: la idea del Trío me
vino inmediatamente al espíritu con su primer tema». Por consiguiente,
es obra de Naturaleza y «natural» tanto en su sobriedad como en su
sentimiento dominante. Es de notar que el músico no emplea la trompa
moderna, ya por entonces de uso extendido, sino la trompa de caza, lo
que limita las posibilidades técnicas del instrumento, pero vivifica
las sonoridades poéticas y maravillosamente evocadoras: en efecto, son
estas cualidades «colorísticas» del instrumento las que Brahms quiso
resaltar, rechazando por completo el papel de primer plano, la
elocuencia ostentosa de un solista. El Trío Op. 40 es, ciertamente, una
excepción en la historia de la música de cámara germana del siglo XIX,
puesto que la trompa casi no había tenido oportunidad de manifestarse
abiertamente más que en la Sonata Op. 17 de Beethoven. Pero, no
obstante, fue una voz «romántica» por excelencia, y Brahms, aun
preservando aquí el equilibrio clásico de sus obras más significativas,
no tuvo dificultad para persuadirnos de ello. La primera audición
pública de la obra fue dada el 7 de diciembre de 1865 en Karlsruhe
(Simrock la publicó a finales de 1866): el compositor estuvo al piano y
dos miembros de la orquesta del gran ducado -el trompista Segisser y el
violinista Ludwig Strauss- prestaron su concurso. No tenemos
información sobre la acogida dispensada a una partitura que Brahms
quiso siempre especialmente y que pese a ello -debido quizás a las
dificultades de la parte de trompa y a su relativa desaparición- no se
toca frecuentemente.
1. Andante : como primer movimiento, nada del tradicional Allegro
de sonata, sino un Andante de muy original factura que se estructura
así: el Andante inaugural, en 2/4 (setenta y seis compases); una
sección Poco più animato, en 9/8 (cuarenta y un compases); tras un
«puente», Tempo primo, es decir, vuelta al Andante inicial (treinta y
seis compases); «puente» y aparición de un nuevo Poco più animato
(treinta y tres compases); después, Tempo primo a modo de episodio
final, completado con una coda (en total, algo más de doscientos
cuarenta compases). Tal disposición formal -tres apariciones del
Andante, con dos episodios más vivos- parece gobernada por la más libre
fantasía; acaso las exigencias instrumentales de la trompa aconsejaron
tales alternancias de movimiento. El tema principal del Andante, con la
indicación de dolce espressivo, de ámbito estrecho y como velado de
ensueño y melancolía, permite introducir al instrumento de viento, sin
brusquedad, en el noveno compás El segundo tema pertenece al Poco più
animato y es más suelto, externo y cálido. Un tercer tema hace, por dos
veces, función de «puente» (según la disposición más arriba descrita).
2. Scherzo ( Allegro en 3/4, en mi bemol mayor): el Scherzo
propiamente dicho, vigoroso, violento incluso, desde luego no
desprovisto de cierto sentido del humor, adopta una forma de sonata con
dos temas: el primero, rítmico, a partir de octavas del piano; el
segundo (compás 60), melódico. Sobreviene un breve desarrollo, antes de
una reexposición ortodoxa (en total, doscientos setenta y siete
compases). El Trío (Molto meno allegro), en la bemol menor, presenta
-como de costumbre- un único tema, de carácter popular, más calmo y
ligeramente triste. Enseguida se repite el Scherzo literalmente.
3. Adagio mesto (en mi bemol menor, en 6/8): como en el movimiento
inicial, Brahms adopta aquí el principio de alternancia de motivos, con
un raro carácter improvisatorio. El sentimiento dominante, muy
interiorizado, parece el de la aflicción, o el de una inquietud o una
cierta inestabilidad (los comentaristas de la obra se refieren aquí al
dolor del compositor por la pérdida de su madre). A la vez sombrío y
solemnemente recogido, matizado de claroscuros, la expresividad parece
por completo enfocada a resaltar los matices sonoros del instrumento de
viento, aquí tratado melódicamente, con delicado contrapunto
violinístico, con la mayor simplicidad; en contraste, la parte de piano
muestra una escritura armónica recargada, incluso profusa. Dos temas
emparentados son utilizados, distribuidos en cuatro secciones de las
cuales la última ofrece una alusión al tema principal del Finale,
premonición de la alegría de vivir que iluminará, finalmente, estas
páginas un poco melancólicas.
4. Finale: Allegro con brio. En el compás de 6/8 del movimiento
precedente, se encadena éste sin solución de continuidad, como
precipitadamente, y evocando de repente visiones de gran movimiento, de
montería, de galops, de fanfarrias. La forma sonata parece aquí la
oportuna, con el empleo de cuatro temas que crean un mismo clima
expresivo. Los tres primeros se presentan en la exposición; el cuarto
aparece ya en el desarrollo, y solamente allí. La reexposición es de
disposición prácticamente idéntica a la exposición, mientras que la
coda emplea sobre todo el primer tema. Este simple esquema no puede,
ciertamente, explicar el carácter eminentemente espontáneo y un poco
rudo de este Finale sobre el que más de uno ha criticado, muy
injustamente, el convencionalismo de la forma un tanto haydniana (sin
duda, el Haydn de ''La Caza''). Pero es preciso subrayar hasta qué punto
él encierra -complementando admirablemente a los tres movimientos
anteriores- el espíritu alemán de los profundos bosques poblados de
leyendas, al cual la trompa -este Wunderhorn de los poetas- da aquí su
más fiel expresión.