Orquesta Sinfónica de la BBC
Leonard Slatkin, director
Grieg
está considerado como un compositor nacionalista, pues su música
refleja el folclore de Noruega. Sus primeros trabajos incluyen su
“Sinfonía en do menor” y la “Sonata para piano en mi menor, Op. 7”.
También escribió tres sonatas para violín y piano, y muchas pequeñas
obras para piano solo —por este motivo a veces se le llama el Chopin
del norte— , inspiradas en danzas y canciones populares noruegas, los
fiordos y paisajes de su país y el dialecto Hadangar.
Entre sus
obras más conocidas están el "Concierto para Piano en La menor", la
"Suite Holberg" (para orquesta de cuerdas, y diez volúmenes de "Piezas
líricas" (para piano), y la música incidental para "Peer Gynt", obra
teatral de Henrik Ibsen.
En el verano boreal de 1869, mientras
Grieg se encontraba de paso en Bergen, su hija Alejandra enfermó de
meninigitis y posteriormente falleció, cuando tenía apenas trece meses.
Una vez que Edvard y su esposa Nina se pudieron sobreponer a la triste
pérdida, viajaron a Roma. En la capital del Tíber conocieron a Franz
Liszt, quien expresó su aprecio por el "Concierto para piano en La
menor". En uno de sus primeros encuentros, Liszt estaba leyendo a
primera vista el concierto cuando, como Grieg recordó más tarde:
"De
pronto se puso de pie, se estiró cuan largo era, atravesó el gran salón
del monasterio a zancadas, con paso teatral y el brazo levantado, y
literalmente vociferó el tema. Al llegar a ese Sol natural en
particular, estiró el brazo con gesto imperioso y exclamó: "¡Sol, Sol,
no Sol sostenido! ¡Espléndido! ¡Eso es lo verdadero!" y luego, muy
pianissimo y entre paréntesis: "El otro día escuché algo de este tipo
de Smetana." Volvió al piano e interpretó el final completo otra vez.
Finalmente dijo de un modo extraño y emocionado: "Siga adelante, le
digo. Usted tiene lo que se necesita y no permita que le asusten". Esta
opinión de Liszt fue un refrendo muy importante en su carrera. Así
mismo, Liszt también escribió una carta en términos elogiosos a las
autoridades musicales noruegas, lo que se tradujo en la concesión
inmediata de una beca para Edvard Grieg.
El propio Grieg dirigió
el estreno de su Concierto en Copenhague, en el otoño de 1869. El
pianista fue Edmund Neupert. Después de la entrevista con Liszt y
siguiendo sus consejos, Grieg continuaría revisando la obra, que dejó
en su versión definitiva poco antes de su muerte, acaecida en 1907.
Ésta última versión difiere notablemente de la original, publicada en
1872.
El Concierto se divide en tres movimientos:
I. Allegro molto moderato
II. Adagio
III. Allegro molto moderato
El
Concierto de Grieg es comparado con frecuencia con el de Schumann,
escrito en la misma tonalidad de la menor. En los dos primeros
movimientos de ambos conciertos encontramos un pasaje de cuerdas
introductorio para el solista, que desciende del registro alto al
medio. En ambos, el tema principal es presentado luego por los vientos
y repetido exactamente por el solista; naturalmente ambos tienen el
segundo tema en el mayor relativo, aunque Grieg no sigue a Schumann en
el hecho de dar forma a los temas primero y segundo a partir de la
misma idea básica. Quizá Grieg fue tan naturalmente melódico como para
contentarse con un solo tema principal para todo el movimiento.
Ambas
exposiciones concluyen con un animato, ambos desarrollos caen en dos
secciones principales, en la primera de las cuales los solos de vientos
de madera interpretan fragmentos del tema principal por encima de los
arpegios del piano, en tanto el solista se destaca en la segunda...; en
ambos la cadencia está seguida por una coda más veloz que el resto del
movimiento, en el de Schumann en una nueva forma del tema básico, y en
el de Grieg en un tema enteramente nuevo (que gradualmente revela su
derivación del pasaje de cuerdas de la apertura). No hay parecido entre
las ideas propiamente dichas; simplemente Grieg, en la etapa más alta
de su desarrollo como compositor de la forma sonata, todavía
experimentaba la necesidad de seguir un modelo formal.
Además de
las melodías, la escritura exquisita para el piano contribuye a la
belleza de esta música, particularmente en el movimiento lento. Grieg
conocía bien su instrumento, había estudiado las obras para teclado de
Chopin y de Schumann y solía componer sentado al piano. Así que pudo
imbuir de sensible lirismo incluso a los pasajes más ornamentados y
figurativos. Al escuchar las carrerillas y arpegios menos rimbombantes,
tenemos la sensación de que cada nota importa y que no es sólo un
gesto. Esto constituye un logro impresionante, raro entre los
conciertos para piano románticos, que le ha asegurado a este concierto
un sitio destacado y una gran popularidad.
Quizás incluso más
que en las melodías y en las figuraciones del piano, el atractivo del
concierto reside en sus armonías. Grieg tenía un maravilloso sentido de
los acordes y de las progresiones, generosamente condimentados con
disonancias. El más famoso, aunque no el más sutil, es el uso del
séptimo grado menor de la escala (Sol natural) de los compases
triunfantes del final, en La mayor. Fue este pasaje, más que ninguna
otra cosa, lo que convenció a Liszt con respecto a la importancia del
concierto.