Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid
Para visionar los vídeos de este blog se necesita MACROMEDIA FLASH PLAYER (Se puede descargar en ENLACES)
El primero de los seis cuartetos dedicados al príncipe Lobkovitz
fue compuesto sin embargo en segundo lugar. Sus primeros esbozos
aparecieron en 1799; así pues, son posteriores a los del Cuarteto nº 3
en re mayor. En principio, Beethoven lo había dedicado a su amigo
Amenda, pastor protestante; el manuscrito que éste poseía llevaba la
inscripción «Quartetto nº II», así como la fecha del 25 de junio de
1799. Beethoven trabajó mucho en este cuarteto: se sabe, por su propia
confesión, que transformó considerablemente la obra, en particular el
primer movimiento, después de haber remitido a su amigo la partitura
original. En cuanto a su emplazamiento como segundo cuarteto en la
colección op. 18, fue Schuppanzigh, tan a menudo primer intérprete de
los cuartetos beethovenianos, quien se lo habría sugerido. El Cuarteto
en fa mayor es el más largo y el más brillante de la serie y posee una
feliz vitalidad, mientras que su tonalidad de fa, de alguna manera la
más sencilla, lo cualificaba sin duda para abrir el conjunto.
Es de notar que también será en fa mayor el cuarteto decimosexto
que vendrá a cerrar la totalidad de sus cuartetos de cuerda publicados.
La segunda versión de la obra fue escrita en el curso del año 1800.
Como sucede en todo el conjunto de la op. 18, la fecha del estreno
público es desconocida. La primera interpretación privada tendría lugar
bien en casa del príncipe Lobkovitz (con el Cuarteto Wranitski), o bien
en casa del príncipe Lichnovski (por el Cuarteto Schuppanzigh). La
publicación tuvo lugar en Viena, en junio de 1801, a cargo de Molió. Es
notable, por otra parte, que Haydn mostró poca estima por estos
cuartetos de la op. 18, singularmente por éste: «Haydn, aunque bastante
satisfecho con esta obra, no descubrió en ella ninguna originalidad y
no quiso ver en ella más que una fusión de su propio estilo con el de
Mozart» (Carponi).
El Cuarteto op. 18/1 tiene cuatro movimientos:
I. Allegro con brio (en 3/4)
Todo el movimiento queda impregnado por el motivo de arranque, de
dos compases, enérgico, decidido, enunciado abruptamente por los cuatro
instrumentos al unísono:
Se sabe, por sus cuadernos de notas, que este tema conoció
numerosos cambios antes de encontrar su condensada forma definitiva,
yendo de la tónica a la dominante inferior. Dos tiempos de silencio: el
motivo brota de nuevo, tan incisivo, pero ligeramente transformado en
su conclusión (caída sobre re y no sobre do). Resulta indudable que
Beethoven buscó no solamente el mejor perfil de este tema, sino también
su capacidad de engendrar el desarrollo que le había destinado. El
resto del movimiento, en forma sonata, está determinado, en efecto, por
esta dinámica impuesta. El motivo, presente constantemente en los
cuatro instrumentos, bien dos a dos o en imitaciones, incesantemente
variado en su diseño melódico a la vez que fijo en su configuración
rítmica, ocupará todo el desarrollo central. El mismo segundo tema poco
escapará de su atracción: tema vivo, «feliz», que se acomoda sin
dificultad al acompañamiento del violonchelo del motivo inicial. Rápido
ritornello ascendente en notas picadas, repetido después dos a dos con
una breve elaboración polifónica. El primer tema aún aparece en
imitación del violín al violonchelo antes de algunos acordes en
sforzando que volverán a llevar al ritornello, esta vez descendente,
tras lo cual despega el desarrollo sobre el tema inicial. El desarrollo
confirma la tendencia al monotematismo, así como a una explotación
audaz de todos los contrastes. Nótese la importancia dada a los
silencios (alguna vez de un compás entero), como puntuando el discurso
implacablemente. La reexposición puede calificarse de normal, con una
coda bastante desarrollada en la que se presenta una vez más el tema
bajo un aspecto más sonriente, antes de eclipsarse discretamente.
