Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid
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El 31 de mayo de 2009 se cumplirán 200 años de la muerte del músico
austríaco Franz Joseph Haydn (1732-1809). En todo el mundo
se recordará de una manera especial la vida y la obra de este genial
compositor, considerado el padre de la sinfonía y el cuarteto de cuerda.
En el vídeo, Lidia Baich interpreta el "Allegro" de la Sonata para violín y piano nº 1 en Sol mayor en la Sala Haydn del Palacio Esterháza en Eisenstadt. También se muestran en esta grabación distintos lugares de Viena, la Baja Austria, Burgenland y Sopron, significativos en la vida del compositor. El fondo musical de las imágenes corresponde al Tercer Movimiento del Concierto para trompeta en Mi bemol mayor, interpretado por Hakan Hardenberger y The Academy of St. Martin in the Fields, dirigida por Sir Neville Marriner.
Haydn
tiene el mérito, como dice A. Krantz, de ser “el menos neurótico de los
grandes compositores” . Su origen fue humilde, abandonó el hogar
familiar con apenas 5 años para ingresar en un coro infantil, siendo
expulsado por la agrupación coral en la Catedral vienesa de San Esteban
a los quince años, cuando le cambió la voz. Anduvo sin ocupación fija
hasta que fue contratado por el conde Ferdinand Maximiliam von Morzin
y, tras disolver éste la orquesta a causa de sus problemas financieros, Haydn
pasaría al servicio de la familia noble Esterházy como segundo maestro
de capilla (1761). En el ínterin, su amada tomó los hábitos y dejó con
el corazón roto a Haydn, quien, quizás movido por despecho, contrajo
nupcias con Maria Anna Keller, hermana de su anterior amor.
Maria
era tres años mayor que el propio compositor. El matrimonio, el
cual quedó sin la bendición de la descendencia, ha pasado a la historia
como un largo infortunio, que cesó al enviudar Haydn en
1800. Su soledad se incrementó al fallecer sus hermanos,
Johann Evangelist en 1805 y Michael en 1806; por este último, también
músico, sentía tanto aprecio el compositor que un réquiem elaborado por
Michael, junto al hecho por Mozart, fueron la música que acompañó a
Haydn durante su viaje hacia la eternidad en 1809.
Salvo dos
visitas de trabajo a Londres en 1791 y 1794, la vida de Haydn
transcurre en un ambiente esencialmente monótono, casi claustrofóbico,
en el palacio Esterháza, localizado en Eisenstadt, a 48 km de Viena.
Alcanzando el rango de primer Maestro de capilla en 1766, Haydn servirá
hasta jubilarse en 1804 a los distintos sucesores Esterházy en el
principado: Paul Anton (1711-1762), Nikolaus (1714-1790), Anton
(1738-1794) y Nikolaus II (1765-1833). Con todos estos príncipes Haydn
logró entablar una afable y sólida relación, especialmente con
Nikolaus, quien interpretaba un antiguo instrumento de cuerda, el
baritón o baryton, para el cual Haydn legó una extensa obra. Aún con un
salario generoso y la renta vitalicia legada por Nikolaus, Haydn fue,
esencialmente, un sirviente distinguido para sus señores, un “oficial
doméstico”. Sorprende que en esta vida tan tediosa se mantuviesen
vivos el buen humor, la elegancia y el encanto trasmitidos a su obra
musical.
Haydn destaca por conjugar en sus composiciones la música
culta y los motivos folclóricos, algo innovador e incluso desagradable
para algunos críticos en aquel tiempo. Esta elección muestra la
apertura de Haydn a las influencias externas. Fue capaz de congeniar
con Mozart (1756-1791), un compositor casi veinticinco años menor que él,
estableciéndose una perdurable admiración e influencia mutuas. En sus
viajes a Londres, ya con sesenta años, Haydn retoma el género del
oratorio legado por Haendel (1685-1759) e incluso, admirado por el
himno inglés, compone un tema en homenaje al emperador austríaco en
1797 -Dios salve al Emperador Francisco- que ha terminado por
convertirse en el himno nacional alemán. Haydn nunca cesó de
sorprenderse e incorporar novedades. Logró conciliar el rigor en la
forma con la audacia experimental, halló expresión en la mesura y
añadió tonos alegres a lo aparentemente serio. Haydn dijo de sí mismo:
“Mirad mis composiciones y encontraréis a menudo algo de jovial en
ellas, puesto que yo soy así: al lado de un pensamiento serio
encontraréis otro alegre”. La opinión de un crítico es elocuente: “Es
el maestro más simpático y el que más cosas frescas puede ofrecer a
quien busque experiencias nuevas, pues sólo suele oírse una pequeña
parte de la mucha música que compuso” .
Ese es otro rasgo
sorprendente, lo prolífico que fue Haydn en su obra musical. El
catálogo más empleado en cuanto a su música fue elaborado por el musicólogo Anthony von
Hoboken (1887-1983), si bien aún falta una cuantificación definitiva.
Haydn habría legado 106 sinfonías; 68 cuartetos de cuerda; 32
divertimenti para pequeña orquesta; 126 tríos para baritón, viola y
chelo; 29 tríos para piano, violín y violonchelo; 21 tríos para dos
violines y chelo; 47 sonatas para piano; cerca de 20 óperas; 14 misas y
6 oratorios . Otras fuentes elevan los cuartetos a 83 y las sonatas a
62. Todo esto sin considerar los conciertos, destacando los de chelo y
el de trompeta…
A Haydn se le atribuye la consolidación de dos
géneros: el cuarteto y la sinfonía. Los cuartetos de Haydn, inspiración
para Mozart, alcanzan esa elaboración mediante la cual se sostiene el
“diálogo entre cuatro personas inteligentes”, que refiriera Goethe, representado por los dos
violines, la viola y el chelo. En la sinfonía, si bien hubo aportes
previos por parte de la mejor orquesta del Siglo XVIII, la de Mannheim
(1743-1777), Haydn fue quien modeló la estructura de cuatro
movimientos, dio mayor flexibilidad al tejido instrumental, elaboró el
desarrollo musical mediante una suerte de “gemación celular” e
incorporó definitivamente figuras como el crescendo y el diminuendo
orquestales. Beethoven, alumno de Haydn, tomaría el relevo .