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Las seis Suites para violonchelo solo de Johann Sebastian Bach
ocupan un lugar primordial dentro del repertorio para este instrumento.
Tal como lo menciona A. de Place, Bach no fue el primer compositor que
escribió para violonchelo solo pero sí se le considera el inventor de
un estilo propio que restaría importancia a la viola da gamba. Aunque no se conoce la fecha exacta en que fueron compuestas las Suites,
se estima que debió ser antes de 1720. Se cree que estaban destinadas a
dos violonchelistas de la orquesta de la corte de Cöthen: Bernard
Linigke, quien según A. de Place fue su primer intérprete, y Karl
Ferdinand Abel.
Gracias a una sofisticada escritura melódica y a un hábil manejo de los
recursos del violonchelo, Bach logra establecer la sensación de una
textura polifónica y sugerir claramente progresiones armónicas sin
necesidad de emplear un instrumento acompañante. Desde el punto de
vista estructural, las Suites corresponden a la forma de suite de danzas; en ésta se recogen danzas originarias de diversos países (allemande de Alemania, courante de Francia e Italia, sarabande o zarabanda, danza española proveniente de América, minuet de Francia y gigue de Inglaterra) y se adaptan al lenguaje instrumental. En el caso de las Suites para violonchelo, los movimientos correspondientes a las danzas siempre están precedidos por un Preludio que, en opinión de Karl Geiringer, se constituye como el movimiento más importante de la serie.