Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid
Para visionar los vídeos de este blog se necesita MACROMEDIA FLASH PLAYER (Se puede descargar en ENLACES)
Guillermo Cabrera Infante nos recuerda que Volver es el título del más famoso tango argentino. En efecto, las contradanzas, los sones, los danzones, las habaneras y los tangos son músicas de complicado y ajetreado periplo viajero. La contradanza tiene su origen en la country-dance inglesa de donde pasa a Francia y de ahí al Caribe por vía haitiana; los esclavos negros la llevan a Cuba tras la rebelión de 1791. De la contradanza cubanizada en dos por cuatro surgieron la danza, la habanera, y el danzón con sus consecuentes más o menos híbridos. El cubano Manuel Saumell (1817-1870) reunió en su finísima obra los elementos rítmicos y melódicos característicos de estos géneros donde, según el gran Alejo Carpentier, se encuentran ya fijados, antes de haber transcurrido la primera mitad del siglo XIX, los perfiles y giros que dieron cuerpo, bajo diversos nombres y paternidades más o menos contestadas, al conjunto de patrones que alimentaría la cubanidad de un amplísimo caudal de música producido en la isla.
El Tango op. 165 no. 2 de Isaac Albéniz forma parte de la colección “Seis hojas de álbum”. Pieza escrita originalmente para piano sólo, también se ha popularizado en una adaptación pianística de Leopold Godowsky, y ha sido sometida anumerosas transcripciones entre las que se encuentra una curiosa adaptación para trío clásico de Karl Rissland, publicada en Boston en 1918. A pesar de su título, se trata de una deliciosa y seductora habanera.