martes, 31 de marzo de 2009


Adagio de Samuel Barber
El "Adagio para Cuerda" de Samuel Barber es, en realidad, el movimiento lento de su cuarteto de cuerda opus 11, estrenado en 1936. La versión para orquesta de cuerda se estrenó en 1938, con Filarmónica de Nueva York dirigida por Arturo Toscanini. Se trata de la obra más popular del autor y es un ejemplo excelente de su neorromanticismo. Inexorablemente, se eleva desde un comienzo en pianísimo hasta un clímax de gran intensidad, después del cual se vuelve suavemente al principio. A pesar del espíritu romántico de la obra, y a pesar del intenso cromatismo que se encuentra durante y justo después del clímax, la pieza es notablemente diatónica para una composición escrita en 1936. En realidad, Barber utiliza con soltura y en su propio y peculiar estilo uno de los modos de iglesia medievales (el frigio). El neorromanticismo de esta obra, construida sobre la base de los materiales más simples y directos, le prestan una calidad única: de espíritu contemporáneo, no obstante evoca tanto el romanticismo del siglo XIX como la modalidad del siglo XV. La estructura del Adagio es directa. Consiste de una serie de frases, cada una de las cuales comienza lentamente (generalmente con la entrada de una voz del coro de cuerdas tocando una nota en pedal, seguida por el resto de los instrumentos llenando el acorde) y evoluciona hacia una melodía lírica gradual en valores de notas iguales. Lo que hace que la pieza crezca en intensidad, a pesar de la coherencia de la estructura de sus frases, son las sutiles diferencias entre las frases sucesivas.

Al llegar al clímax, resulta difícil imaginar que la pieza haya sido originalmente concebida solamente para cuatro instrumentos. Barber introdujo pocos cambios al transcribirla para orquesta de cuerda, un medio mucho más apto para sostener las largas líneas melódicas y las ricas armonías del "Adagio". A finales de la década de 1960, el compositor escribió una tercera versión de la pieza, en este caso para coro mixto, utilizando el texto tradicional del "Agnus Dei". La versión para orquesta de cuerdas ha sido utilizada en varias ocasiones como música de cine, la más reciente es "Platoon" (Oliver Stone).

El "Adagio" es una obra hermosa, merecedora de su posición como una de las más populares composiciones norteamericanas contemporáneas. Si Barber no hubiera escrito ninguna otra pieza, esta le hubiera garantizado su relevancia dentro de la música norteamericana.

Samuel Barber fue un niño prodigio, pues tocaba el piano a los seis años y componía a los siete. A la edad de catorce se inscribió en el Curtis Institute of Music de Filadelfia. Tuvo tanto éxito en su carrera que no se vio expuesto a la necesidad que acosa a la mayoría de los compositores contemporáneos: tener que ganarse la vida de alguna otra forma que no sea componiendo. Barber enseñó composición sólo esporádicamente, excepto entre 1939-1942, cuando regresó al Curtis en calidad de profesor. Tal vez por ello no hay demasiados compositores posteriores que hayan imitado su estilo. A diferencia de sus contemporáneos cercanos, Walter Piston, Roger Sessions y Milton Babbitt, Barber no se dedicó a la enseñanza y, por lo tanto, no imprimió su personalidad musical a una nueva generación de compositores.

Barber fue un tradicionalista que nunca abandonó la tonalidad. Como la mayoría de los grandes compositores, demostró interés por todos los géneros musicales. Estudió partituras de compositores tan divergentes en cuanto a estilo como Boulez, Schoenberg y Webern, pero siempre se mantuvo obstinadamente resistente a las influencias ajenas a su propia estética. Siguió su propio lirismo con integridad, sin preocuparse por el hecho de que su música gozara o no del favor de la gente en un momento determinado. A veces, Barber fue ridiculizado por otros compositores menos que generosos, cuya música más austera no lograba obtener la amplia aceptación de la que gozaba la suya. Barber nunca se vio arrastrado por celos mezquinos. En 1971 declaró: "Yo escribo lo que siento. No soy un compositor tímido... Se dice que no tengo ningún estilo en absoluto, pero no importa. Como se suele decir, yo sigo haciendo lo mío. Creo que para esto se necesita un cierto coraje." Resulta irónico que, después de que Barber muriese, muchos compositores, incluyendo algunos de los mismos que se burlaban de su neorromanticismo, hayan vuelto a la senda del estilo romántico, similar al de Barber.

Publicado por jrtapia @ 8:00  | Conjuntos vocales
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