lunes, 08 de junio de 2009
Pilar Lorengar, soprano
Orquesta del Tetaro de la Zarzuela (Madrid, 1985)
Luis Antonio García Navarro, director


Unos años antes de componer Otello, Giuseppe Verdi había dicho: "En ocasiones es necesario que en la ópera tanto el poeta como el compositor tengan el talento de no hacer ni poesía ni música, sino teatro."

Hacía trece años que Verdi no componía una ópera. Tras Aída, estrenada el 24 de diciembre de 1871 en la Opera del Cairo, se había llamado a silencio. Para tentarlo a salir de allí, su editor Ricordi combinó un drama de Shakespeare, el autor favorito del compositor, con el mejor libretista del momento: Arrigo Boito. Pasados ya sus setenta años y habiendo adquirido un renombre importante a través de sus óperas, Verdi necesitaba tener todas las garantías en el sentido de que el producto sobre el cual se pusiera a trabajar daría como resultado un nuevo éxito.

Y así fue precisamente como sucedió: la tríada que supuso el encuentro entre la literatura de Shakespeare, la música de Verdi y el libreto de Boito hicieron de Otello algo por lo menos muy cercano a esa “encarnación suprema del drama”, que era el objetivo perseguido por el compositor.

En este trabajo, que será su penúltima ópera, Verdi demuestra su madurez como artista. Junto con Aída, que fue el título lírico inmediatamente anterior, y Falstaff, que será estrenada seis años más tarde, los críticos consideran que Otello es una de las obras maestras del compositor, con un sentido de la continuidad narrativa que no se había visto antes en el resto de su producción.

Esto no significa, de más está decirlo, que la obra no abunde en fragmentos que cobran un protagonismo propio, ya sea que hablemos del Credo del segundo acto, del famoso dueto de amor entre Otello y Desdémona en el primer acto, o el Ave Maria que canta Desdémona en el cuarto: Emilia acompaña a la esposa de Otello. Desdémona, triste por los infundados celos de su esposo, canta una canción que recuerda de cuando su niñez. Emilia se ausenta y Desdémona, sola ya, arrodillándose en su reclinatorio reza el Ave María, pidiendo protección al cielo.


Publicado por jrtapia @ 8:00  | La Ópera
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