miércoles, 15 de abril de 2009


Una palabra está por encima de la vida y la obra de Puccini: TEATRO. Todo el mundo está de acuerdo en que Puccini nació para el teatro musical. El teatro le había hechizado, le atraía. Sostenía que lo único verdadero es lo que se siente en el escenario, incluso cuando los textos son conmovedores o trágicos, el maestro no olvida el elemento lúdico del efectismo teatral. Puccini posee un infalible instinto para la escena, muestra un entendimiento sin precedentes de la dramaturgia, sentido para el énfasis lírico y las curvas dramáticas. Cada acto se muestra programado, sin apartarse en ningún momento del tema, ni poner una palabra, un sonido o un episodio de más.

Cada una de sus partituras posee un clima específico: lo parisino en "La Bohème", lo romano en "Tosca", lo japonés en "Madama Butterfly", lo chino en "Turandot". Estamos ante un maestro de la descripción local precisa y de un miniaturismo lírico. Con gran perseverancia incluyó en su taller detallados estudios del folclore del lejano oriente en sus trabajos sobre "Madama Butterfly" y "Turandot".

"A bocca chiusa" (a boca cerrada) es un recurso coral, indicado algunas veces en la partitura, que consiste en la emisión de notas sin abrir la boca. Emotivo y sentimental, el Coro "a bocca chiusa" de la pucciniana "Madama Butterfly" evoca la serenidad tensa y expectante de la ilusión de la protagonista, Cio Cio San, transformada en resignación. Melodía de efecto maravilloso en la que se despliega la finura del lenguaje musical del compositor de Lucca.

Publicado por jrtapia @ 8:00  | La Ópera
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