II. Adagio affettuoso ed appassionato (en 9/8)
Es conveniente reparar primero en la anécdota: sobre este
movimiento, Beethoven habría dicho a Amanda que, por su parte, veía en
él la descripción de «dos amantes en trance de separarse» y que se
había imaginado «la escena de la tumba de Romeo y Julieta». Uno de los
primeros borradores del final del movimiento lleva igualmente la
mención «los últimos suspiros». Así pues, un sentimiento personal ha
inspirado con fuerza este apasionado Adagio; sin contar con su
tonalidad de re menor, perfectamente adaptada. Domina la forma sonata
bitemática.
Sobre el trazo regular de nueve corcheas por compás (segundo
violín, viola y cello), el primer tema se alza dolorosamente en el
ámbito del patético intervalo de séptima disminuida (primer violín):
La frase parece no acabar: después es retomada más intensamente
por el violonchelo en el extremo de su registro y, en eco, por los dos
violines que intercambian un nuevo canto, en fa mayor, que supone un
aligeramiento de la escritura. El desarrollo central, enmarcado en
densos silencios, hace reaparecer, troceada, la dolorosa frase del
primer tema, en trágicos diseños de fusas. La queja se difumina en
cuatro acordes que alcanzan el ppp, entre profundos silencios. Una
bella modulación a do menor abre la reexposición en la cual reaparecen
el acompañamiento lacerante y fúnebre del comienzo del movimiento, así
como los trágicos diseños en fusas. Junto a los bocetos para la grande
y espléndida coda, como hemos dicho, el apunte de «los últimos
suspiros» justifica que Beethoven haya multiplicado las indicaciones de
matices y haya concentrado la emoción dramática en trémolos, trazos de
fu¬sas, breves arabescos. Todo termina espressivo, se disuelve tras un
trémolo extraído de un acorde de séptima.
III. Scherzo: Allegro molto (en 3/4): a orillas del silencio nace
el breve y susurrante Scherzo. Su tema, ligero y ascendente, está
subrayado por trinos y staccatos. Presenta dos partes, ambas repetidas.
El trío, con sus fuertes llamadas, a la octava, seguidas de un amplio
arabesco del primer violín, de acentos festivos de danza popular,
aporta una especie de contraste rústico; también está estructurado en
dos secciones repetidas, antes de la recapitulación del Scherzo.
IV. Allegro (en 2/4): el Finale se despliega como un gran
rondó-sonata que pretende alcanzar la amplitud de los dos primeros
movimientos. Se descubre cierta superabundancia de ideas, lo que
caracteriza al Beethoven de la época, aunque el efecto global aparezca
un tanto arbitrario, como desprovisto de motivaciones. Una progresión
mediante frases largas caracteriza su evolución lo cual, sin embargo,
no conviene a la naturaleza de sus temas, «una fiesta de ritmos y de
colores» (Brigitte Massin). El tema estribillo es una sucesión de
tresillos, enérgicos y envolventes, que se detiene en tres notas
picadas; su doble enunciado está entrecortado por silencios. El primer
episodio intercalado, más desarrollado y parece orientado hacia
sonoridades orquestales, antes de la aparición de vivas imitaciones a
cargo de los dos violines. Vuelve el tema principal, en su ser aunque
un grado más alto; hacia el final, unas imitaciones anuncian el segundo
episodio que hace las veces de «desarrollo»: es la parte más bella,
aunque un poco estirada, de este último movimiento que parece suscitar
algún recuerdo del Adagio (sucesión regular de corcheas, dulzura del
clima, extrañas modulaciones hacia re bemol, luego hacia do mayor y
después hacia mi bemol mayor). Los dos elementos distintivos que se
alternan en este pasaje son un fugato basado en elementos del
estribillo y una encantadora melodía que dará lugar, para acabar este
desarrollo, a un brillante ritornello del tema estribillo. Éste aún
aparece una tercera vez bajo su forma inicial, antes de una
reexposición idéntica... Un pasaje en si bemol mayor (en lugar de fa)
traerá por última vez el estribillo arrastrando en su desmelenada
carrera a la coda, con un fugato que recuerda al del episodio central,
como un «triunfo de la voluntad activa».