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Adagio de Samuel Barber El "Adagio para Cuerda" de Samuel Barber es, en realidad, el
movimiento lento de su cuarteto de cuerda opus 11, estrenado en 1936.
La versión para orquesta de cuerda se estrenó en 1938, con Filarmónica
de Nueva York dirigida por Arturo Toscanini. Se trata de la obra más
popular del autor y es un ejemplo excelente de su neorromanticismo.
Inexorablemente, se eleva desde un comienzo en pianísimo hasta un
clímax de gran intensidad, después del cual se vuelve suavemente al
principio. A pesar del espíritu romántico de la obra, y a pesar del
intenso cromatismo que se encuentra durante y justo después del clímax,
la pieza es notablemente diatónica para una composición escrita en
1936. En realidad, Barber utiliza con soltura y en su propio y peculiar
estilo uno de los modos de iglesia medievales (el frigio). El
neorromanticismo de esta obra, construida sobre la base de los
materiales más simples y directos, le prestan una calidad única: de
espíritu contemporáneo, no obstante evoca tanto el romanticismo del
siglo XIX como la modalidad del siglo XV. La estructura del Adagio es
directa. Consiste de una serie de frases, cada una de las cuales
comienza lentamente (generalmente con la entrada de una voz del coro de
cuerdas tocando una nota en pedal, seguida por el resto de los
instrumentos llenando el acorde) y evoluciona hacia una melodía lírica
gradual en valores de notas iguales. Lo que hace que la pieza crezca en
intensidad, a pesar de la coherencia de la estructura de sus frases,
son las sutiles diferencias entre las frases sucesivas.
Al llegar al clímax, resulta difícil imaginar que la pieza haya
sido originalmente concebida solamente para cuatro instrumentos. Barber
introdujo pocos cambios al transcribirla para orquesta de cuerda, un
medio mucho más apto para sostener las largas líneas melódicas y las
ricas armonías del "Adagio". A finales de la década de 1960, el
compositor escribió una tercera versión de la pieza, en este caso para
coro mixto, utilizando el texto tradicional del "Agnus Dei". La versión
para orquesta de cuerdas ha sido utilizada en varias ocasiones como
música de cine, la más reciente es "Platoon" (Oliver Stone).
El "Adagio" es una obra hermosa, merecedora de su posición como una
de las más populares composiciones norteamericanas contemporáneas. Si
Barber no hubiera escrito ninguna otra pieza, esta le hubiera
garantizado su relevancia dentro de la música norteamericana.
Samuel Barber fue un niño prodigio, pues tocaba el piano a los seis
años y componía a los siete. A la edad de catorce se inscribió en el
Curtis Institute of Music de Filadelfia. Tuvo tanto éxito en su carrera
que no se vio expuesto a la necesidad que acosa a la mayoría de los
compositores contemporáneos: tener que ganarse la vida de alguna otra
forma que no sea componiendo. Barber enseñó composición sólo
esporádicamente, excepto entre 1939-1942, cuando regresó al Curtis en
calidad de profesor. Tal vez por ello no hay demasiados compositores
posteriores que hayan imitado su estilo. A diferencia de sus
contemporáneos cercanos, Walter Piston, Roger Sessions y Milton
Babbitt, Barber no se dedicó a la enseñanza y, por lo tanto, no
imprimió su personalidad musical a una nueva generación de
compositores.
Barber fue un tradicionalista que nunca abandonó la tonalidad. Como
la mayoría de los grandes compositores, demostró interés por todos los
géneros musicales. Estudió partituras de compositores tan divergentes
en cuanto a estilo como Boulez, Schoenberg y Webern, pero siempre se
mantuvo obstinadamente resistente a las influencias ajenas a su propia
estética. Siguió su propio lirismo con integridad, sin preocuparse por
el hecho de que su música gozara o no del favor de la gente en un
momento determinado. A veces, Barber fue ridiculizado por otros
compositores menos que generosos, cuya música más austera no lograba
obtener la amplia aceptación de la que gozaba la suya. Barber nunca se
vio arrastrado por celos mezquinos. En 1971 declaró: "Yo escribo lo que
siento. No soy un compositor tímido... Se dice que no tengo ningún
estilo en absoluto, pero no importa. Como se suele decir, yo sigo
haciendo lo mío. Creo que para esto se necesita un cierto coraje."
Resulta irónico que, después de que Barber muriese, muchos
compositores, incluyendo algunos de los mismos que se burlaban de su
neorromanticismo, hayan vuelto a la senda del estilo romántico, similar
al de Barber.