Gidon Kremer, violín
Orquesta Filarmónica de Viena/Leonard Bernstein, director
II. Adagio
Los
estudiosos y críticos de la música clásica consideran que existen
cuatro conciertos para violín y orquesta que pueden ser calificados
como verdaderas obras maestras: el de Beethoven, el de Mendelssohn, el
de Chaikovski y el que Johannes Brahms (1833-1897) creara durante el
verano de 1878 en su retiro a las orillas del lago Wörth (fue en este
mismo periodo cuando compuso su Segunda Sinfonía).
Para la
composición del Concierto para violín y orquesta Opus 77, Brahms contó
con la ayuda de Joseph Joachim (1831-1907), quien además de ser un
entrañable amigo del compositor alemán, fue el violinista más notable y
reconocido de su época; Joachim nació en Bratislava, provenía de una
familia judía y estudió en el Conservatorio Leipzig, que en esos
tiempos era dirigido por Félix Mendelssohn.
Con apenas trece
años de edad, Joachim viajó a Inglaterra donde realizó una serie de
presentaciones que lo convirtieron en el violinista favorito del
público británico; a los diecinueve años este joven genio se convirtió
en violín concertino de la ciudad de Weimar, donde fue dirigido por
otro grande de la música: Franz Lizt.
Durante el tiempo que
Brahms trabajó en el Concierto para violín y orquesta Opus 77, Joachim
no se apartó de él, asesorándolo principalmente en los pasajes
técnicamente más complejos. El día de Año Nuevo de 1879, en la ciudad
de Leipzig, se estrenó la obra teniendo como solista al mismo Joseph
Joachim, y dirigiendo la Orquesta de la Gewandhaus estuvo Johannes
Brahms; La amistad de estos dos genios había dado su fruto, dejando al
mundo como legado una de las piezas más hermosas de la música universal.