viernes, 15 de mayo de 2009
Renata Scotto, soprano (Margarita)
Alfredo Kraus, tenor (Fausto)
Nicolai Ghiaurov, bajo (Mephistófeles)
NHK Symphony Orchestra, NHK Italian Italian Opera Chorus, y Miembros del Japan Chorus Union
PaulEthuin, director




La gestación de esta ópera tuvo muchos inconvenientes, porquepoco antes de su terminación se estrenó en París un melodrama sobre elmismo tema, y Gounod no tuvo más remedio que interrumpir su trabajo. Eldirector del teatro le propuso otro libreto. Gounod reanudó Faustotiempo después, terminó la ópera y la hizo representar en el ThéatreLyrique de París el 19 de marzo de 1859. El público la recibió confrialdad, la encontró «demasiado alemana». De hecho, el éxito mundialde la obra comenzó en Alemania, donde se representó muy pronto en todoslos escenarios con el título de Margarethe. Diez años más tarde, Gounodrevisó la obra con vistas a confeccionar una grande opera, reemplazólos diálogos originales por partes cantadas e introdujo en la partituraun impresionante coro de soldados y la «oración» de Valentín; la obrase convirtió en un «clásico» de la ópera francesa en todo el mundo, en España desde 1864 .

Gounod se ha alejado en su ópera del drama de Goethe, cuyo demonismo en ningúnmomento se expresa en la música. Pero es un gran melodista, tiene unaespléndida línea de canto y una técnica orquestal brillante. Muchaspartes de la ópera se han vuelto muy populares y siguen siéndolo hoypor su fácil comprensión. Es la música indicada para una grande opéra,muy efectiva, con sonidos embriagadores.

En la escena final Margarita está en el calabozo. Ha matado a su propio hijo y se hundecada vez más en la locura. Entra Fausto, conducido por Mefistófeles.Margarita lo reconoce con esfuerzo; la orquesta evoca melodías deamor. Pero cuando Fausto va a llevársela, Margarita vuelve a caer en lalocura. Mefistófeles lo apremia, está a punto de amanecer, se oyen voces.Fausto trata de explicarse por última vez ante Margarita, pero entoncesla muerte la libera de sus sufrimientos. Mefistófeles, consciente de suvictoria, exclama: «¡Condenada!», pero un coro celestial eclipsasu grito con un «¡Salvada!» de suave resplandor.

Publicado por jrtapia @ 8:00  | La Ópera
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