domingo, 19 de abril de 2009
1. Heidenröslein; 2. Die Forelle; 3. An Silvia; 4. Das Wandern


Escuchar los lieder de Schubert cantados por el tenor alemán Fritz Wunderlich es como abrir un grifo de agua clara, agua que corre y que fulgura. Cada estrofa es igual y, a la vez, diversa. Sólo hay que esperar a que sigan brotando hasta el final. Y si es cierto que Schubert le ayuda no poco, esa franqueza es cosa también del propio Wunderlich, con independencia del repertorio abordado.

Voz, pues, para ser apurada en sosegados tragos. Y sana, de repentina y líquida claridad, pero no incolora ni inodora ni insípida. Sabemos pronto que estamos ante un tenor que encarnó la sencillez más pura, con estilo carente toda afectación. Eso hacía de él un cantante no tasado por su tiempo -cantaba hace más de medio siglo- ni encerrado en los años 60. Por el contrario, lo convertía en un tenor moderno, casi intemporal. En alguien que (al igual que el francés Georges Thill), no supo de fechas, y en cuyo arte transparente no hay ninguna hojarasca que barrer.

Publicado por jrtapia @ 10:41  | Música vocal
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios