Aunque sus obras se tocan con escasa frecuencia hoy en día, Marcello está considerado como un compositor muy competente. De acuerdo con el diccionario Grove: «Sus conciertos de La cetra son inusuales por sus partes de instrumento de viento solista, junto con un conciso empleo del contrapunto al estilo vivaldiano, elevando su categoría a la más reconocida dentro del concierto clásico veneciano barroco».
El Concierto en re menor que Marcello escribió para oboe, cuerdas y bajo continuo es quizás su obra más conocida.
El Concierto para oboe, cuerdas y bajo continuo en Re menor fue escrito por Alessandro Marcello a comienzos del Siglo XVIII. Se trata de uno de los conciertos para oboe más interpretados dentro del repertorio de este instrumento. En el pasado fue atribuido erróneamente a Benedetto Marcello y a Antonio Vivaldi, contemporáneos del autor. Johann Sebastian Bach hizo famosa la obra al realizar una transcripción para clave en la tonalidad de Do menor, catalogada con el número BWV 974. El Concierto consta de tres movimientos:El flautín es una flauta pero con un tamaño más pequeño, aproximadamente unos 30 centímetros, es decir la mitad de longitud que la flauta en Do, que es la más común. El flautín consta de un tubo cilíndrico cerrado en uno de sus extremos (donde está la embocadura) y el otro extremo es abierto. Se puede construir todo de metal, con el cuerpo de madera y la embocadura de metal o todo de madera.
El modo de tocar el flautín es muy similar al de la Flauta, aunque el flautín suena una octava más agudo. Por ello el flautín es un instrumento transpositor, ya que las notas que se tocan con él se escriben en el pentagrama una octava más grave de lo que en realidad suena.
El flautín es el instrumento de la orquesta que emite los sonidos más agudos. Su timbre es muy penetrante y se puede escuchar perfectamente aún cuando toda la orquesta está tocando. A pesar de ello, el flautín también puede emitir sonidos delicados y tranquilos.
La primera vez que figuró en la plantilla de la orquesta fue en Ifigenia en Táuride, ópera de Gluck en cuatro actos estrenada en París en 1779. Durante el siglo XIX se extiende el uso del flautín a las orquestas de ópera y a la música sinfónica, por lo que hoy en día podemos encontrarlo de forma habitual en las orquestas sinfónicas, en las bandas de música, en bandas militares, etc.