Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid
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1. Heidenröslein; 2. Die Forelle; 3. An Silvia; 4. Das Wandern
Escuchar los lieder de Schubert cantados por el tenor alemán Fritz
Wunderlich es como abrir un grifo de agua clara, agua que corre y que
fulgura. Cada estrofa es igual y, a la vez, diversa. Sólo hay que
esperar a que sigan brotando hasta el final. Y si es cierto que
Schubert le ayuda no poco, esa franqueza es cosa también del propio
Wunderlich, con independencia del repertorio abordado.
Voz, pues, para ser apurada en sosegados tragos. Y sana, de
repentina y líquida claridad, pero no incolora ni inodora ni insípida.
Sabemos pronto que estamos ante un tenor que encarnó la sencillez más
pura, con estilo carente toda afectación. Eso hacía de él un cantante
no tasado por su tiempo -cantaba hace más de medio siglo- ni encerrado
en los años 60. Por el contrario, lo convertía en un tenor moderno,
casi intemporal. En alguien que (al igual que el francés Georges
Thill), no supo de fechas, y en cuyo arte transparente no hay ninguna
hojarasca que barrer.