Itzhak Perlman, violín
Yo-Yo Ma, violonchelo
Orquesta Sinfónica de Boston
Seiji Ozawa, director
A
Dvorák le apasionaba su tierra y la rica tradición folclórica del
pueblo bohemio, lo que plasmó en sus composiciones musicales por medio
de una orquestación llena de colorido y de una temática muy popular. Los
checos dicen que Dvorák sabe reflejar hasta el olor y el sabor de su tierra.
Su
música está influenciada por los compositores clásicos, como Mozart y
Haydn, a quienes profesaba admiración. Sus principales debilidades
parece que fueron la indecisión y la inconsistencia a la hora de
resolver los problemas compositivos que se le presentaban. A su favor
hay que decir que su música destila energía y fuerza en cada nota. Sus
obras instrumentales han alcanzado mayor fama que sus óperas.
Las
dos colecciones de Danzas eslavas, respectivamente Op 46 y Op 72, se
cuentan dentro de las páginas más célebres de Dvorák, Precisamente el
primer álbum de Danzas eslavas, inicialmente escrito para piano a
cuatro manos (publicado en 1873) y adaptado al medio orquestal en 1878,
fue una de las partituras que permitió a Dvorák empezar a consolidarse
como compositor.
Estas piezas habían sido encargadas por el
prestigioso editor Simrock, a quien Brahms había recomendado el
trabajo de Dvorák -hecho muy particular puesto que el genio alemán no
sentía mayor entusiasmo por la música de la mayoría de los jóvenes
compositores-. El inmenso éxito obtenido con la primera colección hizo
que, años después, Simrock solicitara de Dvorák la composición de un
segundo álbum de Danzas eslavas.
La primera colección está
situada en el período "eslavo" de Dvorák y se limita, poco más o menos,
a danzas específicamente checas (a diferencia de la segunda colección
que incluye danzas de otros países eslavos). En estas piezas Dvorák no
cita literalmente las melodías tradicionales de su patria sino que más
bien trata de acercarse a su esencia.